No Todos Pueden Trabajar Desde Casa: Abordando la Seguridad del Trabajador Durante Covid-19


 

 

Nota del editor: este artículo fue una colaboración entre Beyond Type 1 y diaTribe. Haz clic aquí para ver más recursos de diaTribe sobre el COVID-19.


En mayo, un programa de pruebas en el Distrito de Mission en San Francisco examinó a casi 3,000 personas que viven y trabajan en un área de 16 cuadras cuadradas para detectar casos activos de coronavirus. Ninguna de estas personas había recibido una prueba anteriormente, y algunas tenían síntomas, pero la mayoría no. El dos por ciento en general, incluidos los que trabajan y viven en el vecindario, dieron positivo. Cuando los datos se desglosaron entre los residentes del vecindario y los trabajadores, quedó claro un problema subyacente: de los resultados positivos, solo el 1.4 % eran residentes, mientras que el 6 % eran trabajadores.

Para muchas personas, minimizar su riesgo de contagio de COVID-19 no concuerda en absoluto con su necesidad de seguir recibiendo un salario y manteniendo la cobertura del seguro médico. Quedarse en casa es un privilegio, y no es una opción para muchas personas, incluyendo muchas que sufren de diabetes.

La JDRF – Beyond Type 1 Alliance lanzó recomendaciones para el coronavirus para personas con diabetes Tipo 1 y Tipo 2 para tratar de mantener a nuestra comunidad lo más segura posible. A medida que cambian las restricciones y las personas regresan al trabajo, nuestros expertos recomiendan “hacer que el trabajo sea lo más seguro posible”. Pero ¿qué significa esto realmente? ¿Y cómo es posible? Para desglosarlo aún más, se recomienda a las personas con diabetes que:

  • trabajen desde casa tanto como puedan;
  • modifiquen los procedimientos de trabajo para mantener una distancia de seis pies (o dos metros) con las demás personas;
  • ajusten su horario para no encontrarse con muchas personas en momentos muy concurridos;
  • y exijan adaptaciones (como opciones de trabajo flexibles) para las personas de alto riesgo.

Si bien estas recomendaciones son recordatorios importantes para aquellos que tienen la suerte de necesitar solo un empujón para cambiar su comportamiento individual, estos casos son limitados. Los lugares de trabajo tienen cierta responsabilidad de establecer políticas y procedimientos para proteger a sus empleados, pero no todos los lugares de trabajo pueden adaptarse a las circunstancias de la pandemia. Las personas con diabetes en muchos campos laborales esenciales (personas que han estado trabajando durante toda la pandemia, como los empleados de supermercados, las enfermeras, los obreros o los conductores de entregas a domicilio), tienen mucha menos posibilidad de protegerse en el trabajo. Y sabemos que las personas con diabetes tienen un mayor riesgo de infección grave y complicaciones por el COVID-19.

En el Distrito de Mission en San Francisco, las ocupaciones populares entre los trabajadores evaluados incluían trabajos en la industria de alimentos y bebidas o en industrias comerciales como la construcción. De los que dieron positivo con el virus, el 90 % indicó que no podía trabajar desde casa, y el 89 % gana menos de $50,000 al año (a pesar de que San Francisco es una de las ciudades más caras de los EE. UU.). La falta de viviendas económicas es otro problema creciente en San Francisco que afecta desproporcionadamente a los trabajadores con salarios bajos. La “opción” de trabajar desde casa o perder un salario no es una opción en absoluto.

En un vecindario tan vivo y culturalmente diverso como el Distrito de Mission, el distanciamiento social ciertamente ha sido un ajuste difícil. El Distrito de Mission alberga una gran variedad de restaurantes, bares y tiendas, y los residentes de clase trabajadora constituyen la mayoría de los empleados en estos negocios esenciales. Estos negocios han permanecido abiertos durante la pandemia para mantener viva y conectada a la comunidad, y para retener una fuente de ingresos y evitar el cierre permanente.

