Mi Camino De Santiago. El Recorrido de Ana.

7/15/19
ESCRITO POR: Ana Borthwick

 

 

 

El Camino de Santiago es una red de caminos que nacen en distintos puntos de Europa y que confluyen en Santiago de Compostela, originalmente siendo una de las 3 clásicas peregrinaciones de la Edad Media: Santiago de Compostela, Roma y Jerusalén. En los últimos años, estos caminos han ganado en popularidad siendo cada vez mayor el número de personas que los recorren. Aunque la motivación para realizar esta peregrinación no siempre es religiosa, de hecho se convierte en un camino espiritual y místico y en un camino de autoconocimiento, de aprendizaje, de encuentros, de aprender a soltar… es un camino interior con momentos de introspección o reflexión total y absoluta, en comunión con la naturaleza y con nuestros sentimientos al desnudo. También es un espacio para compartir con amigos nuevos y viejos, para explorar nuestros límites y aprender de los fracasos y frustraciones.

Visibilidad a la diabetes

Este Camino de Santiago es parte de una iniciativa de la Fundación para la Diabetes de Madrid con el objetivo de dar visibilidad a la diabetes y generar conciencia en la población en general. Se trabaja en conjunto con asociaciones de pacientes de distintas partes de España y es la culminación de 6 meses de entrenamientos y sesiones de formación sobre distintos aspectos de la gestión de la diabetes (alimentación saludable, prevención de complicaciones, tratamiento de hipoglucemias, actividad física, etc.). Este es el segundo año que participo como socia de la Asociación Diabetes Madrid y he descubierto no solo la posibilidad de compartir y estimularnos unos a otros para lograr nuestros objetivos sino también un grupo de personas maravillosas, con ganas de hacerle frente a todo lo que se pueda presentar, apoyándose unos a otros en forma incondicional y desde ese “entender” al otro desde las experiencias y vivencias personales.

Esta iniciativa se orienta principalmente a personas con diabetes tipo 2 porque, como sabemos, es una enfermedad que se puede llegar a prevenir si se toma conciencia y se desarrollan hábitos saludables. Pero al margen del “pequeño detalle” de la prevención, con diabetes tipo 1 también nos beneficiamos enormemente con la realización de actividad física en forma regular y otros hábitos saludables que son positivos para todo el mundo. Aunque el principal objetivo es visibilizar la diabetes y generar conciencia, creo que el principal logro es poder mostrar que con diabetes se puede, independientemente de la edad. La gran mayoría de los participantes hace rato que dejamos de ser adolescentes y muchos ya han alcanzado la edad jubilatoria, pero eso no nos detiene y lo disfrutamos como si fuéramos adolescentes. 

Entrenamientos, retos y desafíos

Durante los 6 meses anteriores al Reto cada asociación organizó entrenamientos grupales que fueron aumentando su dificultad en cuanto a distancia y complejidad del terreno. Yo obtuve una dispensa porque vivo a 10.000 km de la sede de mi Asociación, pero gracias a la tecnología y las comunicaciones modernas, salía a entrenar prácticamente en paralelo con mis amigos de la Asociación Diabetes Madrid y asistía a las formaciones en forma virtual. El principal desafío que me planteó el entrenamiento fue encontrar la forma de hacerlo en pendientes y cuestas ya que vivo en una gran llanura en una ciudad casi plana, pero lo resolví (en parte) subiendo y bajando las escalinatas de una universidad cercana a mi casa… al trote. Otro aspecto importante era la seguridad, tanto en lo que hace a la seguridad general eligiendo horarios concurridos ya que la mayoría de las veces iba sola, sino también para evitar posibles hipoglucemias o episodios que pudieran ponerme en riesgo. 

El verdadero reto del Camino cuando se tiene diabetes es lograr mantener glucemias en equilibrio y medianamente en rango: una hipo nos obliga a detenernos para recuperarnos y una hiper (por lo menos en mi caso) puede resultar en falta de energía para seguir adelante, siempre y cuando no supere los valores de seguridad y corramos el riesgo adicional de cetonas. Nosotros hicimos nuestra parte entrenando para desarrollar resistencia y conocer la respuesta de nuestro organismo al ejercicio prolongado y constante (cuestas incluidas), pero con diabetes ya sabemos que los resultados no siempre son los anticipados y los imprevistos nos pueden salir al encuentro cuando menos lo esperamos. Esto se cubrió desde la organización con un increíble grupo de médicos y enfermeras (algunos de ellos también con diabetes), todos maravillosamente humanos y capacitados, comprometidos con su tarea, siempre atentos y pendientes de todos, lo que nos daba mucha seguridad y tranquilidad en todo momento. Además, el simple hecho de estar caminando junto a tantas otras personas con diabetes (tipo 1 y 2) que entienden lo que se siente y piensa sin que medien palabras hace que, aunque la exigencia física sea alta, el camino parezca infinitamente más llevadero y “liviano” porque uno se siente acompañado y sostenido todo el tiempo.

