Esta travesura de la vida llamada diabetes.


 

Muchas veces quiero contar todas las cosas que me han pasado durante esta travesura llamada diabetes. Ya hace 26 años que mi vida dio un giro de 180 grados sin previo aviso. 

Con tan solo 9 años de vida mi cuerpo y mi organismo comenzaron a cambiar sin explicación alguna. Quizá te sientas identificado, yo no entendía nada de nada. Un día mis padres decidieron llevarme al pediatra porque las cosas no estaban nada bien. En ese entonces yo comía y orinaba mucho, lo cual no me dejaba dormir por la noche. Me sentía todo el tiempo cansada y perdí peso drásticamente. Hoy se que esos eran síntomas inequívocos de diabetes Tipo 1. 

Lo que recuerdo de esos tiempos es que se me sugirió realizar unas pruebas clínicas y ese mismo día mi mamá salió corriendo hacia la clínica para hablar con la doctora. Al día siguiente me llevaban con ropa. Yo no sabía por qué ni a dónde nos dirigíamos. Lo que sí recuerdo porque me quedó grabado en la memoria que toda mi familia me saludaba y a la vez lloraban pero, yo tan inocente sin saber el motivo siempre saludaba de vuelta muy sonriente. 

Un episodio de nombre debut.

Al llegar a destino a unos cuantos kilómetros de donde vivo, comenzaron los controles médicos de acá para allá, jamás me olvidaré de la primera consulta médica y tampoco de la segunda, cuando los médicos debatían qué iban hacer conmigo. 

Cuando decidieron internarme no fue posible porque no había camas en la clínica ni el hospital, ya que la fecha era en pleno invierno cuando el sistema siempre está colapsado. 

A partir de ese momento es cuando comienza la travesura de tener que aprender sola todo esto llamado diabetes. Al principio me sentía muy sola y no comprendía qué era lo que estaba pasando. Todas las indicaciones las escuchaban y recibían mis padres. A mi jamás me explicaron qué pasaba. Recuerdo que el médico dijo que necesitaba inyecciones para estar bien y que por el momento no había una cura. Ya han pasado 26 años desde mi debut. 

La guardia y mis inyecciones

Ese mismo día, al llegar a mi casa ya con un tratamiento, no sabíamos qué hacer. Nadie se animaba a inyectarme y yo tampoco quería hacerlo. Nadie nos enseñó así que estábamos completamente solos en esa lucha. Además seguía una dieta tan estricta que daba miedo. Ese mismo día a la noche me llevaron a la guardia del hospital para que me colocaran la primera dosis de insulina y así poder cenar, al otro día mis padres ya habían contratado a una enfermera para que fuera a mi casa y me aplicara la insulina. Todo esto transcurrió un buen tiempo hasta que mis padres aprendieran y se animaran a la aplicación al igual que mi hermana que también fue parte de todo esto. Ellos siempre están ahí. 

De vuelta a la escuela

Luego llegó el día en que debía volver a la escuela, ese día fue de terror, mucho miedo, angustia, que me vieran diferente, que me trataran diferente, eso me preocupaba mucho. Pero jamás pensé que mis amigos me iban a lastimar de la forma que lo hicieron. Mi mejor amiga me dijo que iba a morir. Seguramente ella entendía menos de lo que yo comprendía pero eso bastó para pedir a mi mamá que no me mandara más a la escuela. 

Mi mamá decidió ir a la escuela y contar lo que me habían hecho y se tomaron cartas en el asunto. Esas cosas no se olvidan nunca, se quedan grabadas en la memoria. 

Encontrar apoyo en mis amigos

Hasta que fui creciendo y fui conociendo a personas buenas que me ayudaron a darme cuenta que estaba haciendo mal, al no hablar sobre mi condición, siendo que si me pasaba algo eran los que me iban a ayudar en esos momentos difíciles. Jamás olvidaré a mi amiga que conocí en la facultad y quien después de 13 años me ayudó a encontrar la valentía para inyectarme yo sola la insulina. A partir de ahí todo cambió.

Perseguir y alcanzar mis sueños

Gracias a las experiencias duras a las que me enfrenté aprendí a tomar decisiones y no retrasarlas.  No debemos dejar nunca que nos lastimen, no somos diferentes a los demás por tener una condición como la diabetes.  Solo llevamos una vida saludable que por ende todo el mundo debería de llevar, nuestra única diferencia es que necesitamos inyectarnos la insulina que nuestro cuerpo no produce, eso es lo único que nos diferencia de ellos, nada más. No permitan que les hagan pensar lo contrario nunca más. Yo me di cuenta tarde de eso, por eso siempre me pasaron por arriba, pero hoy digo nunca más. 

Y debemos dar gracias a que tenemos tratamiento y que gracias a la insulina estamos vivos.  La diabetes siempre está con nosotros en todo momento, jamás nos abandona. 

Por último, no dejen de soñar, no dejen de trabajar por sus sueños, esto no les impide de cumplir  todo aquellos que se propongan en la vida, luchen por todo aquello que anhelan. 

ESCRITO POR Yemina Medrano, PUBLICADO 07/15/21, UPDATED 07/15/21

Mí nombre es Yemina Medrano. Soy de Argentina de la provincial de Entre Ríos. Soy casi Lic. En Kinesiología y Fisiatría. Y amo la gimnasia aeróbica, en la cual fui competidora algunos años.