Pinchazos y otras feas verdades sobre esta enfermedad


 

Dentro de los primeros 30 minutos después de despertar, ya me he pinchado tres veces. Una para controlar mi nivel de azúcar en la sangre, otra para mi insulina de acción rápida y otra para mi insulina de acción prolongada. Dentro de los 30 minutos después de los pinchazos, aparece la posibilidad de que aparezcan niveles bajos de azúcar en la sangre que amenazan mi vida: ¿la posibilidad de un pinchazo de emergencia con glucagón, o tal vez solo jugo o algunas tabletas de glucosa? Es mejor que me mida nuevamente para asegurarme unas horas más tarde, con un total de cinco pinchazos antes de las 10:00 a. m. Otra medición en el almuerzo y otra inyección de insulina de acción rápida. El número total de pinchazos para el almuerzo ya es de siete. El costo total de tener diabetes por la mañana ya es de $24.00 canadienses.

Después del almuerzo está la medición de la tarde, así que ahora ya son ocho pinchazos y sí, para aquellos que se preguntan, aún duelen; no hay nada de natural sobre sentir cómo se te clava una pieza de metal para que puedas vivir para ver otra hora. Cuando finalmente es hora de cenar, que significa otra medición y otra inyección de insulina de acción rápida, el número total de pinchazos llega a diez. (Un recordatorio de que entre todas estas agujas y resultados de las mediciones hay muchos pensamientos sobre el conteo de carbohidratos contenidos en el tamaño de las porciones, planificación ininterrumpida de la probabilidad de cómo el ejercicio, las emociones, otras preocupaciones de salud o casi cualquier cosa puede estar jugando con el rango objetivo de azúcar en la sangre perfecto.).

kayla-pollock-4Hay un equilibrio entre tratar de no sentir el efecto del cansancio y la náusea de un nivel alto de azúcar en la sangre o el riesgo increíblemente real de un nivel bajo grave que puede conducir rápidamente a un coma o la muerte. También hay siempre una planificación por adelantafo, dos pasos por delante de esta enfermedad, porque siempre me está persiguiendo, siempre amenazándome con los riesgos de una expectativa de vida mucho más baja, amputaciones, ceguera, insuficiencia renal por nombrar algunas cosas.

Después de la cena viene una merienda a la hora de acostarme, lo que significa que habrá tres pinchazos más, una medición, una inyección de insulina de acción prolongada y una pequeña inyección de insulina de acción corta mezclada con conteo de carbohidratos y volver a configurar las alarmas nocturnas para despertarme y volver a medirme. Número total de agujas necesarias para vivir el día de hoy, 14 y ahora un total de $46.45 canadienses para vivir otro día.

Una prueba más durante la noche trae el promedio total a 14 agujas por 24 horas, eso suma 5,110 agujas por año solo para sobrevivir. Eso es casi $17,000 canadienses por año solo por estar enferma. Esto no toma en cuenta las muchas, muchas extracciones de sangre que se necesitan en el hospital o en el consultorio del médico, necesarias para monitorear cómo los efectos de la enfermedad están afectando aún más mi vida. Esto no toma en cuenta las pruebas adicionales necesarias durante el ejercicio o la enfermedad, ni toma en cuenta los aumentos repentinos en el costo de las tiras reactivas o la insulina.
Cada vez que tiro otra tira reactiva a la basura, me recuerda que me costó exactamente $1.00 canadiense medirme, sin mencionar los dedos que duelen y arden con pequeños agujeros perforados en ellos por los últimos 20 años. Esto tampoco toma en cuenta las emergencias, los momentos en que se necesita una inyección de glucagón para salvar mi vida, y cada vez que se saca la aguja de la caja, se pierden otros $101.59 por cuidado de la diabetes: $20,000 anuales, un promedio de 6,101 inyecciones dolorosas, la cantidad de lágrimas lloradas de frustración, la vergüenza de ser juzgada, las innumerables horas perdidas gastadas para tratar de equilibrar el hecho de ser una nutricionista, con ser una doctora y una paciente. No hay descansos, no hay vacaciones. Esta enfermedad no celebra la Navidad ni los cumpleaños, no se detiene,
Esta enfermedad me persigue donde sea que corra, está allí cuando duermo, la realidad de sus peligros me atormenta. Juega con mis emociones ya que me preocupa que algún día mis hijos puedan desarrollar la enfermedad. Amenaza la crianza de mis hijos cada vez que necesito ser admitida en el hospital. La he visto romper relaciones, la he visto tomar las vidas de jóvenes que conozco mientras dormían, la he visto matar lentamente con el tiempo. He visto la devastación de una familia vendiendo todo lo que tienen para que su hijo de 5 años tenga el privilegio de vivir otro día. Si bien la diabetes Tipo 1 es la quinta causa principal de muerte en 2015, está directamente relacionada con la 2ª, 3ª y 4ª causas principales. Incluso en persona que se cree que tienen un control óptimo, la enfermedad roba un promedio de 15 años de la vida promedio.
Es una enfermedad silenciosa que muchos simplemente no pueden ver. He visto a seres queridos apartarse con repugnancia mientras preparo mi inyección. Me han pedido que justifique la razón de tener agujas mientras intento abordar aviones. Han habido personas que han pensado que estaba usando drogas ilegales por vía intravenosa. Y probablemente lo peor de todo es que la gente me ha mirado y niega que haya algo malo en mí, que la diabetes no es una enfermedad real. Luego están las muchas acusaciones de que podría curarla con dieta y ejercicio o que la tengo por comer demasiada azúcar.
Entonces, ¿cómo intentas escapar de una enfermedad que nunca te abandonará? He aprendido a aceptar las cosas que esta enfermedad me ha dado. La capacidad de conocer la cantidad de carbohidratos o azúcares de casi cualquier alimento, la capacidad de calcular grandes cantidades de datos médicos a un ritmo rápido, la forma en que he tenido que aprender a estar en contacto para confiar en cómo me siento. Conocer la diferencia entre una emergencia y una escapada por un pelo. Poder ser madre de forma segura y saber siempre dónde están las salidas. Poder a veces depender de otros para los horarios para constatar que estoy bien cuando es posible que nunca me haya conectado con ellos. Conocer personas increíbles que luchan con los mismos horrores, esta enfermedad me ha ayudado a darme cuenta de los beneficios del uso de perros para reemplazar los pinchazos con agujas, me ha permitido tener un estilo de vida que ayuda a otros que luchan como yo a encontrar un compañero canino que algún día podría salvarles la vida, como mi propio perro lo hizo por mi hija no nacida cuando mi nivel de azúcar en la sangre estaba peligrosamente alto. Cuando observas la enfermedad con una lente diferente, es más fácil tener esperanza para el mañana, incluso mientras sigas luchando hoy.
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Lee todo sobre los perros de alerta diabética (DAD) y Mi acto de equilibrio – Superar la ansiedad de la diabetes Tipo 1 por Alexi Melvin.

 

 

ESCRITO POR Kayla Pollock, PUBLICADO 12/15/16, UPDATED 07/23/18

Kayla es una persona con diabetes Tipo 1 de 30 años que ha estado viviendo con la enfermedad durante 20 años en Ontario, Canadá. Ella trabaja como especialista en comportamiento animal certificada con un interés especial en perros de servicio. Actualmente tiene un perro alerta diabética llamado Gander; él es un Cane Corso de 6 meses de edad.