Súper Heroína de la Vida Real: Parte 2

6/24/19
ESCRITO POR: Marci Tatham

Lista para dar a luz

El 30 de junio de 2018, tenía 39 semanas y un día de embarazo y nos dirigimos al hospital para ingresar a las 8 a. m., donde nos reunimos con nuestras familias en la sala de espera. Fue un momento surrealista y me obsesioné con lo que iba a ocurrir. Mis tobillos estaban hinchados y parecían parte de mis pantorrillas, mi vientre lucía como si llevara trillizos, y tenía hambre y sed. Mi adrenalina mantuvo mi nivel de azúcar en la sangre estable por un tiempo, hasta que recibí la llamada alrededor de las 10 a. m. para comenzar el proceso de ingreso en el área de espera preoperatoria. Mi azúcar en la sangre disminuía gradualmente a medida que el hambre y la sed empeoraban. No se me permitió tomar nada, pero después de hablar con varias enfermeras, me permitieron disolver una tableta de glucosa (o dos, no recuerdo) en mi mejilla. Por suerte, esto llevo mi azúcar exactamente a donde queríamos que estuviera: 95 mg/dL. ¡Suspendí mi insulina y estaba lista para dar a luz!

Nunca olvidaré caminar por ese pasillo y entrar en una habitación muy fría, conversar con todos los anestesiólogos sobre mi MCG de Dexcom y mi bomba de insulina y sus funcionalidades. En caso de que no lo sepan, a las personas con diabetes les ENCANTA hablar sobre sus dispositivos cuando se presenta la oportunidad. Cuando me registré para mi parto, firmé un formulario para asumir la responsabilidad de administrar y manejar mi propia insulina durante el parto, nacimiento y recuperación. Creo que las personas con diabetes Tipo 1 generalmente están muy en sintonía con sus cuerpos y saben cómo manejar mejor la administración de insulina, incluso en circunstancias nuevas como el parto y el nacimiento. En el caso de que no pudiera manejarlo, sabía que podía confiar en Matt para que se hiciera cargo. Después de recibir mi inyección epidural (que fue pan comido para alguien acostumbrada a perforar su piel con objetos extraños), me dejé llevar por un estado de euforia oyendo música de fondo como “Hey Jude” y “Tiny Dancer”, y me recostaron para mi cesárea. Logré mantener mis niveles de azúcar en la sangre muy estables durante todo el procedimiento (80 a 90 mg/DL para ser exactos). Conservé una captura de pantalla de mis lecturas de mi monitor de glucosa).

 

Momentos después, vi a Matt entrar en la habitación y le pedí que me diera una descripción detallada de todo. Recuerdo que le dije: “¡Dime cuando empiecen!” Se asomó y me dijo: “Oh, pues ya empezaron”, y abrió mucho sus ojos. ¡Llevaba mucho tiempo esperando, no tenía idea de que casi habían terminado! Segundos después, escucho a todos al unísono decir: “¡Mira ese PELO!” mientras al mismo tiempo pude ver por primera vez a mi bebé grande y gordito, que en realidad tenía mucho pelo, como Elvis Presley. El médico asistió a Jack y me saludó de lejos mientras lo entregaba a las enfermeras pediátricas y a Matt para que cortara el cordón, lo pesaran y lo limpiaran. Simplemente me quedé mirando con asombro y pura alegría, absorbiendo cada segundo. La canción “Let it Be” de los Beatles estaba sonando de fondo cuando Jack entró al mundo (sí, el tema de su fiesta de primer cumpleaños es, naturalmente, los Beatles: el chico tiene muy buen gusto musical). Podría decirse que estos momentos fueron los más hermosos que Matt y yo hemos experimentado juntos. Sin embargo, las cosas dieron un giro muy rápido a lo peor mientras me ponían puntos de sutura.

 

Circunstancias imprevistas

Recuerdo haber empezado a temblar violentamente con mis dientes castañeando tanto que no podía cerrar mis labios. Me dio un frío extremo, todo mi cuerpo temblaba. Vi enfermeras y un par de médicos nuevos que se apresuraron a volver a la habitación y comenzaron a empujar agresivamente mi estómago. No tenía idea de lo que estaba pasando, pero todo se tornó borroso mientras entraba lentamente en un estado de shock. Mi cuerpo comenzó a perder una cantidad significativa de sangre, más tarde supe que fue una hemorragia posparto. Las enfermeras pesaron las mantas para obtener una estimación precisa de mi pérdida de sangre. Continuó empeorando, y las cosas se intensificaron muy rápidamente. Solo recuerdo que hubo mucha conmoción, muchos gritos, mucho movimiento y los anestesiólogos detrás de mí tratando de mantenerme distraída y alerta, pero sentía cómo mi cuerpo se alejaba. Recuerdo que pregunté si podía cerrar los ojos y tomar una siesta. Miré a Matt, que tenía una expresión dividida entre miedo y fuerza, ocupándose de todo con Jack y las otras enfermeras, desgarrado e intentando estar allí para los dos. En ese momento, ni siquiera nos dimos cuenta de que Jack también necesitaría atención crítica pronto.

