En palabras que pudiera comprender…

1/24/20
ESCRITO POR: Gianni Ricci

 

 

Mi nombre es Gianni Ricci, soy nativo de la provincia de Rímini en Italia, a los 19 años viajé a la ciudad de México ya que la universidad adonde estudiaba tenía lazos con la Universidad Iberoamericana, y al ser la lengua de mayor habla en el mundo, deseaba aprender español. Además de amar este país, aquí conocí a quien el día de hoy es mi esposa y madre de mis tres hijos. Nos graduamos y enseguida nos casamos, solo para volver a matricularnos en esa misma universidad, solo que en otra rama.

Después de algunos años y disfrutar como solteros, llegó Abigail, bella como un ángel, seguida muy de cerca por mi pequeño Diego. Yo me sentía realizado, tenía un excelente trabajo, una linda casa, una bella esposa y dos hijos hermosos, vivía en México. ¿Qué más podía pedir?

Un día cualquiera

Un día cualquiera nos dimos cuenta que algo andaba mal, Abigail mojaba muchos pañales durante el día, pero. ¿Qué no es normal que un bebé de 1 año moje sus pañales? Comía demasiado, pero extrañamente cuando solíamos cargarla, nos dimos cuenta que también iba pesando menos, claro, también bebía mucha agua, estaba de mal humor, lloraba y dormía mucho.

Esos fueron los síntomas que les describimos a los doctores que visitábamos y ellos respondían, que eso era lo que se suponía que hicieran los bebés, comer, beber agua, llorar, mojar sus pañales, y dormir, que no había nada malo. Nosotros éramos expertos en negocios y números, en estrategias comerciales, pero no sabíamos nada sobre salud, así que les creímos, y regresábamos a casa.

Una tarde mi bebé no despertó, a pesar de que tratamos de hacerlo ella simplemente no parecía tener vida, escuché su corazón y se escuchaba latir muy despacio, así que salimos muy deprisa hacia el hospital más cercano, la ingresaron a urgencias y al poco tiempo salía un doctor, que no nos aseguraba que Abigail sobreviviría. Esa noche la pasamos de rodillas en ese pasillo de hospital, rogando por un milagro.

Salir del hospital

A las 5 semanas, salíamos con nuestra hija de ese hospital, en su bracito ella llevaba aun una pulsera que leía, diabetes Tipo 1. Muy vagamente nos habían explicado lo que era la diabetes tipo 1, cómo aplicar la insulina, cómo usar un glucómetro. Una nutrióloga nos obsequió una hoja impresa con una dieta que incluía Chilaquiles. ¿Es en serio? ¿Chilaquiles para un bebé de 1 año?

Nosotros no sabíamos nada sobre esa condición, suelo bromear diciendo que no sabíamos que Abigail tenia páncreas, hasta que la diagnosticaron como tipo 1. Dejamos de presentarnos al trabajo, solo para poder aprender más sobre la diabetes tipo 1, cada día solíamos leer en alta voz, para que ambos pudiéramos entender lo mismo, asistimos a seminarios sobre diabetes, tomamos cursos con diabetólogos, ahí nos dimos cuenta cuan poco sabía la gente sobre diabetes Tipo 1.

Buscamos información precisa, leímos y releímos libros y estudios sobre diabetes Tipo 1. Encontramos un grupo de padres con niños Tipo 1, pero eso parecía un grupo de amargura, cada día alguien se ponía en pie y solía contar cuan desdichado era por vivir con un niño con diabetes Tipo 1, a ese seguía otro que contaba lo maravillosa que era su vida antes y lo horrible en que se había convertido. Grupo tras grupo era lo mismo, y las redes sociales no eran diferentes, personas quejándose de la maldita diabetes, y lo arruinada que era la vida de sus pobres hijos por padecerla, por sufrirla, y no quisimos seguir ahí. Pensamos que deseábamos un mejor futuro para nuestra hija, y si queríamos aprender, lo haríamos con profesionales.

Enseñar sobre diabetes Tipo 1

A nuestra casa solían venir familiares y amigos, que al saber que Abigail vivía con diabetes se deshacían en lastima y palabras que aterrorizarían a cualquier niño. No importaba si nosotros los corregíamos enseñándoles sobre diabetes Tipo 1, siempre salían a relucir las amputaciones, muertes y demás consecuencias propias de un mal cuidado de la condición. Te das cuenta de cuanta ignorancia hay respecto a la diabetes Tipo 1, y nosotros no quisimos que Abigail creciera escuchando eso, así que los invitamos muy cordialmente a no volver a visitarnos. Cerramos nuestras cuentas de Facebook, y nos dedicamos a evitarle traumas, miedos, y frustraciones.

