Mi alumno vive con diabetes Tipo 1. Él se convirtió en mi maestro.

10/19/18
ESCRITO POR: Ana Fernández Espresate

 

Hola me llamo Ana Fernández Espresate y soy maestra de primer grado en la escuela Herminio Almendros y quisiera compartir la experiencia que tuve al ser maestra de Lorenzo Melo.

Lorenzo vive con diabetes Tipo 1. Su diagnóstico llegó cuando el cursaba el tercer año de Jardín, hace aproximadamente un año y medio. Cuando llegó a primero de primaria, Lorenzo ya sabía medir su glucosa con un medidor lo cual me sorprendió ya que pues era muy chiquito todavía y yo no había tenido nunca cercanía con alguien que viviera con diabetes. Verlo tan independiente y responsable me conmovió profundamente.

Había tenido ya una cita con sus papás antes de empezar el ciclo escolar, para así poder comenzar con mi entrenamiento, como le llamo yo, para acompañar a Lorenzo todo el año. Los padres de Lorenzo me hablaron de la bomba de insulina,  la cual está conectada a un catéter por el que se le administra la insulina que necesita a la hora del almuerzo. Esta tecnología me pareció  muy práctica ya que así Lorenzo no tiene que inyectarse insulina varias veces al día.

Al principio me sentí insegura y él lo percibió ya que me pedía que yo le picara su dedito para medirlo y eso me provocaba ansiedad al sentir que podía lastimarlo. Luego de un tiempo, comencé  a hacerlo hasta que me acostumbré. ¡Nunca lo hice tan bien como lo hace él!

Lorenzo es un niño admirable en cuanto a  responsabilidad se refiere, y poco a poco ha ido desarrollándola un poco más para realizar su rutina. Todo este cuidado por sus niveles de glucosa en sangre fue de mucha utilidad para Lorenzo ya que le sirvió mucho también para reconocer los números ya qué él hace todo solo, Hasta ahora no he tenido la necesidad de tocar su bombita. El mismo teclea los números de la cantidad de carbohidratos y su nivel de glucosa. Se ha hecho un experto.

Este ciclo escolar, tuvimos la oportunidad de ir de campamento a un lugar llamado Camohmila a donde Lorenzo asistió sin su bomba de insulina. Durante nuestra excursión tuvo que administrase la insulina necesaria. Lorenzo aplicaba la inyección por si mismo pero bajo  mi supervisión y la de la paramédico, de quien recibimos siempre mucha ayuda.

La cuestión de los alimentos durante el campamento se controló bastante bien, ya que aprendí qué es la combinación y la suma de los carbohidratos y así tuvimos una gama muy amplia para el diseño de un menú adecuado no sólo para él sino para el resto de los niños. Así Lorenzo pudo comer prácticamente todo, aunque claro, tuvimos que llevar con nosotros un edulcorante artificial para  su leche con cocoa que esperaba ansiosamente mientras se le preparaba mirándome con la mirada de “ya apúrate, por favor”.

Mi experiencia con Lorenzo durante todo el ciclo escolar fue de un gran aprendizaje, la convivencia diaria, empezar a reconocer en sus ojitos, en su mirada cuando se sentía bajo, no siempre coincidía, a veces solo estaba cansado, en su inquietud e irritabilidad cuando estaba alto, ponerme en sus zapatos cuando algo se le antojaba pero no lo podía comer, la solidaridad, acompañamiento, respeto y curiosidad de sus compañeros desde el primer día de clases, al escuchar el sonido agudo y constante de la bombita, que al principio nos desconcertaba un poco.

Al principio nos sentíamos inquietos pues no sabíamos si este dispositivo sonaba porque su glucosa pudiera estar baja , pero fuimos aprendiendo que no siempre era así así, y, luego de unos días nos acostumbramos todos.

Fue muy bonito escuchar a Lorenzo explicar a sus amigos y compañeros cómo funciona su bomba de insulina y qué es la diabetes. En clase siempre había preguntas y respuestas.  Al principio acepto que me dio miedo, inseguridad de sentir que no iba a poder, que es mucho riesgo, pero el mismo Lorenzo me hizo sentir seguridad, ya que me ha enseñado que vivir con diabetes no tiene que representar ningún problema mientras se controlen los alimentos y la rutina necesaria que toda persona que vive con diabetes debe seguir.

La plática que nos dieron en la escuela me sirvió mucho también, la regla de 15 para el manejo de las hipoglucemias y otros conceptos que son clave   para la convivencia diaria. Lorenzo, y los conocimientos que poco a poco fui adquiriendo me hicieron   sentir muy segura de que no hay ningún riesgo si se está pendiente de esta sencilla clave, y tener siempre a su papá en llamada o mensaje fue muy reconfortante también. Logramos establecer un muy buen sistema de comunicación y ayuda.

En la escuela recibimos una plática impartida por una doctora joven, quien a su vez vive con diabetes. Además, me sorprendió enormemente que ella es deportista de alto rendimiento, y estuvo acompañada por la hermana de una chica que vive con diabetes.

Puedo decir que lo que más me sirvió y enriqueció fue el día a día con Lorenzo quién, yo digo que ha sido mi mejor maestro; en los recreos, en los juegos con sus amigos, en el trabajo en equipo, corriendo de aquí para allá, con su carita y sus ojitos diciéndome “me siento bajo”, y hoy en día que ya está en segundo, lo veo pasar y jugar en el recreo, seguir teniendo la oportunidad de apoyar a su nueva maestra y así seguir desarrollando conocimiento, aprendizaje, sensibilización y práctica de la tolerancia, empatía, inclusión, compañerismo, solidaridad, paciencia, transmitiéndola en el día a día con todas las compañeras y compañeros del salón y de la escuela.

La familia de Lorenzo ha abordado muy bien todo este nuevo proceso el cuál imagino ha sido también duro. No debe ser fácil pero hasta ahora puedo pensar que hemos hecho un  muy buen trabajo en equipo como hacemos con todos los chicos. En el caso de Lorenzo, el resultado fue fantástico. Su doctora siempre está informada sobre los niveles de glucosa de Lorenzo y eso nos ha dado, a quienes estamos a su cargo durante el horario escolar, mucha tranquilidad.

Ha sido un placer y privilegio haber tenido la oportunidad de convivir, aprender y formar parte de la formación y proceso de Lorenzo, con mucho amor.