El Reto de la Montaña del Cofre. Que la Diabetes no nos Detenga


 

El Cofre de Perote es una montaña ubicada en el estado de Veracruz a 180 km al este de la Ciudad de México, cuenta con una altura de 4,282 m, en el invierno, en ocasiones llega a cubrirse de nieve durante algunos días.

Antes de ser diagnosticada con diabetes tipo 1, en dos ocasiones, cuando tenía 5 y 8 años, había intentado subir a la cima y no lo logré, en esas ocasiones estaba nevado y parte del camino congelado, era demasiado frío.

Pero hace unos días con mi familia decidimos volver a intentarlo. Era un día especial, el cumpleaños de mi mamá.

Creciendo con los retos.

En esta ocasión, ya diagnosticada, lograr subir era un reto mucho mayor para mí y para mi familia, el día anterior preparamos nuestras cosas, sabíamos que por el lado que subiríamos no estaría nublado sino habría sol radiante, pero desde mi ciudad, Xalapa, si lo estaría, así que la ropa debería ser abrigadora pero no en exceso.

Yo di más énfasis en preparar mi kit de prevención tanto para posibles hiperglucemias como hipoglucemias, pues no sabía cómo iba a responder mi cuerpo, ya que, aunque acostumbro hacer ejercicio, ahora era una combinación no conocida: diabetes+altura+frío. Así que, me aseguré de ir bien equipada llevando el lector de mi sensor, insulinas, glucómetro, punzón, tiras reactivas, refresco con azúcar, pastillas de glucosa, barras de cereal, manzanas y hasta un medidor de presión arterial.

Después del recorrido en auto de aproximadamente 1 hora desde la ciudad donde vivo, allí estábamos, frente al camino de acceso como a 3,000 m de altura. Mi medida era perfecta para iniciar el reto, ¡160 de glucosa con flecha horizontal!

Empezamos en un camino pedregoso que se veía muy largo, rodeado de pinos y junto con mi hermano, decidimos en muchos tramos, no seguir el camino, sino cortar por senderos, los cuales eran más cortos pero con una mayor inclinación y muchas piedras sueltas que fácilmente podían torcerte un tobillo. En varios lugares encontramos agua congelada y sitios resbalosos, no fue fácil, aunque al principio los subíamos rápido ganándole de esa manera a nuestros padres.

A medida que íbamos subiendo, el bosque fue desapareciendo y ya solo existían pequeños matorrales, a partir de ahí las vistas hacia el horizonte eran el pretexto perfecto para descansar un rato y tomar agua. Hacia abajo veíamos el camino en zigzag que habíamos recorrido. El frío empezaba a sentirse por lo que poco a poco nos íbamos cubriendo con guantes, gorra y bufanda.

La diabetes se hizo presente

De los cuatro, fui la primera en empezar a sentir estragos por la subida, mis piernas fueron lo primero, ya me pesaban, sentía como mi corazón latía con mayor fuerza y tenía dificultad para respirar, aunque antes de iniciar, sabía que el reto no iba a ser fácil. Ya no podía ir rápido, avanzaba un poco y buscaba un lugar para descansar. M madre y mi hermano tomaron delantera, mi papá se fue a mi ritmo, y era quien constantemente me decía su incansable palabra desde hace casi 3 años, “mídete” y de repente, supongo que por el cansancio, por la altura o por el frío aparece un 100 de glucosa con flecha vertical hacia abajo.

Tenía algunos malestares, pero no lograba diferenciar si eran de una hipoglucemia o era el famoso “mal de montaña”, mis piernas cada vez más pesadas, mi corazón seguía latiendo fuerte y mi estómago tenía esa sensación que solo los que vivimos con DT1 conocemos. El lector me indicaba 80 y flecha vertical hacia abajo, nos sentamos en una piedra y medimos glucosa capilar, allí apareció 70.

Como prevención y para evitar que la glucosa (azúcar) siguiera bajando, comí una pastilla de glucosa y hasta que la flecha del lector dejó de ir hacia abajo y de forma vertical, continuamos avanzando. Después de unos minutos, los mismos síntomas, ahora fue medio refresco con azúcar y posteriormente una manzana y una barra de cereal con arándanos. Solo así dejé de sentir malestares y fue justo cuando llegamos a un mirador, la vista impresionante, todo hacia abajo era una capa de nubes muy bonita y a lo lejos se podían ver las tres montañas más altas de México el Pico de Orizaba (el Citlaltépetl), el Popocatépetl y el Iztaccihuatl. Allí lo primero que dije fue: ¡para ver esto valió la pena todo!

El momento para disfrutar.

A partir de ahí mi medida se mantuvo en 100, fue entonces cuando en verdad empecé a disfrutar el momento. Continuamos por el camino hasta llegar a la base de una inmensa roca cuadrada, allí entendí porqué se llama “cofre”. A partir de su base, el ascenso es a través de una reducida escalera de unos 40 m de alto, labrada en la propia piedra, un riesgo constante en caer por lo que en todo momento había que asegurar cada paso.

La cima está cubierta casi en su totalidad por antenas de comunicaciones, eso afea el paisaje por lo que hay que buscar los sitios perfectos para tomar unas buenas fotografías. Allí el frío y el viento ya eran de consideración.

Después de un rato iniciamos el descenso, nadie permanece mucho tiempo arriba de la peña. Tanto en la escalera como en el camino, mis piernas temblaban, nada que ver con la DT1, más bien era por agotamiento muscular. Terminamos el recorrido ya de noche, el termómetro de la camioneta marcaba 4°C. Me hubiera gustado haber subido con nieve pero así como subí fue algo muy bonito.

El consejo de Zulma.

A otros niños les diría que no va a ser fácil pero que lo intenten pues es una hermosa experiencia y un reto, te superas a ti mismo, si se lo proponen lo pueden lograr, a veces no hace falta llegar hasta la cima, sino hasta donde aguantes, es cuestión de motivación y siempre pensar “yo puedo, yo puedo”. De hecho durante todo el ascenso así fui pensando, “yo puedo hacerlo, porque si lo hago, puedo superar muchas cosas”, al lograrlo me sentí poderosa, fue un muy buen reto para finalizar el 2021. Aunque no les guste 100% escalar o 100% la naturaleza, no lo tomen como un paisaje, sino como un reto.

A los niños con DT1 les diría que vean su vida como una montaña porque al momento que te diagnostican, estas hasta abajo y sientes que no vas a poder con esa nueva forma de vida, con esa pendiente Conforme tiene uno complicaciones, te sientes mal, sientes que no lo vas a lograr, pero poco a poco vas subiendo. Tienes dificultades pero si te esfuerzas y quieres hacerlo, debes luchar por eso, lo puedes lograr hasta llegar a la cima y entonces verás que todo eso que sentiste y que creíste que ya no ibas a poder más. Verás que eres una persona, una niña o un niño, que eres capaz de hacer muchas cosas, que eres muy fuerte y que puedes superar muchas cosas en tu condición de vida.

La DT1 no nos debe limitar, sino potenciar a ser mejores.

ESCRITO POR Zulma González, PUBLICADO 01/10/22, UPDATED 01/10/22

Zulma González García tiene 12 años y vive en Xalapa, Veracruz. México. Fue diagnosticada con diabetes tipo 1 el 27 de febrero de 2019 y actualmente cursa el primer año de secundaria. Zulma ha sido una importante portavoz de los niños que viven con diabetes tipo 1 en México.