Sálvate por la boca


 

Pienso en la comida que me gusta y esta boca mía se hace agua.  Se despierta mi creatividad y comienzo a imaginar cada plato del día. Para el desayuno quiero tostadas de pan integral remojadas con mantequilla de coco y yerba buena, acompañadas con  chocolate negro caliente en leche de  almendras. Para el almuerzo hoy me apetece tortilla de queso manchego con tomate y albahaca sobre una cama de germinados de kale y aguacate relleno de amarillos salpicado con salsa de yogurt griego y ajo. Para finalizar el día, para la cena, se me antojan alcapurrias rellenas de garbanzos con ensalada verde salpicada con vinagre balsámico.

En la noche decidí no ingerir ningún tipo de grasa, ni tan siquiera un pedacito de aguacate. Al llevar mis anotaciones -que en ocasiones son mentales-, he notado que mis niveles de azúcar en sangre se elevan por encima de mi rango deseado. Resuelta esa situación, al menos por el momento, me mantengo en rango ingiriendo 1 ó más dátiles considerando mis niveles de glucosa en sangre, así como la intensidad del ejercicio que haya practicado durante el día y/o la noche. De igual forma siempre, pero que siempre, pongo más de una alarma durante la noche en esos relojes análogos que suenan muy fuerte, ya que ni la alarma de mi MCG ni la de mi celular logran despertarme. 

Pues si, yo decidí salvarme por la boca aunque, como evidentemente se nota en el párrafo anterior, la comida no es mi único salva vidas. Son muchas las herramientas que he tenido el gusto de conocer y que afortunadamente tengo a mi alcance para vivir bien con diabetes tipo 1, pero quien adoro que me salve es la comida. 

Me siento súper confiada y segura de mí misma cada vez que preparo mis platos. Además de satisfacer mis gustos y apetito, me siento creativa de formas útiles a mi bienestar y al de mis allegados. Salvarme por la boca significa comer lo que disfruto, lo que por suerte en mi caso coincide con lo que entiendo y me hace bien. Así intento manejar mejor al menos uno de tantos factores que intervienen con los niveles de glucosa en sangre. 

Cada vez que comienzo a imaginar el plato que prepararé me siento sexy. Visualizar los colores de los alimentos que adornan y enriquecen mis platos me abre el apetito y me provoca una sensación de bienestar. 

Comer es uno de los más grandes placeres. Si tienes la fortuna inmensa de acercarte a la comida que te gusta de formas saludables sin duda se eleva el ánimo y contribuye a disminuir la A1c. 

ESCRITO POR Roxana Dávila, PUBLICADO 06/01/22, UPDATED 05/27/22

Roxana tiene 45 años y fue diagnosticada con diabetes Tipo 1 el 19 de febrero de 2018. Es maestra de yoga desde hace 3 años, y cuidadora, hace 40, de perros, gatos, peces, caballos, ovejas, aves, conejos y cerdos, en su casa. Vivir cerca de plantas, animales y naturaleza es normal para ella. Roxana ama la literatura y posee una maestría en teoría de la comunicación, así como estudios doctorales en historia, ambos en del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico. Le encanta la mantequilla de coco.