Amores Freudianos: Un Narcisismo No Elegido

1/9/20
ESCRITO POR: Lucía Feito Allonca de Amato

 

 

Ya saben que como hobby estudio Psicología. Me pareció interesante encontrar en el curso de mis lecturas la opinion de Sigmund Freud que sostiene que el enfermo no puede amar. Por un simple motivo, pone toda su líbido (energía) a favor de su Yo, en pos de su recuperación. Sería muy fácil imaginar esta situación, por ejemplo, todos cuando nos hemos sentido enfermos y mal no hemos tenido ganas de abrazar o de dar besos, sólo de dormir, descansar, sentirnos mejor. Es absolutamente comprensible.

Pero a partir de esta afirmación me dio por pensar en las personas que padecemos diabetes (por favor que nadie critique el término “padecemos” porque si alguien la “disfruta” dudaría de su sanidad mental). En fin.

¿Estamos enfermos? ¿Somos enfermos?

Cuanta discusión en torno a esta terminología. Recuerda, y mucho al viejo debate sobre si se debe llamar o no diabético a las personas con diabetes. Yo pienso que somos enfermos, porque nuestro estado de “enfermedad” es permanente, lo que no lo hace una “condición”, pues eso sería algo accidental tipo tener ojos azules o marrones, pero nuestra “condición” es la de luchar contra hipoglucemias e hiperglucemias cada hora de nuestra vida mientras nos administramos insulina y medimos la glucosa constantemente. El estado de enfermedad es constante excepto cuando estamos intensivamente tratados, y aún así, hemos de seguir vigilando cada segundo ¿no es cierto?

Incluso negar que es una enfermedad me parece un poco triste, y como alguna vez señalé, me parece un intento de que lo que nos ha tocado de algún modo “desaparezca” o no sea una carga tan pesada en lo cotidiano o en lo psicológico. Estas actitudes son harto comprensibles. Hacerse cargo y aceptar la enfermedad no solo va a mejorar la calidad de vida de la persona sino también su salud y perspectiva de vida para siempre. Así como el estado de ánimo.

No es lo que se dice sino cómo se dice

Muchos no van a entender por qué te molesta que te digan diabético si eres diabético. Mientras ello no sea dicho como insulto o con mal tono, no deja de ser otra de nuestras características ¿verdad? No es lo que se dice sino cómo se dice… y somos más que una condición crónica de salud, valga el eufemismo.

Volviendo a nuestro querido Sigmund Freud ¿qué opinan? A mí, personalmente, aquél fragmento de su texto “Introducción al Narcisismo” me pareció acertado. Amar implica dar, poner la energía en Otro, y ello es más difícil en el caso de que nuestra energía esté ocupada en sobrevivir, o en remediar un estado de enfermedad o de sentirse mal.
Muchos podrán besar a su pareja como primera actividad de la mañana. Nosotros, si nos sentimos bien, aún estando en rango, tenemos que hacernos una prueba de glucosa sanguínea y aplicarnos insulina. Y eso sólo al despertar, en caso de no haberlo hecho dos veces durante la noche.

Y si nos desentendemos de la diabetes por hartazgo, también va a cobrar su peaje, no en complicaciones sistémicas a nivel vascular únicamente, sino en inmediatas complicaciones agudas como hiperglucemias, hipoglucemias, cetoacidosis, agotamiento, malestar general, irritabilidad ¿sigo?

Sí, querido Freud. Estoy de acuerdo en que la diabetes nos hace un poco más dura la más bella de las actividades y actitudes del mundo, Amar. Y nuestros amores tienen que saberlo. Su comprensión de la gravedad y la transcendencia, de la diabetes, a la par que la irrelevancia de esta en el cariño y a la hora del trato humano (como en Psicoanálisis he encontrado muchos opuestos que se integran en el curso del tratamiento que dura toda la vida)… opuestos aparentemente opuestos pero que acaban siendo parte de lo mismo…

Ejemplos.

– Ah eres diabética. Bien, entonces usas stevia y edulcorante. Y no tomas azúcar. Luego tienes una hipoglucemia ¿qué haces comiendo azúcar?

No poder y tener que comer azúcar. Qué contradicción para el lego ¿no creen?

– Ah eres diabética. Bien, pero puedes trabajar y ser como nosotros, quieres estudiar y trabajar en igualdad de condiciones. Ah pero ¿por qué tienes que acudir tanto al doctor? ¿Por qué chequeas constantemente la pantalla de la bomba de insulina? En este trabajo no hay tiempo que perder.

Y sólo he dado un par.

En conclusión, tengo que estar un poco de acuerdo con el querido Freud. Mucha energía queda en el Yo para la superación de la enfermedad. Para sobrevivir, y para bien estar. Y aunque ello no nos hace ni un ápice de peores amantes, es importante que siempre nuestros afectos nos tengan una dosis extra de paciencia. Porque, nos guste o no, necesitamos una dosis extra de cuidado.

 

 

 

Lucía Feito Allonca de Amato

Lucy es abogada y profesora de Inglés, con doble nacionalidad argentina y española. Ella tiene 35 años y ha vivido con diabetes Tipo 1 desde los 10 años. Le encanta viajar, conocer nuevos lugares y en la rutina diaria mis alumnos siempre me sacan una sonrisa. Puedes leer más sobre Lucy en su blog Azúcar Fairy https://azucarfairy.blogspot.mx/