SURFEANDO CON INSULINA

2/29/16
ESCRITO POR: ZACH TOTH

Desde que yo tenía 12 años de edad, el surfing ha sido mi pasión más intensa. Un verano encontré la vieja tabla de mi tío, a la cual se le había dado forma en los años 60, llenándose de polvo en las vigas de la casa de playa de la familia. La llevé en carro hasta la playa, luché hasta llegar al oleaje y logré alcanzar mi primera ola. Inmediatamente quedé enganchado. Desde ese momento me estuve en el agua todo el tiempo posible, ya sea que las olas fueran de seis pies o de seis pulgadas donde yo estaba, yo me sentía en casa cuando estaba en brazos de la madre océano. Pasaba muchas horas allí durante el día, muchas veces sin comer y preocupando inmensamente a mis padres. Según fui mejorando en mis habilidades, comencé a viajar para perseguir olas más grandes y mejores. Yo era el joven más feliz del mundo siempre y cuando tuviera una tabla y una ola en donde subirme.

Avanzando rápidamente al día en que cumplí 22 años de edad cuando mi vida cambió para siempre. Me llevaron rápidamente a la sala de emergencia, el nivel de azúcar en mi sangre estaba en 511 y mi hemoglobina había subido a 11.2. Los médicos me dijeron que yo tenía diabetes Tipo 1. Me sentía confuso, ¿cómo y por qué me sucedió esto? ¿Cómo afectará esto mi vida? Pero lo más importante ¿cómo afectará esto mi surfing? Los médicos me aseguraron que yo estaría bien y de regreso en el agua a la mayor brevedad. Esto me dio esperanza y me preparé para enfrentarme a la diabetes tipo 1 con el mismo vigor y espíritu que le pongo al surfing.

Mi primera sesión de regreso en el agua después del diagnóstico fue bastante desalentador. Mi traje acuático no me quedaban bien debido a todo el peso que había perdido, mi energía estaba casi nula y mi equilibrio estaba completamente fuera de control. De nuevo me sentía como aquel niño de 12 años de edad sobre la tabla vieja de su tío. Cuando salí del agua mi azúcar estaba en 57. Definitivamente tenía que trabajar duro para recuperar mi fuerza y determinar cómo controlar correctamente mi diabetes mientras surfeaba.

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Fui muy afortunado al tener un endocrinólogo que trabajaba con atletas con diabetes tipo 1  en la Universidad de Tejas. Él me aconsejó que comience a usar una bomba de insulina y llevar a cabo el medidor continuo de glucosa (MCG) para ayudarme a comprender mejor el conteo de carbohidratos, dosis de insulina y cómo la dieta y el ejercicio afectan el azúcar en la sangre. Elaboramos un plan para mantener mi nivel de azúcar alto durante sesiones largas. Yo ingería una comida alta en carbohidratos antes de comenzar a bracear hacia adentro sin administrarme el bolus y con mi ritmo basal reducido a la mitad. Comencé a sentir más confianza con mi nivel de control y recuperé mi fuerza y mi equilibrio en el agua. Solamente había un problema, mi bomba y el MCG no eran muy fanáticos del surfing.

Probé todo lo que se me podía ocurrir para mantener el uso de mi bomba y el MCG mientras surfeaba. Enrollaba cinta adhesiva alrededor de mi sensor y el pod de insulina para evitar que se cayeran al agua. Traté de estacionar mi carro lo más cerca del agua posible para que pudiera mantener mi sensor dentro del alcance del MCG. Usaba pods y sensores en mis brazos en vez de en mi estómago para que yo pudiera recostarme en la tabla. A pesar de mis esfuerzos, constantemente me encontraba con problemas. Los pods se soltaban de la cinta adhesiva en el agua o se arrancaban mientras braceaba. Los sensores MCG fallaban por estar fuera del alcance durante demasiado tiempo. Después de muchos meses de hacer todo lo posible para que la bomba y el MCG funcionaran en el agua y toneladas de pods y sensores desperdiciados, decidí que ya era suficiente y regresé a las múltiples inyecciones diarias, en contra del consejo de mis padres y del equipo médico.

Mientras estuve usando la bomba y el MCG, logré bajar mi A1c a 6.2. ¡Después de seis meses de múltiples inyecciones diarias sin ningún MCG, subió a 7.6!. No hace falta decir que la bomba y el MCG eran una parte esencial del control sólido que yo había desarrollado Ahora tenía que modificar mi vida de nuevo; pero si quería tener la libertad de surfear sin los problemas de la bomba y el MCG, tenía que mantenerme fuerte y aprender a controlar mi diabetes de nuevo. Cambié mi dieta completamente y me esforcé en llevar el conteo de los carbohidratos. Me tardé un poco pero recuperé el control del azúcar en mi sangre.

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De nuevo me sentía como era yo antes en el agua. Los niveles de mi energía estaban normales de nuevo y ya no tuve que acortar sesiones debido a la pérdida del pod o el sensor. Aún tengo que llenarme de carbohidratos y ajustar la dosis de insulina antes de surfear, pero eso simplemente es parte de la vida ahora. Honestamente, hace que yo aprecie aún más el surfing. La diabetes nos recuerda que la vida no está prometida, que cada momento y cada ola deben de ser preciados.

Yo sé que dejar de usar la bomba y el MCG no es altamente aconsejable, y yo nunca le recomendaría a nadie que haga lo mismo, pero por ahora escojo vivir mi vida bajo mis términos y controlar mi diabetes a mi manera. Todos necesitamos encontrar nuestra propia forma de afrontar nuestra enfermedad de la manera que mejor nos permita seguir nuestras pasiones. No hay ninguna talla única en esta lucha.

Igual que con las mareas altas y mareas bajas, la diabetes está llena de altos y bajos, picos y valles. Pero sin importar cuál sea el obstáculo que tengas que enfrentar es posible  superarlo y seguir persiguiendo tu pasión.

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ZACH TOTH

Zach Toth es un vagabundo del surfing con espíritu viajero decidido a darle la vuelta al mundo y perseguir olas a pesar de tener diabetes tipo 1.  Después de haber sido en 2013 a los 22 años, él se ha rehusado a dejar que la DT1 lo frene.