SUPERANDO LA DIABETES CON EL YOGA


 

Vivir con diabetes es una experiencia intensamente personal. Por mucho que queramos que otras personas lo entiendan, es imposible.

Hace poco en uno de mis grupos de Facebook, alguien que al igual que yo, padece de diabetes autoinmune latente del adulto, dijo que se sentía como una farsa. Ninguna persona, sin importar su diagnóstico, sin importar cuánta insulina se administre, sin importar si se maneja con una máquina o con varias inyecciones diarias, puede llegar a ser una farsa. Todos lidiamos con esta enfermedad de forma singular. Nunca debe haber juicios o criterios respecto a lo que conforma a una persona que padece de diabetes.

Aun así, me veo enredada juzgándome a mí misma y comparándome con otros. Es un hábito que establecí como una joven bailarina y algo que ha estado presente en mis primeros años como practicante de yoga y para ser honesta, es lo más difícil de dejar.

La única herramienta que me ha ayudado a sobreponerme a la duda y a las opiniones es la práctica del yoga. El yoga no entiende las críticas y aborrece las comparaciones. La palabra yoga significa plenitud. Si ya estás completo, ¿qué puedes hacer para ser mejor, más fuerte o más de cualquier otra cosa?

Nada.

No hay nada que puedas hacer para ser tú mismo. Entonces, ¿por qué nos molestamos siquiera con las comparaciones?

Debido a todos nuestros pensamientos e ideas sobre cómo creemos que deben ser las cosas.

Cuando me dieron mi diagnóstico, entré en pánico. Yo seguía siendo de la mentalidad de que las prácticas físicas del yoga estaban ahí para dirigirme a algún tipo de iluminación. Si realmente era una yogui, tendría que haber permanecido absolutamente en calma ante la crisis. No había comprendido del todo que dominar todas las posturas existentes jamás le pondría fin a los sentimientos naturales de conmoción, temor y fracaso que surgen cuando te enfrentas a un diagnóstico como la diabetes.

Pero eso no significa que las prácticas físicas no funcionen. Sólo necesitamos entender qué es lo que hacen y cómo pueden ayudar.

En mi experiencia, el yoga…

  •        fomenta la comunidad
  •        desarrolla disciplina
  •        inspira la consciencia
  •        profundiza la relación contigo mismo

Si has probado el yoga, entenderás lo que quiero decir respecto a la comunidad. Hay algo bastante genial detrás de sudar sobre una alfombra junto a un grupo de desconocidos. La característica compartida del esfuerzo rompe las barreras y suscita las amistades. Si sigues asistiendo a clase y ves a las mismas personas semana tras semana, finalmente entablas conversaciones y cuando te das cuenta, has encontrado a tu tribu.

Sucede exactamente lo mismo con la DOC (comunidad en línea de la diabetes). Cuando me hice parte del primer grupo en Facebook relacionado con la diabetes, veía todo desde afuera, pero con el tiempo no pude evitar involucrarme y hacer amigos. Es increíble ser parte de una comunidad tan floreciente. Sé que sin importar lo que suceda, estas personas me apoyarán.

Para poder mejorar en la práctica del yoga se necesita de un compromiso. Yo vi mejoras sólo después de semanas de hacer las mismas poses una y otra vez. Definitivamente hubo ocasiones en las que quise tirar la toalla y rendirme, pero los beneficios de la constancia superaron los desafíos, por mucho.

Cuando trabajo en mi manejo de la diabetes me encuentro una y otra vez haciendo referencia a mi experiencia con el yoga. Comer a la misma hora todos los días, mantener mi ingesta de carbohidratos a un nivel predecible, levantarme y acostarme a tiempo y hacer todo lo que puedo para minimizar el estrés me permite aceptar los aspectos imprevistos de un páncreas que no funciona plenamente. A veces sí renuncio a la disciplina a cambio de la espontaneidad, pero no es gran cosa. La rutina se ha convertido en un hábito de tal manera que sé que sin importar hasta dónde llegue, mis hábitos siempre me traerán de regreso.

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La palabra yoga a menudo se usa en conjunto con las palabras conciencia plena. Cuando te colocas en posturas extrañas y sientes tensión, es mejor dirigir tu atención hacia esa área y respirar con conciencia, antes que lidiar con el dolor.

Estar consciente y presente contigo mismo mientras practicas es una verdadera lección cuando del manejo de la diabetes se trata. ¿Qué tan a menudo cuentas carbohidratos, te inyectas y comes conscientemente? ¿Es más importante apresurarse o te sientes cómodo y te mantienes presente? Yo siempre noto una diferencia cuando estoy completamente presente al momento de administrarme insulina. Es uno de esos momentos en los que acepto que esto es lo que tengo que hacer para mantenerme con vida, que es un regalo.

Las prácticas de yoga fomentan la autorreflexión. Momentos de estar contigo. A medida que te tomas un tiempo para estar tranquilo, respirar y simplemente estar presente, el estrés y la tensión desaparecen.

Como personas tenemos éxito a través de las relaciones. De hecho, un ser humano no puede sobrevivir sin el toque y el amor de otra persona. Pero a la larga, la relación más importante que puedes tener es la relación que tienes contigo como persona. El yoga nos empodera y nos apoya para dejar ir ciertas cosas y amarnos a nosotros mismos.

Vivir diariamente con diabetes también es una oportunidad de oro para dejar ir y aceptar lo que es. Sin importar cuáles sean las cifras, sin importar los temores que nos invadan, el amor y la aceptación nos sacarán adelante. Amarte a ti mismo al final tiene que ver con entender que no existe la imperfección en la creación. Como seres humanos que están hechos de los elementos, somos una parte inseparable de esta creación maravillosa. Incluso cuando existe un defecto en el cuerpo, la creación no te ve con ese defecto. Siempre que tengo dudas, temor o enojo, me detengo, considero la creación y admiro su perfección absoluta. Esto siempre hace que regrese al momento y al tesoro de simplemente existir.

 

 

ESCRITO POR RACHEL ZINMAN-JEANES, PUBLICADO 07/28/16, UPDATED 05/18/18

Rachel fue diagnosticada con diabetes en 2008. Al inicio, los médicos no sabían con certeza si se trataba del Tipo 1 o 2, ya que ella no era una candidata normal para ninguno de los dos. Pasaron casi 6 años antes de tener el diagnóstico correcto. Ahora, ella sabe que padece de diabetes LADA Tipo 1. Rachel empezó a practicar yoga en la secundaria a los 17 años y para cuando tenía 19, quedó enganchada. Cuando empezó a practicar yoga, lo hacía para ayudarla en su carrera de baile, pero con el tiempo, a medida que su práctica avanzaba, le llegaron a apasionar los aspectos más profundos del yoga y su capacidad de inspirar. Unos 30 años después, lo sigue practicando con pasión y ha estado dando clases a nivel nacional (en Australia) e internacional desde 1992. También es madre, músico, escritora y cineasta aficionada. A lo largo de su diagnóstico, ha trabajado con los distintos aspectos del yoga para tratar de curarse. Cuando finalmente empezó a usar insulina, se dio cuenta de que sus años de practicar yoga le permitieron conservar las células beta que le quedaban. Ahora que se inyecta insulina, usa las posturas, la respiración y las prácticas de meditación para mantener la calma ante la inestabilidad de esta enfermedad tan desafiante. Ella también está absolutamente segura de que el yoga es para todos y su misión es compartir lo que ha aprendido con la comunidad de personas con diabetes, al igual que crear consciencia sobre la diabetes Tipo 1 entre los maestros de yoga tanto a nivel local aquí en Australia como alrededor del mundo.