Paternidad y DT1: La Historia de Pablo


 

Tengo muy frescos los recuerdos, los síntomas y las sensaciones durante mi diagnóstico.

Todo comenzó en Semana Santa de 1993. Tuve mucha sed, ganas de orinar frecuentes, y el resto de síntomas que hoy sabemos son característicos de Cetoacidosis Diabética. 

Puedo decir que esto fue rápido, ya que a los pocos días me despertaba con la cama orinada, muchas veces durante la noche. Mi madre se tenía que levantar para despertarme y que yo pudiera así ir al baño. 

El faltante de células beta, es tremendo, aunque no sé si es peor que el desconocimiento. 

Ahora se que esto era claramente cetoacidosis. En aquel entonces yo era un niño rellenito, y perdí mucho peso. 

Nuestra visita al pediatra

Resumiendo, fuimos al pediatra de siempre. Nos pidió análisis de laboratorio, y volver a verlo cuando los tuviéramos. El valor de mi glucosa en sangre fue de 48.9 mmol/L880 mg/dL, y su indicación inmediata fue consultar con un colega endocrinólogo. 

Y entonces me enfrenté con mi primera dosis de insulina. En el brazo izquierdo y aplicada por el nuevo médico mientras le enseñaba a mi madre cómo convertirse en mamá páncreas. 

No hubo necesidad de internación. Hace menos de un mes mi madre me recordó que yo no quise internarme, y entonces el médico comenzó a tratar de explicarle a mi madre todo sobre su nuevo trabajo: asistir a un hijo con diabetes tipo 1. 

Beldent, tibaldi, pan negro…. agua, y un par de meses en que todo en mi cuerpo cambió, cómo cuándo a un reloj le falta una pieza. Utilizaba insulina porcina, monotard mc 100 que aplicaba con jeringas terumo.

La herramienta más importante

Pasé muchos años, a mi entender, sin la herramienta más importante de todas: la educación en diabetes. Ésta es un complemento imprescindible, junto a la medicación e insumos. 

Y, pude probar que no es la vida con diabetes Tipo 1 la que trae complicaciones, sino, el desconocimiento. Hoy sabemos que este desconocimiento es tan grave cómo la falta de células beta o de insulina. 

Para el año 2004, ya tenía varias complicaciones iniciando en mis ojos, nervios y riñones. 

Pero, no era el momento, mi momento para buscar dónde y con quien aprender, o mejor dicho, desaprender lo aprendido, para aprender algo nuevo. 

En ese año, a la edad de 22, la madre de mi hijo y yo nos enteramos de que estábamos embarazados y en 2005 nació el Eze. Fue así como llegó una etapa nueva, hermosa, única, la de ser papá, joven, con algunos miedos y muchos sueños, y también con diabetes tipo 1, mal gestionada hasta ese momento. 

Pasaron los años, y aprendí, y continué con mi aprendizaje, a ser papá. La vida me dio la oportunidad de poder cuidar, compartir, conocer y sobre todo, querer ser el mejor papá para mi hijo. 

Cuidar y proteger a nuestros hijos

Pero claro, entre todas las cosas, estaba mi diabetes Tipo 1, sin la gestión necesaria para la vida con ella. Llegaron finalmente las complicaciones, la más complicada la hipoglucemia sin síntomas de alarma, lo cual es grave. Pasábamos mucho tiempo con Eze, durante un tiempo, por mi retinopatía proliferativa, no podía casi verlo, lo cuál me producía miedo, no por mí, si no por convertirme en una carga, para un pequeño de 6 años. 

Los padres estamos para cuidar, proteger y asistir a nuestros hijos, y en nuestro caso, parecía que iba a ser al revés. Fue en 2011 que comencé a aprender, a buscar profesionales distintos, quizás  más convencidos en que la diabetes Tipo 1 es una condición de salud, en la que se requiere mucha educación, practicar todos los días, cuestionarse y cuestionar, dónde hay no hay días malos, solo días en que nuestra glucemia puede revelarse, por muchos motivos, y requerimos del conocimiento necesario para gestionarla, y llevarla a valores naturales.

Comenzamos a estar atentos, a realizar más controles de glucemia, comenzamos con el conteo de carbohidratos, aplicación de insulina para la comida, bolos, y aplicación de insulina para bajar valores elevados. 

Y digo comenzamos, por qué a Pablo Ezequiel, nuestro hijo, el Eze, le tocó vivir muchas situaciones en las que me quedaba sin combustible, sin glucosa, y teníamos que elevarla. 

Ayudas gigantescas

Puedo decir que fue complicado hasta que llegó la bomba y el sensor, una ayuda gigante. Hasta el día de hoy, lo mejor de mi vida, es ser un orgulloso papá, que comparte la pasión por la economía y el deporte, basquet con su hijo. Y, qué entre muchas otras cosas, vive con diabetes Tipo 1, o mejor dicho, vivimos, por qué mi hijo acompaña, asiste y cura también, cuándo hay una hipoglucemia inminente, o cuándo hay que pegar los adhesivos en sensores. 

Papá, hijo y ser cómplices

Ser papá, es ser cómplice de aventuras, de nuevos aprendizajes, es tener paciencia, cosa que puede costar mucho en momentos de exceso de energía o hiperglucemia. 

Ser papá, y tener un hijo con el cual poder hablar de todo un poco, sin que te vea cómo un enfermo, por qué mi hijo también tiene educación en diabetes, es en parte, la paga que tiene una persona con dm1, al aprender y poner en práctica lo aprendido. 

En este trabajo de 24 hs, la paga es vivir con calidad de vida, junto a los seres que amamos, y gracias a la educación en diabetes, puedo ser un papá feliz, orgulloso, que camina al lado de su hijo, viéndolo crecer y ser una buena persona.

ESCRITO POR Pablo Javier Gianinni, PUBLICADO 08/02/21, UPDATED 08/07/21

Pablo Javier Gianinni, nació en el Jardín de la República Argentina, Tucumán, el 21 de febrero de 1983. Papá del Eze, y también de Paco y Miel, perritos, vivo con diabetes tipo 1, desde los 10 años de edad, soy Educador en Diabetes, certificado por Colegio Médico de Tucumán, amigo de muchos superhéroes, y de mamás y papás páncreas. Futuro esposo de Vane.