DANDO CLASES EN SUDÁFRICA — UNA CARTA ANTES DE QUE TE VAYAS.

8/25/16
ESCRITO POR: Samantha Altman

samantha_altman_2Mi nombre es Samantha Altman y he estado viviendo con diabetes tipo 1 durante 15 años (fui diagnosticada el 15 de de diciembre del 2000) y he tenido la enfermedad celíaca durante los últimos 14 años.

Tengo 23 años y soy una estudiante de tiempo completo de Educación Especial en la Universidad de Nueva Jersey y estoy por comenzar el viaje de mi vida: voy a realizar una pasantía dando clases en el extranjero, en Johannesburgo, Sudáfrica, durante dos meses.

El proceso no ha sido fácil: he tenido discusiones detalladas con mis padres, mis amigos y mi equipo de apoyo. He afrontado a los profesores que cuestionan mi habilidad para viajar y dar clases viviendo con diabetes tipo 1.

Me he reunido con personal en la universidad que ha sugerido que no soy capaz de viajar con una enfermedad crónica. Pero más allá de cualquier otra cosas, en un día al cual yo llamo “dia-cansancio” o día del cansancio por DM1, me he convencido a mi misma que debo mantenerme firme.

Este es el ensayo que presenté para mi elección al programa de enseñanza global para estudiantes. Tengo la esperanza de poder compartir esta experiencia, el antes, el durante y el después, con la comunidad de personas con diabetes tipo 1.

Gracias,

Samantha Altman


Querida Samantha de ocho años,

Yo sé que estás aterrada. Desde que fuiste diagnosticada con diabetes tipo 1 has estado asustada, evadiendo agujas y doctores y confundiendo los gemidos de tu madre con el aullido del perro del vecino. Antes de tu primera visita al hospital, tu mayor temor era tu aterrador maestro de educación física porque si tus zapatos se desamarraban cuando corrías las vueltas en la pista te castigaban en la escuela. Ahora el maestro no parece tan aterrador en la gran conspiración de lo que la vida te ha lanzado.

¿Por qué te estoy escribiendo? ¿Por qué ahora? Ya tengo 22 años y estoy a punto de graduarme de mi carrera de pregrado en la universidad. Cuando era pequeña, cada verano mis orientadores en el campamento me decían que yo sería una buena maestra. Los escuché. El próximo año comienzo a estudiar mi Maestría en Educación Especial. Esto significa que voy a darle clases a niños, que por muchas razones, luchan con algunos aspectos en sus vidas.  Son niños que están enfermos, que piensan diferente, que no tienen padres y que tienen terribles problemas familiares. En síntesis, son niños que necesitan de un adulto afectuoso que los cuide.

Estoy segura de que tienes bastantes preguntas ahora. Sí, tendrás novios, te vas a enamorar y te van a romper el corazón. Vas a estar en el cuadro de honor de la escuela y en la lista de honores de la universidad y también vas a experimentar algunos fracasos. Vas a perder amigos y a seres queridos. Y algunas veces te sorprenderás tú misma. ¿Recuerdas esa bomba de insulina que el solo recordarla te da nauseas?, te vas a acostumbrar a ella. ¿Viajar sin mamá y papá?, te vas a sorprender de lo fácil que es. ¿Vivir sin aire acondicionado?, este, bueno, aunque no es ideal, definitivamente se puede hacer.

Y es por esto, pequeña niña, la razón por la cual te escribo ahora. Mucha gente te dirá que porque tienes una discapacidad no puedes hacer ciertas cosas. Te van a decir que tienes que tener sueños más pequeños mientras te esfuerzas más. Vas a conocer a un maestro suplente que te va a enseñar el significado de enfermedad nombrándote como el ejemplo clásico. A la edad de 16 años cuando vueles sin tu mamá y tu papá por primera vez, va a haber un agente del TSA (Administración de Seguridad del Transporte, por sus siglas en inglés) que te dirá que es tonto tener una bomba de insulina puesta cuando viajas. Vas a conocer a un jefe que cree que las discapacidades intelectuales invalidan las enfermedades crónicas y todo tipo de otras enfermedades. Van a haber muchas lágrimas y muchas decepciones, pero nunca te  des por vencida.

Yo, tu futura niña adulta, te quiero dar las gracias. Gracias por soportar la primera jeringa llena de insulina que te han llevado a 25,000 más para que pueda vivir y respirar y caminar con seguridad hoy. Gracias por ser valiente cuando no sabías lo que significaba la palabra. Gracias por escuchar a los doctores y las enfermeras y a mamá y a papá hasta cuando lo que decían dolía tanto como una aguja. Ahora ya puedo tomar mis propias decisiones sin preocupaciones porque confiaste en que los adultos tenía la razón. Gracias por ser tan transparente, por compartir tus síntomas, el dolor y tus temores. Ahora mis amigos saben el nivel de azúcar en mi sangre antes que yo. Gracias por enseñarme acerca de mí porque es algo que muchas personas nunca tienen la oportunidad de aprender. Gracias por siempre ser parte de mi.

Yo quiero ayudar a jóvenes que están desanimados por lo que la vida les ha dado.  Yo quiero enseñarle a estudiantes en el extranjero, del otro lado del océano y lejos de amigos y familia. ¿Por qué?  Pienso que es tiempo que demuestre que puedo soñar tan duro y tan grande como los demás. La realidad es que esta meta que tengo no tiene nada que ver con las personas que pensaron menos de mi debido a la diabetes. Esta meta es por mi, por ti y por nosotras. Este es nuestro momento para demostrarle al mundo que una discapacidad es sólo una capacidad con un “dis” enfrente.

Espero poder demostrarlo. Tú, a los 8 años, mereces saber que la vida con diabetes tipo 1 sólo tiene las limitaciones que tú te pongas.

Nuestra vida no tiene límites.

Tú, cuando ya eres mayor

Samantha Altman

Samantha o Sam (su nombre completo sólo se usa cuando está en problemas) es una futura educadora con mucha pasión y con un gran entusiasmo por aprender, viajar y salir de su zona de confort. Antes de ser diagnosticada en diciembre de 2000, tenía el sueño de manejar su propio camión de helados pero la diabetes tipo 1 cambió sus planes. En la actualidad es una estudiante de posgrado en educación especial en la Universidad de Nueva Jersey. Está estudiando su maestría para ser una maestra de arte con especialización en discapacidades severas y desórdenes emocionales. Su sueño es entretejer sus experiencias con la diabetes tipo 1 junto con la docencia, con la esperanza de demostrar que las discapacidades como la diabetes tipo 1 crean habilidades extraordinarias que algunos no tienen la oportunidad de vivir.