ENSEÑANDO EN SUDÁFRICA- UNA CARTA ANTES DE QUE TE VAYAS


 

samantha_altman_2Mi nombre es Samantha Altman y he vivido con DM1 por 15 años (la fecha de mi diagnóstico fue el 15/12/2,000) y con la enfermedad celíaca durante 14. 

Actualmente tengo 23 años y soy estudiante de posgrado, tiempo completo, de educación especial de la universidad de Nueva Jersey y estoy por iniciar el viaje de mi vida: durante dos meses estaré dando clases en Johannesburgo, Sudáfrica.

Este proceso no ha sido fácil: he tenido discusiones profundas con mis padres, mis amigos y mi equipo de apoyo. Me he enfrentado con profesores que cuestionan mi capacidad para viajar y enseñar teniendo DM1.

Me he topado con personal de la escuela que ha comentado que yo era incapaz de viajar ya que era una persona con una enfermedad crónica. Pero más allá de cualquier cosa, en lo que me gusta llamar “dia-ring” o un día agotador con DM1, me he convencido a mí misma de que debo apegarme a mi decisión.

Este es el ensayo que presenté para mi selección para el programa global de enseñanza.  Mi esperanza es compartir esta experiencia; el antes, el durante y el después con mi comunidad de DM1.

Gracias,

Samantha Altman

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Querida Samantha de ocho años:

 

Sé que estás aterrada. Desde que te diagnosticaron con la diabetes tipo 1 has estado temerosa, evadiendo las agujas y los doctores y confundiendo los llantos de mamá con el aullido del perro del vecino. Antes de tu primer viaje al hospital, tu mayor miedo era el atemorizante profesor de educación física porque te castigaba si tus zapatos se desataban al correr. Ahora ese profesor ya no parece tan atemorizante en el gran esquema de lo que la vida te ha presentado.

 

¿Por qué te estoy escribiendo? ¿Por qué ahora? Ahora tengo veintidós años y estoy por graduarme de la carrera universitaria. Cuando era joven, mis consejeros del campamento me dijeron, verano tras verano, que sería una buena maestra. Yo los escuché. El siguiente año empecé a trabajar para obtener mi maestría en educación especial. Lo que significa que seré una maestra de niños que, por muchas razones, luchan en algún aspecto de sus vidas. Niños enfermos, niños que piensan diferente, niños sin padres y que tienen problemas familiares terribles; en resumen, niños que necesitan un adulto amoroso que cuide de ellos.

Estoy segura de que tienes muchas preguntas ahora mismo. Sí; tú tendrás novios, te enamorarás y te romperán el corazón. Estarás en el cuadro de honor y también experimentarás fracasos. Perderás amigos y seres queridos. Y, algunas veces, te sorprenderás de ti misma. ¿Recuerdas esa bomba de insulina que te da náusea de sólo pensar en ella? Te acostumbrarás. ¿Viajar sin mamá y papá? Te sorprenderás de lo fácil que es. ¿Vivir sin aire acondicionado? Bueno, aunque esto no es lo ideal, definitivamente se puede hacer.  

 

Y por esto, pequeña niña, te escribo a ti ahora. Muchas personas te dirán que porque tienes una discapacidad no puedes hacer ciertas cosas. Te dirán que tienes que soñar menos mientras que debes trabajar más duro. Conocerás una maestra sustituta que te enseñará el significado de la enfermedad nombrándote como su ejemplo principal. A la edad de 16, volando por primera vez sin mamá y papá, habrá un agente de TSA que te dirá que es tonto tener tu bomba de insulina puesta mientras que viajas. Conocerás un jefe que cree que las discapacidades intelectuales le restan valor a las enfermedades crónicas y las enfermedades de todo tipo. Habrá muchas lágrimas y decepciones, pero nunca te rindas.

 

Yo, tu futura chica grande, quiero agradecerte. Gracias por resistir la primera jeringa con insulina que llevó a 25,000 más, para que hoy pueda vivir, respirar y caminar con confianza. Gracias por ser valiente cuando ni siquiera sabías lo que la palabra significaba. Gracias por escuchar a los doctores, las enfermeras, a mamá y papá, aun cuando lo que dijeron dolió tanto como una aguja. Ahora puedo tomar mis propias decisiones sin preocuparme porque tú confiaste en que los adultos tenían razón. Gracias por ser de mente abierta, por compartir los síntomas, el dolor y los miedos. Ahora mis amigos saben cuáles son mis niveles de azúcar en la sangre antes que yo. Gracias por enseñarme sobre mí ya que la mayoría de las personas nunca tienen la oportunidad de aprender sobre sí mismos. Gracias por ser una parte de mí siempre.    

 

Quiero ayudar a los jóvenes que están desmotivados por lo que la vida les ha dado. Quiero enseñar en el exterior, al otro lado del océano, lejos de mis amigos y mi familia. ¿Por qué? Creo que es tiempo de probar que yo puedo soñar tan grande como el resto de las personas. La realidad es que mi meta no tiene que ver con las personas que pensaron que no podía por la diabetes. Esta meta es por mí, por ti, por nosotros. Este es nuestro momento para mostrarle al mundo que una discapacidad es solamente una habilidad con el ‘dis’ adelante.

Espero que lo pruebes. Tú, a los 8 años, mereces conocer que la vida con diabetes tipo 1 solamente tiene los límites que te pones tú misma.

Nuestra vida no tiene límites,

Tú misma, un poco mayor    

    

 

ESCRITO POR Samantha Altman, PUBLICADO 08/01/16, UPDATED 08/21/17

Samantha o Sam (su nombre completo solamente aparece cuando está en problemas) es una futura educadora apasionada y con entusiasmo por aprender, viajar y salirse de su zona de confort. Antes de su diagnóstico en diciembre del 2,000, ella soñaba con conducir su propio camión de helados, pero la DM1 cambió sus planes. Actualmente es una estudiante de posgrado de la carrera de educación especial en la universidad de Nueva Jersey y está trabajando para obtener su maestría en docencia con una especialización en discapacidades severas y trastornos emocionales. Su sueño es que su experiencia con la DT1 le sirva en su docencia, con la esperanza de mostrar que las discapacidades, como la DT1, crean habilidades extraordinarias que algunos no tienen la oportunidad de experimentar.