CAMINATA EN EL RINCÓN DE LA VIEJA – NIVELES ALTOS Y BAJOS, Y LECCIONES APRENDIDAS

6/22/16
ESCRITO POR: ZACH TOTH

A veces tengo que sacarle el mayor provecho a una situación cuando mis niveles de azúcar en sangre no cooperan. La batalla que a menudo enfrento con los niveles altos por la mañana, algo que también se conoce como “el fenómeno del alba” puede hacer que me sienta mal en la mañana y puede crear complicaciones con el manejo de la glucosa en sangre a lo largo del día. Así fue exactamente como comenzó mi día en nuestra aventura improvisada hacia las montañas del Rincón de la Vieja.

El oleaje bajó por un tiempo durante nuestra última semana en Costa Rica, así que decidimos explorar el interior del país un par de días. Emocionados ante la perspectiva de experimentar algo nuevo, nos subimos al auto y nos dirigimos al norte, con el propósito de subir las pendientes volcánicas del parque nacional Rincón de la Vieja.

Me desperté esa mañana sintiéndome mareado; mi nivel de azúcar en sangre estaba en 187 mg/dL (10 mmol/L). Estaba un poco alto, pero no estaba tan mal en comparación con algunas de mis lecturas matutinas. Me tomé un par de tazas de café, opté por un desayuno libre de carbohidratos y con un alto contenido de proteínas y me subí al auto, emocionado por vivir una aventura en la jungla. Cuando llevábamos media hora de viaje me empecé a sentir extraño y me puse inquieto y malhumorado. Revisé mi nivel de azúcar y se había disparado a 278 mg/dL (16 mmol/L). Debido a que me esperaba una caminata de más de cuatro horas, tenía miedo de administrarme la dosis en bolo, ya que esto me podría ocasionar una baja en el camino. Así que me resistí y lidié con los síntomas. El hecho de que hubiera cinco personas en un auto pequeño que avanzaba por disparejos caminos de tierra solo empeoró las cosas. Desde que me diagnosticaron, he tenido problemas con los mareos en el auto. ¿Alguien más ha experimentado lo mismo?

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Sintiéndome más que aliviado cuando llegamos a la montaña, me bajé del auto en cuanto pude y respiré profundo el aire fresco de la montaña. Sentí el aroma dulce de las flores combinado peculiarmente con excremento de vaca y caballo. Aunque puede parecer extraño, era un delicioso olor del interior natural de Costa Rica. El Hotel Guachipelin es un rancho de trabajo. Los caballos y el ganado se mezclan con los turistas mientras los encargados del rancho y los caballeros los arrean justo ahí en el terreno del hotel.

Pronto dejé de sentir lástima por mí mismo al verme abrumado por la belleza natural del Rincón de la Vieja. Picos cubiertos de nubes se elevaban sobre nosotros mientras caminábamos por el rancho y serpenteábamos en medio de una frondosa vegetación y de flores vibrantes. Enero es la temporada seca en Costa Rica, así que estábamos felices de vernos rodeados de vegetación, ya que las áreas costeras estaban muy secas y cubiertas de polvo. El aire más fresco de la montaña fue realmente un alivio frente al intenso calor de la costa. Di un respiro profundo y gratificante, e inhalé toda la energía que pude de este maravilloso lugar; ya estaba listo para empezar la caminata.

A pesar de la temperatura ligeramente baja, seguía haciendo calor y yo seguía preocupado por experimentar niveles bajos en el camino. Revisé mi nivel de azúcar: 190 mg/dL (11 mmol/L); no estaba mal. Me comí un par de tortillas por los carbohidratos. Ahora que tenía comida en el estómago y ante el llamado de la naturaleza, ya nada podría detenerme.

Subimos la pendiente volcánica a través de una elevada y densa jungla. Los árboles antiguos con ramas retorcidas nos bloqueaban la vista mientras tropezábamos por el camino lleno de rocas y raíces. Digo “tropezábamos” porque en realidad estaba poco preparado para esta aventura; llevaba puestos unos débiles zapatos planos con poca tracción (empaqué para un viaje de surf). Sin embargo, mi calzado no impidió que liberara al mono que llevo dentro.

