LA TRAVESÍA DE MASON

8/2/16
ESCRITO POR: Miriam Goodger

El 26 de septiembre del 2014 nuestras vidas cambiaron para siempre. Mason estaba inquieto esa noche. Él estaba inusualmente molesto, y nos dimos cuenta de que algo no estaba bien esa mañana. la cual se convertiría en una pesadilla para el final del día. Mientras se tomaba su biberón temprano a las 6 a. m., se quedó mirando de modo inexpresivo por encima del hombro de mi esposo, Mike. Mike paró a Mason en el mostrador para ver lo que estaba pasando y en ese mismo momento Mason se derrumbó y quedó inconsciente.

Llamamos al 911, y en cuestión de unos minutos nuestra casa se llenó con personal de respuesta a emergencias.

Mientras observaba, horrorizada y frenética, los paramédicos intentaron despertar a nuestro pequeño hijo. Después de unos minutos, los médicos fueron capaces de despertar a Mason, y después de probar su azúcar en la sangre nos dijeron que nos fuéramos inmediatamente al hospital. Mike se metió a la ambulancia con Mason, yo me metí al auto para seguirlos, y así, nos fuimos a que nuestras vidas cambiaran para siempre.

En el hospital se volvieron a revisar los niveles de azúcar en la sangre de Mason, le conectaron a una vía intravenosa para fluidos, y le hicieron lo que me pareció que fue una enorme cantidad de análisis de sangre. Las venas de Mason estaban colapsando, y tuvimos que sujetarlo físicamente mientras sacaban vial tras vial de sangre de su pequeño cuerpo mientras gritaba y luchaba. Mason parecía estar en un ciclo sin fin entre gritos, episodios como de convulsiones, y con miradas perdidas. Mientras los pediatras y las enfermeras continuaban evaluando la situación, sus niveles de azúcar en la sangre estaba en “HI”, lo que aprendimos que significaba que el monitor, literalmente, no podía registrar un número por lo alta que estaba. Le dieron dos formas diferentes de medicamentos para sedarlo para hacerle una tomografía computarizada. La sedación no estaba funcionando. Nada parecía funcionar.

En algún momento en medio de esta experiencia aterradora, se hizo evidente que el hospital no iba a encontrar una solución para nuestro pequeño niño. Subieron a Mason y a su padre a otra ambulancia, esta vez lo llevaban a un hospital con un departamento que tenía una unidad de cuidados intensivos. Mason fue ingresado en la unidad de cuidados intensivos del Departamento de Emergencia en Sick Kids (niños enfermos), y las cosas cambiaron repentinamente. Mason gritó durante lo que parecieron 18 horas seguidas, un sinnúmero de médicos le sacaban sangre cada hora. En un momento miré a mi hijo y me sentí enferma: su cuerpo era tan delgado, su piel estaba morada por todas las punciones con agujas, y él estaba en un estado de aflicción completa.

Un diagnóstico fue un alivio y aterrador a la vez.

La diabetes tipo 1 era ajena a nosotros. La CAD era ajena a nosotros.

Todo lo que queríamos era que ellos hicieran que el pequeño Mason se pusiera bien. Mientras la información salía de la boca del médico la abrumadora sensación era que nunca iba a estar bien. No había una cura. Insulina todos los días. Una vida de decisiones, seguimiento y dificultad. Alrededor de 24 horas después del comienzo de la pesadilla, se le dio de alta a nuestro bebé. Mason ya no estaba gritando, pero como padres nuestros corazones sí lo hacían.

Cuando nos sentamos a través de nuestra primera clase llamada “Guardería de la diabetes”, aprendimos más sobre la diabetes tipo 1. Aprendimos acerca de las revisiones del azúcar en la sangre, dar la insulina, y sobre la atención básica. Nos sentamos en el sofá en un aula improvisada y acurrucados con Mason, que finalmente se durmió. Y entonces se despertó. Gritando. Como madre uno intenta hacer sentir mejor a los hijos, pero a veces uno simplemente sabe que algo anda mal. Mason empezó a ponerse violento, sacaba puñados de mi cabello, me mordía, mordía a mi esposo, se mordía a sí mismo… Mike se hizo cargo, dijo: “Papi te ayudará”, y Mason se acurrucó y gemía mientras volvíamos a la sala de emergencias. Esta vez se le hizo una resonancia magnética, y nos dijeron que había hinchazón y líquido en el cerebro.

image41Podría usar palabras abrumadoras y aterradoras para describir estos pocos días, pero creo que la mejor manera de explicarlo es que te imagines siendo lanzado en el medio del océano rodeado de tiburones. Eso es exactamente lo que sentimos al escuchar las palabras “diabetes tipo 1, cetonas, insulina y cetoacidosis diabética (CAD)”.

Debes aprender a hacer amistad con los tiburones o morirás.

La realidad de nuestra historia es que tenemos suerte. Mason tenía CAD, estaba en completa aflicción y peligrosamente cerca de la muerte. Sin embargo, nuestro pequeño hombrecito se recuperó. Hemos aprendido cómo controlar mejor a Mason. Y salimos del hospital aún siendo una familia completa. Desde que logramos salir de esa, hemos hecho avances. Mason utiliza una bomba de insulina, tuvimos la suerte de tener amigos que nos ayudaron a recaudar fondos para comprar un Dexcom CGM (que ha sido un salvavidas), e incluso tenemos un NightScout (sistema de monitoreo a distancia) conectado. Estas cosas no significan nada para los que no están en nuestro mundo de la diabetes, pero significan todo para aquellos de nosotros dentro de este mundo.

Vamos a celebrar su “diaversario” este mes y los sentimientos se vuelven abrumadores de vez en cuando. Dicho esto, la fuerza, el valor y la capacidad de Mason de seguir la corriente han sido sorprendentes. Tenemos días buenos, días malos y días en los que todos lloramos, ¡pero estamos luchando contra esta enfermedad y encontraremos una cura!

Miriam Goodger

Miriam es una enérgica, cariñosa y devota esposa y madre de dos hijos maravillosos, uno de los cuales tiene diabetes tipo 1. Ella se esfuerza para asegurarse de que su familia, y su salud y felicidad sean su prioridad número uno sabiendo que tomarse el tiempo para hacer ejercicio y relacionarse con sus amigos son las cosas que la mantienen con los pies en la tierra, feliz y motivada.