Afortunadamente, la hemorragia se detuvo con los esfuerzos dignos de aplausos de las enfermeras y los médicos. Mi útero también se salvó. Se colocó un globo de Bakri en mi cuerpo para agregar presión al sangrado dentro de mi útero. Luego me llevaron a la Unidad de Cuidados Postanestésicos para dos rondas de transfusiones de sangre para reponer todo lo que había perdido. El dolor era intenso y recuerdo haber llorado por agua, ya que estaba extremadamente deshidratada. Todo lo que quería era ver a mi hijo. Me dijeron que estaba en la guardería con Matt. Una vez que me trasladaron a la Unidad de Medicina Materno Fetal, esperé en la habitación hasta la medianoche para ver finalmente a Jack (10 horas después de mi cirugía). Matt entró en la habitación y me sorprendió con Jack y con nuestra familia atrás de ellos. Este es otro recuerdo que nunca olvidaré. Fue justo después de esta reunión trascendental que Jack fue llevado a la guardería para hacerle una evaluación adicional. Fue trasladado rápidamente a la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales (UCIN) por varios motivos, principalmente por su respiración rápida (taquipnea transitoria) y neumonía.

Una vez que pasé las pruebas requeridas y me deshice del globo y el catéter, finalmente me trasladaron a la unidad de posparto (también conocida como unidad de madre-bebé), donde pasé la próxima semana recuperándome y aprendiendo cómo levantarme de la cama sin gritar. Mis días consistieron en controlar el dolor, redescubrir mis nuevos niveles de azúcar en la sangre y visitar a Jack en la UCIN. Juntos, nos recuperamos bien gracias a los increíbles médicos, enfermeras y personal de Cedars-Sinai. Después de una semana de recuperación, fuimos dados de alta y estábamos listos para estar en casa como una nueva familia de tres. Desafortunadamente, no pude dejar la diabetes en el hospital.

Nuevos ajustes

Al regresar a casa y adaptarme a una nueva vida como padres, también estaba aprendiendo a controlar mis niveles de azúcar en la sangre. Con todos los cambios en mi cuerpo, las hormonas, el dolor y la curación, la lactancia, la falta de sueño, etc., fue casi como cuando era nueva con la diabetes. Es una locura cómo se ajustaron mis cambios de insulina en el momento en que di a luz a Jack. Lo disfruté al principio, ya que finalmente pude darme gusto con los llamados antojos de embarazo y disfrutar de todos los bagels, panes y muffins que tanto deseaba. La mejor parte es que la lactancia me permitió disfrutarlos sin hacer que mis niveles de azúcar subieran demasiado. Además, no estaba plagada con los riesgos de la resistencia a la insulina con un bebé a bordo. Disfruté esta fase por un tiempo, pero cuando me adapté a mi nuevo rol como madre, también descubrí mi nuevo rol como administradora de páncreas: nuevo ritmo basal, nueva sensibilidad, nuevas proporciones de carbohidratos, nueva administración de insulina con las calorías adicionales consumidas, nuevo horario de sueño, etc. Definitivamente es un gran proceso de aprendizaje.

La diabetes nunca duerme. La llevamos a través de todas las etapas de la vida: En los niveles altos y los bajos, el día a día y lo inesperado. Claro, hubiera sido agradable pasar un embarazo sin complicaciones sin estar constantemente en esa fina línea del perfecto 90 a 130 mg/dL. Pero la fuerza, la disciplina y la resiliencia que me enseñó a lo largo de todo el recorrido es algo que no cambiaría por nada. La maternidad es un regalo y un título que viene con mucho trabajo y muchas lágrimas. La diabetes me preparó más que nunca para perseverar en un embarazo difícil, para luchar durante un parto y una recuperación intensos, y para convertirme en la mejor versión de mí misma para mi hijo. Es por eso que realmente creo que las madres con diabetes Tipo 1 son superheroínas de la vida real.


Esta historia es parte de una serie, lee la primera parte aquí.

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Marci Tatham

Marci Tatham tiene 28 años y vive con diabetes Tipo 1 desde 2012. La diabetes Tipo 1 se ha convertido en el tema principal de su familia ya que su padre, su hermano y su hermana viven con diabetes Tipo 1, todos fueron diagnosticados aproximadamente a la misma edad. Marci está felizmente casada con su esposo, Matt Juntos, disfrutan persiguiendo a su hijo de un año, Jack. Cuando Marci no está viendo Mickey Mouse Clubhouse con Jack o riéndose de las bromas del papá de Matt, puedes encontrarla corriendo o haciendo spinning en su Peloton. Los pasatiempos favoritos de Marci incluyen el fitness, explorar nuevos restaurantes y planificar fiestas. La diabetes Tipo 1 ha jugado un papel importante en su vida y ella ha encontrado un propósito y una pasión por ayudar a mujeres a superar el embarazo y la maternidad con diabetes Tipo 1.