EL PASO DE LA ANTORCHA, INESPERADO DIAGNÓSTICO Y TRIUNFO SOBRE LA DT1
9/12/17
ESCRITO POR: Annellys J Castro

República Dominicana– Llegué con pasos apresurados a la casa de mi abuela tratando de encontrarla.

Pasaban las 2 de la tarde, hora de mi merienda, como de costumbre buscaba que ella me diera algunos pesos para ir a la tienda a comprar dulces y chocolates, antes de irme a jugar con mis amiguitas. Ya mi mamá se había marchado a su segunda tanda como maestra y podía dejarme consentir por mi abuela.

En ese tiempo tenía 9 años. Mi vida pasaba yendo al colegio, estudiando, cantando en el coro de la escuela y jugando… Siempre tuve una niñez muy normal.

Al llegar, no se encontraba.

La busque en la sala, la cocina, en su habitación pero no estaba; al llegar al último cuarto tampoco la encontré. En vez, encontré a mi tío a punto de insertar una pequeña jeringa en su estómago

¡Me quedé pasmada!

En ese momento no le pedí la bendición, y mirando sus manos solo le atiné a preguntar: “¿dónde está mamá?”

Él me miró y contestó que ella no estaba en la casa. Estaba en casa de la vecina buscando algo y no tardaba en regresar. – “¿me ayudas?” él me preguntó.

Al parecer mi tío se dio cuenta de lo sorprendida que estaba y decidió romper el hielo, mostrándome que lo que estaba haciendo no era nada malo.

Pero yo, inocente al fín, con una sonrisa nerviosa le dije que no. En verdad no supe cómo reaccionar. Me pasaron muchas incógnitas por la cabeza; entre ellas: ¿cómo me estaba pidiendo a mi que lo inyectara? Yo solo soy una niña, no soy enfermera.

Pero lo que no imaginé en ese momento es que la ruleta de la vida tiene juegos muy pesados.

El inesperado diagnóstico

En el transcurso de los siguientes 10 años, mi familia y yo emigramos a los Estados Unidos. La transición fue difícil como era de esperarse; pero logré acostumbrarme a mi nueva vida en un país diferente.

Asistí a la escuela superior, me gradué con buenas calificaciones y comencé la Universidad casi de inmediato, porque deseaba empezar una carrera de medicina.

El famoso año 2000 fué muy especial, no solamente estaba en mi primer año de Universidad, pero también había conseguido mi primer trabajo.

Todo marchaba bien, hasta que empecé a adoptar patrones alimenticios muy extraños.

Estaba constantemente hambrienta, llegaba a la casa y lo primero que se me antojaba era ir a la cocina a servirme un plato de cereal de arroz con leche condensada, aparte un vaso de malta también con leche condensada o una limonada con mucha azúcar.

No podía controlar mis ganas de comer dulces. Pensé que no debía preocuparme por esa situación.

Lo atribui a que mi cuerpo estaba cansado, en necesidad de energía por los estudio y los desvelos; así que debía compensarlo con dulces.

Durante todo el verano perdí mucho peso, pero estaba muy orgullosa de lo rápido que era mi metabolismo.

No fué hasta que un día, mientras limpiaba mi casa sentí que algo no andaba bien.

Estaba muy débil y cansada. No tenía fuerzas para estar de pie mientras limpiaba. Por cada área de la casa que limpiaba, tomaba un descanso de media hora. Tenía llagas en la boca las cuales decidí tratar con antibióticos clandestinos que compré en una tienda; porque según la “Dra” Annellys tenía “una infección”.

Me sentía muy rara, mi boca estaba sumamente reseca- “pero no creo que sea nada grave” me dije a mí misma. Había pasado mi exámen físico para entrar en la Uni. Todo estaba bien.

Pero no era así. Poco a poco las cosas se complicaron, y decidí contarle a mi mamá cómo me estaba sintiendo. Le dije que me estaba muriendo y no sabía de qué. Le expliqué lo débil que estaba, lo sedienta y como la noche anterior me había entregado a Dios porque pensé que no iba a despertar.

Mi mamá preocupada me dijo: – “¡pero eso es diabetes! ¡Mañana, no vamos a la iglesia, nos vamos al hospital”

No entendí el porqué de lo que dijo, ni el porqué no nos fuimos al hospital de inmediato. Creo que tiene que ver con que en su casa no se tocaba el tema de diabetes, aún cuando su hermano vivía con esa misma condición.

Al siguiente día nos fuimos al hospital muy temprano, le conté a la enfermera mis síntomas, me hicieron el exámen de glucosa e inmediatamente la enfermera pidió que me encamillaran adentro. ¡Mis niveles de glucosa estaban en 750 mg/dl!

Ya adentro, mi mamá llorando me explicó un poco mas de mi diagnóstico. Su hermano había sido diagnosticado a la misma edad que yo.

Las ironías de la vida…. Desde aquella conversación con mi tío, quién me iba a decir años después estaría haciendo lo mismo que él y que ése día el, simbólicamente y sin saber me había pasado la antorcha generacional de diabetes tipo 1 que llevaría después de su muerte. (Mi tío murió meses después de nuestra conversación por causa de un lamentable incidente).

Triunfando sobre la diabetes

Desde entonces han pasado 17 años. Me gradué de la Universidad, me casé y tengo dos hermosos niños.

He tenido muchas altas y bajas, aprendiendo como estar por encima de esta condición. Cada día, es como si todo lo que aprendí el día anterior y todo el esfuerzo que hice se reseteara durante la noche y tengo que volver a empezar otra vez.

Pero con cada año que pasa, ¡mejor nos adiestramos a domar la fiera!

Ahora me he propuesto un nuevo reto… aparte de que estoy obsesionada con ganarle la partida a la diabetes tipo 1 a diario, y estar a unos pasos más adelante de la condición al preparar comidas bajas en carbohidratos para toda la semana, ejercitándome, asegurándome de dormir bien, eliminando el estrés.

He tomado la decisión consciente y constante de exponer la diabetes tipo 1 a otros para concientizar, educar y crear a mi alrededor un grupo de soporte lo suficientemente grande que pueda sostenerme cuando no pueda hacerlo.

Así quiero honrar a mi tio.

Llevando la antorcha de la diabetes tipo 1 en alto, corriendo esta carrera con orgullo y dignidad. Sabiendo que no hay nada de qué avergonzarse y que aunque difícil, esta carrera se puede correr con una actitud positiva sin que nadie, jamás nos vea darnos por vencidos.

Espero nunca tener que pasar esta antorcha a nadie de mi familia. Mucho menos a mis dos pequeños hijos.

Pero tú que llevas el mismo camino que el mío; ¿te animarías a llevar la diabetes tipo 1 como una antorcha la cual todos puedan ver? Llevando un buen control, motivando a los que vienen atrás, concientizando a tu comunidad empezando con los tuyos?

¡Tú puedes! ¡Vive más allá de la diabetes tipo 1!

Annellys J Castro

Annellys vive con Diabetes Tipo 1 desde el 2000. Actualmente reside en Brooklyn, Nueva York con su esposo y dos pequeños niños. Le apasiona el tema de la salud y el fitness y le encanta motivar y concientizar a otras personas acerca de la Diabetes Tipo 1 en su comunidad y a través de su página de Instagram @ladivabetica. Este año incursionó en el mundo del blog en su pagina web www.divabetica.com donde búsca compartír sus experiencias y conectarse de una forma más personal con otros pacientes de habla hispana de una manera positiva, informativa y divertida. Su lema: “Un dia a la vez, amig@, un dia a la vez”