“Quedarse en casa es un privilegio. El distanciamiento social es un privilegio”, escribió Charles M. Blow en The New York Times. “Las personas que no pueden hacerlo, deben tomar decisiones terribles: quedarse en casa y correr el riesgo de morir de hambre o ir a trabajar y correr el riesgo de contagio”.

Todas las personas con diabetes en los Estados Unidos han experimentado el peso adicional de lo que significa un “empleo”. Un trabajo no es solo un trabajo: es ganar un salario que va directamente al costo de los medicamentos, los copagos de citas o la compra de un plan de seguro médico. Un trabajo es el boleto al seguro médico patrocinado por el empleador para poder cubrir las necesidades básicas. Sin seguro, el costo de la diabetes en los Estados Unidos puede ser abrumador económicamente. Existen los programas de asistencia al paciente para ayudar con el costo de los suministros, pero existen lagunas y obstáculos (como el costo extremo o los efectos en la salud que ponen en peligro la vida por no poder acceder a un medicamento esencial como la insulina). Las personas indocumentadas son las más afectadas por esta crisis porque tienen acceso limitado a un seguro médico proporcionado por el empleador y no cumplen con los requisitos para recibir pagos de estímulo federal.

Como hemos visto a lo largo de los problemas de disparidades en el sistema de salud y la atención médica, las tasas de coronavirus también se desarrollan según grupos raciales: el 95 % de los que dieron positivo en el Distrito de Mission (trabajadores y residentes) eran latinos, a pesar de que este grupo representaba solo el 44 % de la población total analizada. Un informe del Instituto de Política Económica confirma que los trabajadores negros e hispanos tienen muchas menos probabilidades de poder trabajar desde casa. ¿Qué les sucede a aquellos que enfrentan varios retos de exposición y riesgo, particularmente cuando se intenta manejar una condición médica crónica como la diabetes?

Lina Washington compartió la desgarradora historia de la muerte de su padre Robert Washington de COVID-19 con el noticiero de CBS a mediados de junio. Robert era un residente de Arizona de 68 años que tenía diabetes, era empleado en un casino donde los clientes no estaban obligados a usar mascarillas. Regresó a trabajar a mediados de mayo y murió menos de un mes después de COVID-19.

“Mi padre me llamó el 16 de mayo porque temía por su seguridad”, tuiteó Lina. “Dijo que nadie se distanciaba socialmente y que pocos usaban mascarillas”. Pero, como explica el artículo de CBS, Robert necesitaba prestaciones de salud y un salario para cubrir el costo de la insulina, el alquiler y el seguro de vida. No ir a trabajar no era una opción, pero la falta de medidas de protección en su lugar de trabajo le costó la vida.

Para las personas con diabetes, es imprescindible el acceso constante y económico a medicamentos, tecnología y atención. Este acceso decae según los grupos raciales, y las comunidades negras, latinas e indígenas experimentan una crisis de desempleo y diagnósticos COVID-19 a tasas desproporcionadamente altas debido al racismo sistémico. Hasta que podamos mantener a cada uno de nosotros a salvo, ninguno de nosotros estará a salvo. Si vives con diabetes y no puedes trabajar de manera segura, debes saber cuáles son tus derechos. Si puedes trabajar de manera segura, presta tu voz al Congreso. Déjales saber que necesitamos proteger a los trabajadores con diabetes.


Para más información sobre cómo protegerte durante la pandemia de COVID-19, visita coronavirusdiabetes.org.

 

ESCRITO POR Dana Howe y Frida Velcani , PUBLICADO 08/03/20, UPDATED 08/03/20

Dana Howe es Directora de Comunicaciones de Marca en Beyond Type 1. Es una profesional en comunicaciones con experiencia en salud pública y ha vivido con diabetes durante casi 20 años. Frida Velcani es Socia Principal en la Fundación diaTribe y en la actualidad vive en el Distrito de Mission en San Francisco. Le apasiona hacer activismo por la salud y la justicia social, y espera continuar este trabajo como futura médica