MI IMAGEN CORPORAL Y LOS INCONVENIENTES DEL PERFECCIONISMO

8/1/16
ESCRITO POR: Emma McGrath

Advertencia: este artículo contiene contenido sensible sobre trastornos alimenticios.

Mi diagnóstico de diabetes tipo 1 en el segundo mes de mi primer año en el college (institución de educación superior) puso mi mundo al revés. Hacía un mes y medio que me había trasladado a mi residencia universitaria y ya mi vida nueva en el college se había convertido en una  imagen turbia de lágrimas y agotamiento, así como de sed y micción excesivas. Pronto estaba yendo múltiples veces al baño durante la noche y empecé a dormir en el piso porque era más fácil que estar subiendo y bajando de mi cama litera de la residencia. La mayoría de mis síntomas los había atribuido al estrés de aclimatarme a mi nueva vida, pero finalmente me di cuenta de que la sed constante y las idas al baño no eran normales.

Me vio un médico en los servicios universitarios de salud y fui hospitalizada inmediatamente con el diagnóstico de diabetes tipo 1. Durante mi primera visita con un dietista, después del diagnóstico, me explicó cómo podía acumular grasa bajo mi piel debido a las inyecciones (lipohipertrofia) y cómo la insulina podía causar aumento de peso. Me fui de la cita llorando.  Lo único que escuché fue insulina, la cual para mí era sinónimo de gordura.

Voy a regresar en el tiempo: durante los últimos 5 años luché recurrentemente en silencio por la imagen de mi cuerpo y un trastorno alimenticio. No importaba lo que la pesa marcara, para mí siempre era demasiado y nunca me sentía cómoda en mi propia piel. Era obsesiva con mi comida por eso comía muy poco, pero luego me sentía extremadamente hambrienta y entonces comía demasiado. Me sentía culpable, avergonzada y como que no valía nada cuando comía en exceso y reaccionaba tratando de vomitar lo que había comido. El círculo vicioso de darme los atracones de comida y luego vomitar lo mantuve periódicamente por 5 años. A pesar de que era atlética y practicaba muchos deportes en la escuela secundaria y la preparatoria, y que siempre estaba en forma, nunca sentía que era lo suficientemente buena. Cuando estaba relativamente bien, al iniciar el college, me negué a recibir terapia ambulatoria en la preparatoria y no abordé completamente mi trastorno.

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El diagnóstico de diabetes tipo 1 me regresó al punto de partida. Repentinamente me sentí dañada y como un alfiletero. Mi ilusión de ser perfecta y tener un cuerpo perfecto se desmoronó. ¿Cómo podía ser perfecta si necesitaba insulina cada día para sobrevivir y mi estómago quedaba con moretones y marcas debido a las inyecciones?  No solamente se trataba de las marcas físicas sino que del conteo constante de todo lo que comía y la necesidad de calcular y administrarme la insulina. De pronto tuve que enfocarme en mi comida otra vez y analizar todo lo que comía. En mi cabeza, yo relacionaba la insulina con el aumento de peso.

No pasó mucho tiempo para que empezara a dejar de ponerme las inyecciones, solamente me administraba la insulina suficiente para mantenerme fuera del hospital. Aunque era difícil de funcionar con los niveles altos de azúcar en la sangre, tenía mucho miedo de subir de peso por la insulina. No podía funcionar muy bien en la universidad y estaba malhumorada, sedienta y cansada constantemente. Sabía que estaba dañándome y que necesitaba detenerme pero no podía hacerlo sola.

 

Pasé años odiándome a mí misma y tratando de cambiar, pero usaba una “herramienta” peligrosa para perder peso, una que podría tener efectos devastadores en mi cuerpo a largo plazo. Después de que los resultados de mi A1c aumentaron dramáticamente y que mi mamá mostrara su preocupación durante una cita con el médico, mi endocrinólogo me envió a ver a un experto en salud mental. Ese fue el punto decisivo que me llevó a tener un gran equipo para tratar la diabetes, el cual incluyó el cuidado de mi salud mental.

 

Durante los últimos cuatro años he trabajado para estar saludable, tanto física como mentalmente. He logrado abordar mis problemas relacionados con la imagen de mi cuerpo. Y, despojándome poco a poco de mi perfeccionismEmma_McGrath_4-660x660o, he logrado aceptar mi cuerpo y también mi diabetes.    

 

Trabajando con varios dietistas, he aprendido cómo alimentar mi cuerpo por medio de la nutrición. Además, disfruto preparar y cocinar comida saludable. Me gusta correr para ejercitarme y eliminar el estrés; he participado en muchas carreras incluyendo de 5 kilómetros (5k) y media maratón.

Como saludable, hago ejercicio y manejo mi diabetes no porque odie mi cuerpo sino que porque lo amo. No estoy en un peso perfecto, pero estoy en un peso saludable. 

Con un sistema de apoyo increíble de familia y amigos, un equipo para tratar la diabetes que incluye el cuidado de mi salud mental y la aceptación de mi diagnóstico y de mí misma, me siento más fuerte que nunca.

Emma McGrath

Emma vive en Madison, Wisconsin. Fue diagnosticada con DM1 cuando tenía dieciocho años. Ahora tiene 22 y ¡se graduará en mayo de la universidad de Wisconsin - Madison, con el grado de Bachelor (licenciatura)! Envió una solicitud para ingresar en otoño a la escuela de posgrado para la carrera de Terapia Ocupacional. Poco después de su diagnóstico, se le presentó una oportunidad de cuidar a un niño de 9 años con DM1. ¡Tuvo una magnífica experiencia y se dio cuenta que le encanta trabajar con niños! Espera trabajar en pediatría y es muy apasionada de su trabajo con niños de todas las capacidades, pero especialmente con autismo, discapacidades relacionadas con el desarrollo y diabetes tipo 1.