CUANDO DEJÉ DE MEDIR MI AZÚCAR EN LA SANGRE

12/20/17
ESCRITO POR: ERIN GOLD

Vivo con dos enfermedades crónicas, una es la diabetes tipo 1, la otra es un trastorno convulsivo psicógeno, y dado que las convulsiones se volvieron graves en 2016, comencé a preocuparme cada vez menos por mi diabetes.

Durante un tiempo bajé de nueve mediciones al día, a cinco; con el tiempo bajé aún más de cinco pruebas al día, a tres; con el tiempo, solo estaba midiéndome cuando me despertaba, cuando me iba a la cama, adivinaba las dosis de insulina, y calculaba las lecturas de azúcar en la sangre de acuerdo a cómo me sentía. Mi HbA1c subía más en cada cita, pero lo suficientemente lento como para no ser sospechoso.

Al final, mi cuerpo se acostumbró tanto a la lectura alta que me sentía normal: mi 20 mmol/L (540 mg/dL) se sentía como si estuviera dentro del rango aceptable, y estúpidamente estaba perfectamente de acuerdo con eso.

Hace dos semanas, tuve una convulsión (psicógena, no hipoglucémica) tan grave que me llevaron al hospital con la cara cubierta de hematomas, sangrado en la cabeza y con una conmoción cerebral grave después de golpearme en las baldosas del baño.

Cuando me dieron de alta, perdí completamente el control o el cuidado de mí misma. Guardé mi medidor y la insulina, y caminé durante tres días como una zombi. Sin embargo, cuando desperté vomitando en mi tercer día sin insulina, entendí lo que me estaba haciendo a mí misma.

Una lectura de azúcar en la sangre en HI (alta) y una lectura de cetona de 5.6 me impulsó a llamar a mi mamá (que no sabía lo que había estado haciendo los últimos tres días), que llamó a mi equipo de atención de diabetes y me admitieron en el hospital.

Cuando llegué, me hicieron mediciones de sangre: mi nivel de azúcar en la sangre era de 67 mmol/L (1207 mg/dL), más alto de lo que nadie haya admitido estando consciente, y en los 45 minutos desde mi última lectura mis cetonas habían subido a 6.4.

En el par de días que estuve en el hospital, me di cuenta de que necesitaba hacer un cambio. Desde entonces, han pasado dos semanas desde que me dieron de alta, y he estado midiéndome con la mayor frecuencia posible, aunque todavía tengo que tomar una decisión consciente para realizar las mediciones, espero que se convierta en un hábito una vez más, como lo fue por los primeros siete años.

En las últimas dos semanas no he tenido una lectura superior a 19 mmol/L (342 mg/dL), después de una noche de tragos, pero además de eso, nada más alto que 15 mmol/L (270 mg/dL); todavía no me he olvidado de ninguna dosis de insulina a propósito, y he estado grabando todo casi religiosamente en la aplicación mySugr.

Solo puede mejorar a partir de aquí.

Lea: Tenía miedo de ir a dormir y no despertar por Erin Gold.

 

ERIN GOLD

Erin vive en Brisbane, Australia, con tres amigos de la Universidad. Ella fue diagnosticada con diabetes tipo 1 hace ocho años, cuando tenía 11 años. Es la capitana de su equipo de Netball, educadora de cuidado infantil, mesera, colaboradora de un blog y está trabajando en una librería mientras cursa el segundo año en la Universidad de Queensland. Cuando no está en la Universidad (o en competiciones de Netball, o escribiendo, o trabajando en una librería, restaurante o centro de cuidado infantil...), está haciendo un esfuerzo consciente para superar el agotamiento por la diabetes (y la depresión y la ansiedad) cuidando de sí misma, con mediciones, boluses, conteo de carbohidratos, chequeos en el hospital, o lo que sea que requiera la diabetes.