La tecnología como aliada

Tengo la buenaventura de contar con bomba de infusión y sistema de monitoreo integrado (Minimed 640G), con lo cual es más sencillo mantener mis valores de glucemia en rango. Para mí, y es mi opinión personal, la tecnología ha sido un factor esencial para animarme a hacer una experiencia como la del Camino. Como soy (y siempre he sido) totalmente asintomática en mis hipoglucemias, naturalmente es algo que me genera temor. Pero contar con la tecnología me ha ayudado a superar un poco estos miedos, a animarme a participar de experiencias un poco más “arriesgadas” y disfrutar de la vida con mayor libertad. Es mucho más fácil darle un vistazo a la pantalla del monitor y echarse en la boca un par de pastillas de glucosa si hace falta que detenerse a medir la glucemia cada tanto tiempo (lo que con mis miedos probablemente sería como mínimo cada 30 minutos). La suspensión predictiva del sistema que utilizo resulta en prácticamente 0 hipoglucemias y la posibilidad de hacer “micro correcciones” cuando la glucemia está un poco más alta de lo ideal es algo que valoro enormemente. Pero la tecnología no es infalible, y en la mochila también llevaba mi glucómetro y agujas e insulina por si la microinfusora fallaba, pastillas de glucosa, una fruta, suficiente agua… aunque varias decenas de personas podrían haberme ayudado en caso de ser necesario.

Me encantaría poder participar en otras experiencias de este tipo en Argentina. Experiencias pensadas para adultos con diabetes, experiencias de aprendizaje en las que podamos compartir con otros en situaciones similares y realmente darnos cuenta que todos tenemos nuestros días buenos y otros no tanto. Que todos tenemos cosas para aprender y enseñar, que al compartir nos beneficiamos como colectivo de personas con diabetes ya que nadie tiene todas las respuestas. Los adultos con diabetes tipo 1 somos un poco los huérfanos del sistema ya que la diabetes tipo 2 representa la mayoría de los adultos con diabetes, y en tipo 1 la gran mayoría de iniciativas se concentra en niños y jóvenes y parece esperarse que los adultos tengamos todo ya resuelto y asumido y que no necesitemos gran cosa después de supuestamente tantos años de evolución de nuestra diabetes (olvidando que prácticamente la mitad de los diagnósticos de tipo 1 corresponden a personas mayores de 35). Esta experiencia del Camino de Santiago no es la excepción ya que su foco es la diabetes tipo 2, pero incluye un porcentaje menor de diabetes tipo 1 (casi en la misma proporción que en el mundo real) y para todos representa una increíble experiencia de aprendizaje y crecimiento personal.

Mi grupo de pertenencia

Mi grupo “de pertenencia” son mis compañeros de la Asociación Diabetes Madrid con los que nunca dejé de entrenar desde que terminamos el Camino el año pasado y casi sin pausa empezamos a prepararnos para el desafío de este año. Todos y cada uno de los peregrinos con los que compartí este Camino son héroes y heroínas en su día a día, no permiten que la diabetes los limite ni que les robe el entusiasmo o la alegría de vivir. Cada desayuno, cada picnic a la vera del camino o junto a un río, cada cena compartida, cada conversación un poco más íntima acompañada de un par de tragos es un canto a la vida, es un alto en el camino para poner en perspectiva nuestra cotidianeidad individual, es saber que no estamos solos y sentirnos acompañados por personas que entienden lo que sentimos y vivimos con nuestra diabetes sin necesidad que medien palabras, son personas que nos comparten su fuerza para no dejarnos abatir por esos días con glucemias rebeldes, valores fuera de rango o simplemente frustrantes en otros aspectos. 

Y todo esto no sería posible sin el magnífico equipo de la Fundación para la Diabetes que dan lo mejor de sí mismas para hacer que este reto sea un éxito y una experiencia que a muchos nos deja una marca indeleble, amigos entrañables y el deseo la satisfacción de mostrar que “con diabetes se puede”.


Fundación para la Diabetes: https://www.fundaciondiabetes.org/

Asociación Diabetes Madrid: https://diabetesmadrid.org/

 

Ana Borthwick

Ana es traductora y vive en Buenos Aires con su familia y su fiel compañera, doña Diabetes. Siempre inquieta, suma a su actividad profesional en forma independiente un blog y presencia en las redes sociales buscando difundir información sobre la diabetes que permita a más personas lograr un mejor control. Más sobre Ana y la vida con diabetes en Yo Diabetes