Mi tiempo en Nairobi

4/5/17
ESCRITO POR: Randall Barker

Una rápida mirada a mi muñeca mostró que Dexcom leía 92 mg/dl (5 mmol/L) con una línea plana y estable. Eso era algo bueno porque llevaba cargada una caja de antibióticos de 20 libras e intentaba no caerme sobre las rocas del tamaño de puños que sobresalían del suelo. Todavía me faltaba un cuarto de milla para recorrer el trayecto de media milla hasta el lugar donde se instalaría una clínica médica. Era parte de un grupo de voluntarios que incluía a varios médicos en un viaje de atención médica en Nairobi, Kenia. En este día estábamos visitando los barrios marginales de Tassia en Nairobi. Nunca pensé que estaría del otro lado del mundo de viajero o que sería alguien con diabetes Tipo 1 en un viaje de misión médica, pero ahí estaba.

Llegué a Nairobi dos días antes de esto después de haber pasado cerca de 20 horas en un avión. Mi cuerpo se estaba aclimatando a la diferencia del horario; había hecho cambios en las tasas basales y en el bolo de mi bomba de insulina durante el vuelo, lo que ayudó a mantener mis valores de glucosa en la sangre dentro del rango. Eso era algo genial porque este era el segundo día de un viaje de 10 días para las clínicas médicas, y este fue definitivamente uno de los días más difíciles.

 

Implicaba una caminata de media milla a través de un terreno difícil lleno de rocas. No había pavimento, solo tierra y rocas en el sendero de unos 10 pies de ancho. Las tiendas y las casas se fusionaban a ambos lados del camino que dejaba muy poco margen para maniobrar. Finalmente, el grupo llegó al lugar de la clínica. Había 12 personas en nuestro grupo y configuramos rápidamente la clínica para incluir estaciones para tres médicos y una pequeña farmacia.

Los residentes del barrio pobre comenzaron a alinearse. La clínica se abrió y se atendió a los pacientes. Dado el volumen de gente que se iba a atender, había poco tiempo para los descansos de los voluntarios. Afortunadamente tenía mi MCG (medidor continuo de glucosa). donde podía mirar rápidamente mi muñeca para determinar mis niveles de glucosa. En un momento dado miré hacia abajo y vi 68 mg/dl con flechas dobles apuntando hacia abajo. ¡Oh no! Agarré mi mochila que contenía mis suministros y me tomé rápidamente 2 cajas de jugo. Mi nivel de glucosa bajó a alrededor de 50 mg/dl antes de que comenzara a subir de nuevo. Agarré unas tableta de glucosa para masticar. Crisis evitada y continué con mi trabajo. Nuestro grupo vio a 418 pacientes ese día.

Antes de abordar el primer avión, le dije a mi grupo que mi kit de glucagón de emergencia estaba guardado en mi bolsa, pero esperaba no tener que usar el kit. Hice más ajustes a las tasas basales e incluso configuré alertas para que se activaran a un nivel de glucosa más alto, solo para asegurarme de que hubieran menos sustos después de ese día. A pesar de que estaba con un grupo que incluía varios médicos, quería asegurarme de hacer todo lo posible para evitar la necesidad de atención médica durante el viaje. Guardé mis suministros para la diabetes en una mochila que llevaba conmigo todo el tiempo. En esa mochila llevaba sets de infusión adicionales, jeringas, insulina, tabletas de glucosa, gel de glucosa e incluso cajas de jugo. Junto con esos suministros llevaba dos medidores de glucosa por separado en caso de que tuviera un problema con uno de los medidores. Cada tarde, cuando nuestro grupo regresaba a nuestra casa, revisaba mis suministros y volvía a reemplazar todo lo que usaba durante el día.

En nuestro grupo había un total de tres médicos. Uno de ellos fue el pediatra de mis hijos, uno de los líderes del equipo del grupo. Siempre lo he admirado y ver su trabajo anterior en viajes a África antes fue una de las fuerzas motrices para que yo fuera en este viaje. Los otros dos médicos eran residentes de Kenia. Vivían ahí y brindaban atención médica a los residentes de los barrios marginales todo el tiempo. Uno de mis mejores recuerdos del viaje consistió en tener conversaciones sobre la diabetes Tipo 1 con una de los médicos.

Ella nunca había visto una bomba de infusión de insulina o un MCG en la vida real. Ella solo había visto fotos de estos dispositivos en los libros de texto. Se sorprendió en una ocasión en la que le mostré mi medidor de glucosa transmitiendo de forma inalámbrica mi lectura de glucosa en la sangre a mi bomba de insulina y luego ver que se administraba un bolo de corrección. Luego ver la lectura del MCG en mi teléfono y la simple diferencia de 10 mg/dl (0.5 mmol/L) del valor sacado con pinchar el dedo meñique la sorprendió aún más.

En una ocasión, cuando era hora de cambiar mi equipo de infusión y MCG al mismo tiempo, le pregunté si quería ayudarme. Sus ojos se iluminaron y ella respondió, “Sí”. Nunca había visto a alguien mirar con tanta atención y cercanía como ella lo hizo. Fue muy gratificante poder compartir esta experiencia con ella de primera mano. No había una gran cantidad de personas con diabetes Tipo 1 en el área. Poder mostrarle al médico algunas de las herramientas diarias para la diabetes que tenía a mi disposición fue un gran privilegio.

El viaje cambió mi vida en muchos niveles. No solo pude hacer un impacto positivo en algunos de los kenianos, sino que me dejó un impacto muy positivo. En cierto modo, me quitó algunos pensamientos de duda que había enterrado en mi mente. Hubo un momento hace varios años que surgió la oportunidad en la que podía viajar al extranjero para mi antiguo empleador. Hablé con mi supervisor en ese momento sobre mi deseo de estar en el grupo que viajaba al extranjero. El grupo iba a viajar a Shanghai, China. La respuesta de mi supervisor a mi solicitud fue: “Tienes diabetes, ¿y si sucede algo? Quizás este viaje no sea una buena idea para ti”.

Esa respuesta siempre me molestó simplemente porque sentía que estaba permitiendo que la diabetes me detuviera. Ese no fue el caso para este viaje. No surgieron preocupaciones que no pudiera manejar debido a tener diabetes. Otro resultado positivo de mi viaje fue el ejemplo que le dio a mi hija. Ella es adolescente y también tiene diabetes Tipo 1. Siempre he tratado de ser un modelo positivo para ella en términos de control de la diabetes. Siento que ella pudo ver que la diabetes no puede detener a una persona si no se lo permites. Nunca olvidaré el viaje y la gente que conocí en África. Para mí, esta fue una experiencia que realmente me permitió vivir “Más allá de la diabetes Tipo 1” (Beyond Type 1).

Randall Barker

Randall Barker actualmente vive en Texas. Ha tenido diabetes Tipo 1 durante los últimos 26 años. Tiene 3 hijos, de los cuales una es su hija adolescente con diabetes Tipo 1. Está muy involucrado en los esfuerzos de activismo que le han llevado a viajar a Washington DC para hablar con los legisladores sobre la diabetes, así como también a crear su propia agencia local sin fines de lucro para ayudar en los esfuerzos de abogacía por la diabetes a nivel local.