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Aparte de los zapatos, también me faltó preparación en cuanto a planificar las comidas. Todo lo que llevaba para el camino eran unos pastelillos y unas cuantas barras de granola. Después de dos horas de caminar, un almuerzo apropiado era lo más alejado de mi mente a medida que descendíamos a una de las cataratas más magníficas que he visto en la vida. Con un golpe de suerte, todos iban de salida cuando llegamos. Nadamos en el agua refrescante y escalamos detrás de las cataratas, sintiéndonos como si estuviéramos en un sueño. La energía de ese lugar me consumió, mi tiempo ahí parecía ser eterno a medida que me sumergía en la majestad pura de una obra de la naturaleza tan maravillosa.

 

Otra revisión me ubicó en 211 mg/dL (12 mmol/L). Me comí un par de barras de granola y (de manera insensata) me administré una dosis en bolo de dos unidades antes de dirigirnos a las aguas termales para relajar nuestros músculos. Para cuando llegamos a las aguas termales me sentía terrible. Mi día pasó de un nivel bajo a uno extremadamente alto y a un nivel bajo de nuevo. Y por nivel bajo me refiero a alcohol y azúcar en sangre. El recorrido de dos horas hacia las aguas termales me llevó a 65 mg/dL (4 mmol/L) y la falta de un almuerzo sólido en mi estómago parecía ser una fosa sin fin. El colmo era que el hotel no servía cena sino hasta las 6 p. m. ¡y apenas eran las 4! Me tomé una soda de naranja para subir mi glucosa en la sangre e hice mi mejor esfuerzo por disfrutar de las aguas termales volcánicas, que le hicieron mucho bien a mis pies hinchados. Finalmente llegaron las 6 p. m. y probé varias cosas del buffet del hotel, con lo que le puse fin a la montaña rusa de la diabetes para ese día.

 

A la diabetes no le interesan tus planes de viajes. Somos nosotros quienes tenemos que hacer los planes debidos y mantenernos diligentes en manejar nuestros niveles de glucosa. Pero incluso con la planificación más extensa pueden surgir complicaciones, lo que puede llegar a opacar una aventura. Aprendí unas cuantas lecciones sobre mí mismo y sobre llevar el peso de la diabetes en esta excursión en Costa Rica.

 

  • Quienes viven con diabetes tipo 1 no pueden darse el lujo de ser espontáneos. Siempre tenemos que planificar y estar listozach_toth_hiking_5s para manejar nuestros niveles de azúcar en una variedad de situaciones. Yo permití que mi emoción y ansiedad por esta excursión espontánea me distrajera de planificar como era debido, algo que nunca dejaré que suceda de nuevo.
  • Aprendí a ser paciente con mis compañeros de viaje y con las personas que me rodean cuando un nivel alto o bajo hace que me sienta molesto e irritado. Es muy difícil que alguien que no tiene diabetes entienda los cambios de humor que son ocasionados por las fluctuaciones de la glucosa. Su páncreas sí les funciona, así que es difícil que sientan empatía.
  • Aprendí a corregir los niveles altos mientras se presentan en lugar de dejarlos así para prepararme para una actividad física y en su lugar ingerir carbohidratos justo antes.
  • ¡Solo respira! Lo que realmente me ayudó en el auto y una vez llegamos a la montaña fue dar respiraciones prolongadas, profundas y lentas. Pude llenar de aire cada centímetro de mi ser y recordarme que soy fuerte y estoy en control de mi vida (esta es una lección poderosa que aprendí del yoga).
  • La lección más importante que aprendí es que debo empacar un buen almuerzo. Esta aventura me enseñó que lo cierto es que no puedo funcionar sin al menos tres comidas sólidas en un día. Nunca más iré a algún lugar sin saber cómo o dónde conseguiré mi próxima comida.

 

Así como el sendero nos llevó hacia abajo, hacia arriba y de nuevo hacia abajo, lo mismo ocurrió con mi azúcar en sangre y con mi estado de ánimo. Hacer una excursión por el Rincón de la Vieja fue una aventura increíble y una excelente experiencia de aprendizaje.

 

ZACH TOTH

Zach Toth es un surfista con un espíritu viajero que está decidido a recorrer el mundo y a buscar olas a pesar de tener diabetes tipo 1. Fue diagnosticado en 2013 a los 22 años, pero no se ha permitido bajar el ritmo a causa de la enfermedad.