De Viaje con Diabetes y Tecnología

5/21/18
ESCRITO POR: ANA BORTHWICK

Tengo la suerte de poder viajar y cada viaje, en más o en menos, es una aventura distinta.

Viajar es maravilloso. Es una experiencia que nos enriquece en muchos sentidos y nos ofrece la oportunidad de aprender cosas de culturas similares o muy distintas a la nuestra, conocer gente nueva, paisajes maravillosos, climas muy distintos al del lugar donde vivimos habitualmente y de probar comidas novedosas.

Pero viajar con diabetes muchas veces puede asustar un poco. Nos asusta a nosotros y también asusta a nuestros familiares: ¿Y si pasa algo? ¿Y si pierdo o me roban la insulina? ¿Y si no consigo comida adecuada? Y muchos más “Y si…”

Al principio tal vez me costó un poco, pero a medida que fue pasando el tiempo y fuimos ensayando distintas opciones, recuperé el gusto por los viajes. El equipaje se ha modificado significativamente y ahora es muy difícil trasladarse con poco más que la ropa que se lleva puesta: insulina y tiras reactivas, insumos para la bomba, pilas y baterías de repuesto, agujas, lancetas, insulina lenta por si falla la bomba, barritas de cereales y pastillas de glucosa para una posible hipoglucemia, etc. etc. Entre la diabetes y los electrónicos, en el bolso de mano con suerte entra un cepillo de dientes de viaje…

En esta oportunidad fueron unos días en la maravillosa Colombia, en tres lugares diametralmente opuestos: Bogotá con su tránsito y bullicio de ciudad capital y clima templado a fresco, una hacienda cacaotera en Caldas en contacto con la naturaleza y con un calor realmente sofocante y húmedo, y un par de días en la costa del Caribe “haciéndole la pata” a las compañeras de viaje que disfrutan la playa mucho más de lo que yo alguna vez lo he hecho.

Este viaje no fue muy distinto a los otros, excepto por la temperatura en la hacienda La Tentación. En general trato de evitar viajes en época de verano ya que nunca la he pasado muy bien con las altas temperaturas, mis glucemias suelen ser totalmente impredecibles, y con lo que transpiro las porciones de la bomba de infusión y el monitor continuo de glucosa que llevo adheridas al cuerpo tienden a aflojarse, responder erráticamente y en más de una ocasión directamente se despegan… y de hecho en esta oportunidad perdí el sensor un día antes de tiempo a pesar de haberle pegado ya varias capas de adhesivo adicional en un fútil intento de que cumpliera el tiempo de vida útil asignado de 6 días completos.

La comida también puede plantear desafíos en lugares nuevos donde no es inusual tener que “adivinar” la cantidad de carbohidratos en determinados platos y después verificar si calculamos correctamente o no para la próxima vez. Siempre podemos elegir no comer determinadas cosas, pero cuando lo único disponible es lo que nos sirven y no hay otras opciones, y además tenemos hambre porque estamos muy activos o nuestros valores de glucemia requieren que ingiramos alimentos, hay que poner en marcha planes de contingencia. Las barritas o “provisiones de emergencia” que llevamos con nosotros para una hipoglucemia pueden ayudar, aunque generalmente las cantidades pueden no ser suficientes o nos saturamos y hartamos de comerlas. Por suerte existen las redes sociales y para no tener que adivinar tanto, pueden ser de gran ayuda. Después del primer error con el cálculo de carbos del desayuno (típico y que tenía intención de disfrutar algunas veces más), subí una foto a un par de grupos porque seguro que alguien más ya había resuelto el problema del conteo. La respuesta no se hizo esperar: me sirvió para el resto del viaje y me di el gusto de comer una arepa (chica) todos los días…

Claro, esto se puede hacer siempre y cuando tengamos una conexión a internet que funcione medianamente bien…

La mitad del tiempo mi teléfono no tenía señal ni cobertura de ningún tipo… y en la hacienda la conexión a internet funcionaba caprichosamente y sin seguir pautas lógicas (por lo menos que yo pudiera entender), aún desde la misma silla en la galería disfrutando la vista y un poco de aire fresco. Si el manejo y control de mi diabetes hubiera dependido de la posibilidad de conectarme a la nube o que otros tuvieran acceso a mis datos en caso de hipoglucemia o hiperglucemia descontrolada, habría estado frita… decidí no indagar mucho en la estructura sanitaria de la población más cercana (una hora por caminos rurales bastante toscos) y confiar en mi propia capacidad y la experiencia de mis hijos para manejar posibles hipoglucemias que se pudieran presentar. La realidad es que las probabilidades de que necesitara asistencia médica por mi diabetes eran menores que las probabilidades de que me mordiera una víbora… ¡y esas eran bastante bajas! Todos saben que en mi cartera o mochila siempre hay barritas y pastillas de glucosa, que el glucagón está en el estuche con los insumos de la bomba, y en la casa había bebidas dulces… Cómo será que aproveché para probar agua de panela helada una tarde que estaba “un poco baja”: ¡deliciosa!

Como contrapartida, el uso de la bomba de infusión con MCG (monitoreo continuo de glucosa) permite también hacer pequeñas excursiones sin cargar con el glucómetro y la insulina (y su estuche refrigerante cuando la temperatura es extrema)… y simplemente alcanza con tener un puñado de pastillas de glucosa o una barrita de cereales en el bolsillo para poder alejarnos de la casa algunas horas, siempre teniendo cuidado que exista la posibilidad de regresar en un plazo prudente en caso de plantearse algún inconveniente (bloqueo en la infusión, que se despegue el sensor, que el set de infusión se enganche en algo y sea arrancado, etc.). La realidad es que podemos estar sin infusión de insulina una o dos horas sin mayores inconvenientes y que de regreso a la “civilización” simplemente tendremos que medirnos y hacer los ajustes necesarios para recuperar la normalidad en caso de que nuestros valores no sean los ideales.

No tengo más que palabras de agradecimiento para todos los que de un modo u otro participaron en este viaje e hicieron posible disfrutar de un pedacito de paraíso en la tierra: naturaleza exuberante, espejos de agua y cascadas, sol y sombra, contrastes de colores y gente maravillosa.


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ANA BORTHWICK

Ana es traductora y vive en Buenos Aires con su familia y su fiel compañera, doña Diabetes. Siempre inquieta, suma a su actividad profesional en forma independiente un blog y presencia en las redes sociales buscando difundir información sobre la diabetes que permita a más personas lograr un mejor control. Más sobre Ana y la vida con diabetes en Yo Diabetes