El primer ciclo, lo que nunca imaginé sobre el tratamiento de FIV  


 

Nota del Editor: Este es el tercer artículo de la serie de Katie “Mi batalla con la FIV”.


Resulta que es más difícil escribir sobre mi experiencia con la FIV (fertilización in vitro) cuando todas tus esperanzas y sueños dependen de este procedimiento complicado e interminable, cuando te enfrentas a una gran incertidumbre. Pero te prometo ser honesta y no dejar pasar detalle alguno a pesar de que es difícil hablar sobre los detalles.

Voy a empezar desde el principio.

Un ciclo de FIV realmente inicia una vez que empiezas a recibir inyecciones de hormonas durante la noche. Las hormonas son usadas para que tú crees la mayor cantidad posible de óvulos en lugar del único óvulo que una mujer tiene usualmente cada mes, creando muchas oportunidades para que se transfieran los embriones viables. Yo no tenía miedo a las inyecciones en sí, pues teniendo diabetes tipo 1, tengo bastante controlada esa parte, pero estaba preocupada por querer saber qué me harían sentir. ¿Tendré un desequilibrio emocional? ¿Lloraré todo el tiempo? ¿Estaré incómoda en mi propia piel? Resulta que la respuesta es la: D) Todas las anteriores. Puedo atribuir algunos de los niveles altos y bajos al estrés por la FIV. Es mucho. Son muchas las citas, muchos medicamentos y muchas preocupaciones sobre si este será el ciclo que funcione o si alguna vez funcionará. De lo que estaba sorprendida es de cómo me sentía físicamente. La mejor forma de describirlo era que yo era la versión desganada de mí misma. Sentía que estaba en una niebla, estaba distraída y desasociada. Pero mayormente me sentía incómoda. Crear de 20 a 30 óvulos no es una broma y me sentía agobiada por lo que le pasaba a mi cuerpo. Lo cual significaba que ya no podía esperar a que me extrajeran los óvulos para darlo por terminado.

La extracción de los óvulos la llamaron un “procedimiento” el cual  me hizo imaginar que me rellenaban una caries donde el dentista o algo similar. Pero realmente es una mini cirugía con anestesia y, para mí, un tiempo largo de recuperación. Era doloroso y me llevó tiempo recuperarme, pero como resultado tuvimos 12 embriones pequeños, así que fui capaz de ver más allá del dolor y hacia el 5.º día de transferencia del mejor embrión. Sin embargo, en el 5.º día, no hubo un “mejor embrión”, sino que muchos muy buenos, así que nos hicieron esperar hasta el 6.º día para tratar de darles más tiempo para desarrollarse. Cuando estábamos entrando a nuestro carro camino al procedimiento de transferencia, nuestro teléfono sonó. No habría transferencia; no tuvimos un solo embrión que sobreviviera. Tendremos que intentarlo de nuevo en enero. No estoy segura de que “devastados” sea una palabra suficiente para definir cómo nos sentimos. Hemos tenido tantas esperanzas y hemos estado tan positivos y ahora no tenemos nada. Nos quedamos solamente con el miedo de que esto pase otra vez y otra vez y otra vez.

En las siguientes dos semanas después de la llamada, nos hemos realizado exámenes de sangre y pruebas adicionales para averiguar la razón de lo que nos pasó y saber cómo prevenirlo. Todavía estamos esperando los resultados y estamos intentando ser positivos y nos estamos preparando para nuestro siguiente ciclo en enero.


Mientras tanto he hecho una lista de las lecciones aprendidas de nuestro primer ciclo y lo que se puede esperar del siguiente:

  •  Algunas veces tu cuerpo sabe que necesita colaborar. Cuando estaba recibiendo las inyecciones de hormonas, asumí que mi nivel de azúcar en la sangre se volvería loco debido a que  mi cuerpo no estaba familiarizado con tener niveles de estrógeno 400 veces más de lo usual. Pero es como si mi diabetes hubiera sabido, esa no era la prioridad y solamente hubo (en su mayoría) líneas rectas en mi Dexcom.
  • El proceso de retirar todos los óvulos que había producido durante nueve días de inyecciones ¡DUELE! Mi doctor me aseguró que el día del procedimiento tendría dolores similares a los cólicos por la menstruación y que podría regresar al trabajo el siguiente día. No estoy tan segura de lo que la mayoría de mujeres atraviesan cada mes, pero este fue un nivel de dolor que no conocía. No pude sentarme recta durante dos días, no fui a trabajar por tres días y tuve que caminar arrastrando los pies durante casi cinco días. Mi manejo de la diabetes no estuvo bien esta semana, lo cual solamente sumó a lo mal que me sentía. Sin lugar a dudas, realmente no estaba contando los días para hacerlo otra vez.
  • Los tratamientos de fertilidad pondrán a prueba tu matrimonio. Como lo mencioné, la FIV provoca estrés. Es difícil para tu cuerpo, pero más aún, es un proceso mental y emocionalmente desgastante. Por suerte me casé con mi mejor amigo y ha podido mantener el control por los dos cuando me he sentido muy mal. Este proceso nos ha permitido crecer más fuertes como una pareja y más preparados para enfrentar las incertidumbres de la vida.   
  •  Soy más fuerte de lo que pensé que era. Todos hemos escuchado esto anteriormente, “no sé CÓMO te inyectas tú misma todos los días, ¡yo no podría hacerlo!” o “me dan mucho miedo las agujas, yo sería lo peor si tuviera diabetes!” Resulta que cuando es la única cosa que te mantiene viva, harías casi cualquier cosa. La FIV no es un asunto de vida o muerte, es la única forma en que podremos tener hijos propios. Así que si tengo que hacer un ciclo más de cinco, haré lo que sea necesario. Si esto me hace fuerte, entonces soy fuerte. Pero estoy segura de que cualquiera que quiera ser madre, tanto como yo lo deseo, haría lo mismo.

 


Lee la Parte I: La FIV y la diabetes tipo 1 – empieza un nuevo viaje Parte II, Aprendiendo a vivir con temor, la diabetes tipo 1 y los tratamientos de fertilización 

 

 

ESCRITO POR Katie Solovey, PUBLICADO 12/14/15, UPDATED 05/30/18

Katie fue diagnosticada con diabetes tipo 1 en 2011 a la edad de 25 años. Actualmente está recién casada y vive justo afuera de Washington D.C. en donde trabaja en una agencia de relaciones públicas. Ella hace lo mejor por abordar la vida con un sentido del humor y encuentra felicidad en su familia, amigos, reality shows malos y una línea estable con su Dexcom (monitor continuo de glucosa). Aunque ella anhela los días cuando podía comer sin contar los carbohidratos y las unidades de insulina, ella cree que vivir con diabetes tipo 1 la ha hecho una persona más fuerte y preparada para tomar cualquier reto que se le presente.