El poder de los elogios al ser padre de alguien con diabetes Tipo 1

12/4/17

Deja de golpear a tu hermana. No arrojes eso. Por favor escucha. ¿Te suena familiar? A veces, podría parecer que tus hijos están conspirando contra ti, que nada de lo que intentas funciona. La verdad es que los problemas de comportamiento pueden ser comunes entre los niños pequeños, y los pequeños con diabetes Tipo 1 no son una excepción. La diabetes también puede agregar varias capas de complejidad. Cuando te enfrentas a un comportamiento retador, puedes preguntarte: “¿Es por la diabetes? ¿Esto es ser un niño de 4 años? ¿Son ambas cosas? ¿Ninguna? Y sea cual sea el motivo, ¿qué puedo hacer al respecto?” Decirle a los niños lo que no hay que hacer es agotador y, por lo general, no es demasiado efectivo. En lugar de eso, trata de elogiarlos, el refuerzo positivo es mucho más motivador.

¡Elogia y elogia con frecuencia!

Los elogios hacen que los niños (¡y los padres!) se sientan bien. Encontrar oportunidades para fomentar el buen comportamiento puede ser muy efectivo para disminuir la mala conducta. Enfoca tu atención en decirle a tu hijo cuando sí haga algo que te gusta. “Buen trabajo por ser amable con tu hermanita” o “Gracias por dejar tu medidor sobre la mesa”.

Atrápalo en el acto

Usa los elogios y la atención durante o inmediatamente después del comportamiento que deseas que suceda con más frecuencia. Elogia de manera inmediata y explícita.

Sé descriptivo y específico

Asegúrate de que tus hijos sepan exactamente lo que te gusta. “¡Buen trabajo! ¡Estoy tan contenta de que me hayas traído tu medidor continuo de glucosa, para que podamos verlo juntos!” “¡Gracias por elegir el lugar para cambiar el sitio de tu bomba! ¡Eres tan servicial!”

Elógialo incluso por el más mínimo comportamiento apropiado

Esto puede guiar a tu hijo a que se acerque más al comportamiento que te gustaría ver con más frecuencia. “Me gusta cuando mantienes tu mano quieta mientras te mido en los dedos, ¡gracias!”

Evita los elogios aunados con crítica

Los elogios no son efectivos cuando también incluyen críticas. Trata de resaltar el comportamiento positivo sin mencionar el comportamiento negativo. Un ejemplo de un elogio con crítica es: “Finalmente estás comiendo la misma comida que todos los demás están comiendo para la cena”. En lugar de eso, dile: “Me gustó mucho que probaras una comida nueva para cenar esta noche. ¡Qué rico!”

Los elogios pueden ser verbales o no verbales

Los niños responden a las expresiones y a los gestos, así como a las palabras. Los elogios no verbales efectivos incluyen: chocar los cinco, un pulgar hacia arriba, asentir con la cabeza, aplaudir y sonreír. ¡O agrégale un abrazo a tu elogio!

No tengas miedo de hacer tonterías

¡Actúa algo loco! Muchos niños pequeños responden bien al entusiasmo y a las tonterías porque captan su atención y hacen que el elogio sea algo divertido que van a querer más.

Los elogios no son solo para niños pequeños

Inténtalo con tus hijos mayores, tu cónyuge o incluso con un compañero de trabajo. Dar las gracias y dar reconocimiento por el éxito puede ser muy útil a cualquier edad.

Ignora la mala conducta

Para ser más efectivo, puedes combinar los elogios y la atención positiva cuando tu hijo se comporte bien con ignorar o retirar la atención cuando tu hijo se porte mal. Ignorar puede ser muy difícil, pero si tu hijo no se está lastimando a sí mismo o a otra persona y es un comportamiento que puede ignorarse de manera segura, ¡quitarle la atención puede ser muy efectivo! Estas son algunas pautas:

  • Ignorar de inmediato
  • Retirar la atención por un corto período de tiempo (alrededor de 10 segundos)
  • Constantemente ignora el comportamiento indeseable

Haz que ignorar sea obvio

Voltea tu cuerpo, mira tu teléfono o presta atención a los hermanos o a otras personas en la mesa. Si tu hijo es un poco mayor (5 años o más), puedes hacer una breve declaración como, “Hablaré contigo cuando uses tus palabras y tu voz interior”.

Cuando no lo estés ignorando, asegúrate de que el resto de tu atención sea muy positiva para reforzar todas las conductas deseadas. La diferencia entre los elogios e ignorar debe ser muy obvia para que esto funcione, así que ponte a dar muchos elogios.

Sé constante

Puede ser difícil ignorar constantemente. Quizás sientas que no estás haciendo nada relacionado con los comportamientos negativos de tu hijo porque no lo estás corrigiendo, pero ten la seguridad de que le estarás enseñando a tu hijo que el comportamiento inapropiado no funciona para llamar tu atención, pero la conducta apropiada sí lo hace.

Solo un recordatorio: no ignores las cosas que no sean seguras (por ejemplo, golpear, huir de ti).

Mide el azúcar en la sangre

Tú conoces mejor los patrones de tu hijo y, a veces, el mal comportamiento puede estar relacionado con un nivel de glucosa bajo o alto. Siempre es una buena idea medir el nivel de glucosa de tu hijo y tratarlo según sea necesario. Una vez que trates el nivel de glucosa, haz tu mejor esfuerzo para ignorar cualquier mal comportamiento adicional. Ignorar funciona mejor cuando puedes usarlo de forma constante.

Si tienes alguna pregunta o inquietud, asegúrate de hablar con el proveedor de atención para la diabetes de tu hijo sobre la diabetes y el comportamiento. Es posible que haya psicólogos u otros especialistas en comportamiento que puedan ayudarte a resolver cualquier problema de comportamiento y encontrar lo que funciona mejor para tu familia, tu hijo y la diabetes.

Esta obra está financiada por NIH DP3DK103998 y R01DK102561

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Marisa E. Hilliard, PhD, es una psicóloga pediátrica y científica del comportamiento cuyo trabajo se centra en la atención clínica e investigaciones con jóvenes con diabetes tipo 1 y sus familias. Su pasión es promover la resiliencia, y su investigación se centra en cómo los jóvenes y las familias superan los retos de la diabetes para mantener una buena calidad de vida, cumplir con las recomendaciones de tratamiento y tener un control óptimo de la diabetes. Está especialmente interesada en los tiempos de transición en el manejo de la diabetes, como adaptarse a la vida con un nuevo diagnóstico de diabetes, la forma en que el manejo familiar de la diabetes cambia durante la niñez y la adolescencia, y cómo los adolescentes se preparan para manejar su diabetes cuando son adultos jóvenes. La Dra. Hilliard es Profesora Asistente de Pediatría en el Baylor College of Medicine, en la Sección de Psicología del Texas Children’s Hospital en Houston, Texas.

 

 

Maureen Monaghan PhD, CDE, es una psicóloga clínica y pediátrica con una década de experiencia trabajando con jóvenes con diabetes tipo 1 y sus familias. Es profesora asistente en el Departamento de Psicología y Salud del Comportamiento y el Centro de Ciencia Traslacional en el Sistema Nacional de Salud Infantil y la Facultad de Medicina de la Universidad George Washington en Washington, DC. La Dra. Monaghan es una médica clínica activa y trabaja con jóvenes con diabetes en todo el espectro del desarrollo, desde la primera infancia hasta la adultez temprana. Su investigación actualmente financiada examina la calidad de la comunicación sobre salud entre adolescentes y adultos jóvenes con diabetes y sus proveedores de atención médica.

 

 

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