LAS PERSONAS CON DIABETES DESPUÉS DEL APOCALIPSIS
11/13/17
ESCRITO POR: FORESTER MCCLATCHEY

A la gente le fascina su propia destrucción, y las personas con diabetes no son la excepción.

Más particularmente, a las personas les fascina la destrucción hipotética de la sociedad y cómo sería la vida humana después. Los libros, películas y videojuegos que representan mundos postapocalípticos con frecuencia son exitosos (financieramente si no es que artísticamente), y es fácil ver por qué: hay un atractivo innegable en ponerse de forma inmaginaria en un mundo muy sombrío y peligroso, y movilizarse en él.

Quizás esto se deba a que sabemos que la civilización industrial ha ahogado el misterio del mundo, y un paisaje postapocalíptico es la versión más plausible de un mundo en el que podríamos enfrentar algo desconocido nuevamente.

Sin embargo, la civilización industrial también ha evitado que la diabetes tipo 1 se convierta en un apocalipsis privado en miniatura para quienes lo padecen (fue un apocalipsis para la mayoría de la historia humana). Lo que nos lleva a imaginar el apocalipsis es también lo que nos mantiene vivos a nosotros (las personas con diabetes). Es una paradoja difícil. Si la civilización fallara, si el andamiaje médico en torno a la vida diabética desapareciera, sospecho que las personas con diabetes llevarían las de perder.

¿Pero qué tanto llevaríamos las de perder? Esto es algo que pienso con bastante frecuencia. ¿Cuánto tiempo yo, una persona con diabetes tipo 1, sobreviviría después de un apocalipsis? Si los suministros de insulina se redujeran a nada, ¿durante cuánto tiempo podría correr a cazar ratas, pelear con otros saqueadores y entrenar a un ejército de perros para cumplir mis órdenes? ¿Cuánto tiempo tomaría antes de convertirme en un bocadillo inusualmente dulce para los caníbales? Todo esto depende, por supuesto, de la capacidad del cuerpo humano para sobrevivir sin insulina.

Antes de hablar con alguien sobre este tema, yo ya sabía que una persona con diabetes moriría rápidamente sin insulina, pero supuse que había cosas que podía hacer para estirar los últimos días, tal vez convirtiéndolos en semanas o meses. ¿Tal vez ayudaría evitar los carbohidratos por completo?

Esta línea de pensamiento es bastante antigua. Antes del descubrimiento de la insulina artificial, algunos médicos colocaban a sus pacientes con diabetes en una dieta de hambre, lo que prolongaría la vida de los pacientes hasta un año. Apollinaire Bouchardat, un médico francés, descubrió esto a fines del siglo diecinueve y obtuvo algunos éxitos genuinos con respecto a extender la vida de sus pacientes.

Sin embargo, este método no podría salvar a nadie; sin insulina, la glucosa en la sangre se concentra cada vez más y te envenena. La insulina es el único antídoto. Incluso si no comes nada, tu cuerpo se metaboliza a sí mismo, descomponiendo la grasa y los músculos en azúcares simples. Se producen dulces piscinas de veneno en tus extremidades y mueres.

Entonces, en un escenario apocalíptico, ¿una dieta de hambre (o una dieta de casi hambre) te dará un poco de tiempo? Probablemente no. Las dietas de hambre más o menos funcionaban porque los pacientes eran pacientes nuevos; es decir, su diabetes era reciente y todavía tenían algunas células beta no destruidas que producían un poco de insulina.

Para las personas que han tenido diabetes durante años, es poco probable que haya células beta disponibles para ayudar en un escenario postapocalíptico.

Wil Dubois escribió un buen artículo (“Our Lifespan Sans Insulin” – nuestra esperanza de vida sin insulina) en el que las implicaciones postapocalípticas para las personas con diabetes no son alegres; una vez que tu cuerpo ya no tenga insulina, la hiperglucemia y la cetoacidosis diabética (CAD) se establecerán en el periodo de uno o dos días. Una vez que te dé CAD sin acceso a tratamiento médico, lo más que razonablemente podrías esperar sobrevivir será de unos pocos días. Dos semanas como máximo.

Así que, en la superficie, las perspectivas para la persona con diabetes postapocalíptica no se ven bien. Está bien. ¿Hay más opciones?

¿Por qué no hacer lo que hizo Frederick Banting? Hizo un puré de páncreas de un perro, e inyectó eso en sus pacientes (tendrías que saquear algunas jeringas). Era un poco primitivo, claro, ¡pero funcionó! Además, estamos hablando de un apocalipsis; harás lo que tengas que hacer.

Sin embargo, desistamos de los perros y consideremos los animales que son más difíciles de antropomorfizar, como los cerdos y las vacas, y hagamos puré de sus órganos. ¿Funcionaría? Tal vez podrías inventar una especie de tubo que viajara del páncreas de un cerdo vivo a tu torrente sanguíneo. El cerdo te seguiría por todos lados, y ambos se verían muy geniales, conectados por el tubo y muy intimidantes, compartiendo insulina.

Le pregunté a mi hermano, un ingeniero biomédico que estudia la diabetes en Denver, sobre la idea del cerdo, y sorprendentemente, no me dijo: “Eres un idiota”. Me dio un consejo serio sobre cómo una persona con diabetes podría sobrevivir en un Apocalipsis, y luego me dijo amablemente: “No creo que los ‘cerdos mágicos’ sean una opción legítima”.

Está bien, está bien, así que los cerdos mágicos están fuera. Sigo pensando que se vería genial.

Su consejo serio fue este: acumular insulina, encontrar una forma de mantenerla fresca, hacer mucho ejercicio, evitar los carbohidratos innecesarios y esperar lo mejor. La acumulación de insulina puede ser difícil a menos que comiences temprano. Mantener la insulina fría podría ser problemático, dependiendo del clima, pero hay agradables cuevas frescas en la mayoría de los lugares, por lo que podrías esconder estos tesoros bajo tierra.

Imagino que “hacer suficiente ejercicio” no sería un problema, postapocalipsis. El problema sería evitar el agotamiento. Tu dieta consistiría principalmente de cerdos, que (supongo) en un apocalipsis estarían por todos lados. Esto sería bueno: mucha proteína.

Es poco probable que algo de esto se vuelva pertinente en nuestras vidas. Por eso estoy agradecido. Sin embargo, atrapado en la comodidad del mundo moderno, es divertido imaginar a una pandilla de personas postapocalípticas con diabetes paseando por un camino polvoriento, caminando junto a su cerdo mágico. Esa imagen es suficiente

 

 

FORESTER MCCLATCHEY

Forester McClatchey es escritor y pintor de Atlanta, Georgia; actualmente candidato a una Maestría en Bellas Artes (MFA, por sus siglas en inglés) en Poesía en la Universidad de Florida. Trabajó en una fábrica de metal, dibujó caricaturas para periódicos y trabajó como docente de un museo enseñando a los niños sobre los dinosaurios.