Solo Quiero Ser Normal


 

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Nunca olvidaré el día en que me diagnosticaron diabetes Tipo 1.

Yo tenía 7 años de edad y era el aniversario de mis padres, el 27 de mayo de 1989. Nunca habían salido de vacaciones sin mi hermana y sin mí. Decidieron ir al Caribe por primera vez y dejarnos a mi hermana y a mí en casa con mis abuelos. Recuerdo que de repente me llevaron rápidamente a la sala de urgencias y me pincharon con agujas cinco diferentes médicos. Me sentía muy sola y asustada. ¿Qué me estaba pasando? ¿Iba a morir? Luego me dijeron que tenía una enfermedad autoinmune crónica llamada diabetes Tipo 1. Era una etiqueta de la que nunca antes había escuchado y que me asustó como nunca. Después que los médicos me informaron acerca de esto, mi primer pensamiento fue, realmente amo el helado y las aguas me asustan bastante. Se acabó la vida normal.

Ser “normal” siempre fue difícil para mí. Para empezar, es bastante difícil encajar con un nombre Dana-Maxx. Todo lo que siempre quise cuando era más joven era que me llamaran Dana y ser como cualquier otro niño. La diabetes Tipo 1 me hizo sentir aún más rara. Me veía a mí misma como dañada. Por fuera, estaba muy bien pero nadie veía la lucha constante y las inseguridades con las que lidiaba internamente cada día. Repentinamente tenía defectos. ¿Cómo podría ser esto? Y, ¿por qué yo?

A medida que fui creciendo, tuve que enfrentarme al rechazo bastante duro del “no eres tú, es tu diabetes”. Un niño en la escuela pensó que era divertido burlarse de mí y llamarme “cabeza diabética” a diario. (Resulta que en realidad yo le gustaba y esta era su manera de mostrármelo). Unos años más tarde, tuve mi primer novio y mi mejor amiga en ese momento pensó que sería una buena idea decirle que tenía diabetes Tipo 1, pensando que eso lo llevaría a romper conmigo. Afortunadamente, él no lo vio como algo genial y se quedó conmigo. Qué buena amiga, ¿no? Y, por último, la culminación de todo rechazo: estaba cenando en un club de campo con mis padres y una mujer me vio en una caseta inyectándome mi insulina. Ella me reportó al gerente diciéndole que había una adolescente “inyectándose y consumiendo drogas en el baño”.

Mis padres se molestaron y me apoyaron totalmente, pero este fue solo otro ejemplo de por qué me sentía completamente abatida, anormal y totalmente asustada de lo que era.

Comencé a escribir mis pensamientos en un diario que mi madre me dio cuando estaba en el hospital. Eso me salvó la vida. Estaba muy enojada con la vida, así que escribir fue muy terapéutico para mí. Durante años, acudí a mi diario y pude liberar parte del dolor que sentía. Las historias anteriores están muy bien documentadas allí.

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Ahora tengo 34 años y aún vivo con diabetes Tipo 1. Afortunadamente ahora tengo un gran control (mi endocrinólogo me llama su paciente estrella, lo que me hace sentir increíble cuando estoy siendo muy dura conmigo misma). Pero decirte que todo es como un arco iris y conejillos sería una mentira. La diabetes Tipo 1 es una enfermedad difícil; a veces puede ser obstinada y puede hacer lo que quiera sin previo aviso, y con frecuencia nos sentimos solos, inseguros, con malestar y como unos extraños. Sin embargo, la gran noticia es que no estamos solos. Tres millones de estadounidenses tienen diabetes Tipo 1 (JDRF, por sus siglas en inglés). Estas personas son tan increíbles, únicas y normales como tú y yo. Juegan deportes, viven sus sueños, tienen familias e incluso comen helados de vez en cuando. Aprendí que tener una mentalidad positiva y repetir las siguientes palabras es muy útil: “Yo soy primero. Esta enfermedad no es lo que soy, es parte de lo que soy “. Y quién eres es una increíblemente genial heroína con diabetes.

 

ESCRITO POR DANA-MAXX POMERANTZ, PUBLICADO 05/24/16, UPDATED 04/08/19

Hola, mi nombre es Dana-Maxx y he tenido diabetes Tipo 1 durante 27 años. Actualmente vivo en Filadelfia con mi futuro esposo y nuestras dos tortugas, Tarzán y Jane. Me encanta bailar, mi comida favorita es el helado y disfruto conectarme con otras personas con diabetes Tipo 1.