Desde muy pequeña Abigail se vio atraída hacia su condición, siempre fue muy inteligente, a los dos años ya hablaba muy claro, formaba frases cortas pero muy puntuales. ¿Mamá, me vas a poner insulina? Siempre ha sido muy platicadora, a cualquier persona que se atreva dirigirle la palabra, ella le responderá con toda una descarga de su enciclopedia privada, aun si no lo conoce.

Nosotros vimos como muchos padres con hijos que viven con diabetes Tipo 1 sobreprotegen a los niños, incluso adolescentes. La diabetes es una condición para toda la vida, ¿Cuándo dejarás que tu hijo tome las riendas de su condición? Nos tocó conocer a una madre, la cual contaba que debía ir a veces varias veces al colegio de su hijo para revisar los niveles de glucosa e inyectar la insulina, el niño de unos 10 años de edad con más de 4 años de diagnóstico. Recuerdo que mi esposa y yo nos mirábamos, y quizás pensábamos ¿Así será la vida de nuestra hija? ¿Pegada siempre a mamá y papá? Si eso iba a ser una condición para toda su vida, y si algún día debía hacerse independiente, nosotros decidimos que sería lo más pronto posible.

En palabras que pudiera comprender…

Desde los 3 años le enseñamos en palabras que pudiera comprender, lo que era la insulina y para que servía, que era un glucómetro y cómo se usaba, que era la diabetes tipo 1. Comenzó usando el glucómetro y la lanceta desde los 4 años, y antes de los 6 ya se inyectaba sola. A los 7 ya sabía mucho sobre carbohidratos y podía prepararse sola sus meriendas.

Abigail practica Jazz, toca el violín desde los 4 años, asiste a campamentos regulares, pijamadas, fiestas de cumpleaños, sale a montar en bicicleta, juega con sus hermanos y sus amigos, tiene un promedio de 10 en sus estudios y este año ha sido parte de la escolta que lleva la bandera de este país.

No se avergüenza de su condición porque jamás le enseñamos a esconderse, no tiene miedo de morir mañana, porque le enseñamos que si se cuida puede vivir una vida larga y plena, no está cansada porque le enseñamos que vivir con diabetes no es una enfermedad, sino un estilo de vida. No vive frustrada esperando una cura, porque está demasiado ocupada siendo feliz. Ella es una niña como cualquier otra, con sueños, con fantasías, con muchas ganas de vivir, ella siempre tiene una sonrisa en los labios y al ver la felicidad que hay en ella nos damos cuenta que no nos equivocamos al mostrarle un camino diferente al de otros padres con niños con diabetes tipo 1.

Pero Abigail no es perfecta, la diabetes, es diabetes aquí y en china, y las hipoglucemias e hiperglucemias son parte de nuestra vida diaria, el conteo de carbohidratos, el olor de la insulina, las agujas, las inyecciones son parte de nuestro diario vivir. Sin embargo, eso no nos agobia, nunca nos quejamos, como bien dice mi niña, es algo normal para nosotros, no vivimos obsesionados con un número en el glucómetro, y aun así obtiene buenos números, y si un día es alto y otro bajo, sabemos como manejar esa situación sin estrés.

Ante su decisión de no abandonar los grupos de diabetes, y porque sabemos que no todas las personas que conforman los grupos de diabetes son iguales, le hemos enseñado a no molestarse por comentarios diferentes al suyo propio.

Le hemos enseñado a Abigail a no dejarse influenciar por personas que poco conocen de su condición, a tener empatía por otras personas, a soportar la crítica, y a perdonar, ya que en su primer grupo la sacaron solo por ser una niña. Nosotros quisimos evitar que eso pasara, pero quizás fue algo que debió aprender por su propia cuenta, aún las personas con diabetes pueden ser crueles.

Sin más que agregar, quedo de usted, y por lo que hacen por mi pequeña y por muchos otros niños en el mundo, infinitas gracias.

Gianni Ricci

Mi nombre es Gianni Ricci, soy nativo de la provincia de Rímini en Italia, a los 19 años viajé a la ciudad de México ya que la universidad adonde estudiaba tenía lazos con la Universidad Iberoamericana, y al ser la lengua de mayor habla en el mundo, deseaba aprender español. Además de amar este país, aquí conocí a quien el día de hoy es mi esposa y madre de mis tres hijos. Nos graduamos y enseguida nos casamos, solo para volver a matricularnos en esa misma universidad, solo que en otra rama.