Tan Fácil como Tú Quieras: el Relato de Abigail

8/1/19
ESCRITO POR: Abigail Ricci Collado

 

 

 

Hace muchos años, un día 3 de noviembre del año 2008 en la ciudad de México, nació una linda, hermosa, preciosa, primorosa niñita. Ah, ¡y el día 4 nací yo!

Dormir como si no hubiera un mañana

Fui una bebé muy sana, que crecía sin problemas, hasta que cumplí un año y meses de edad. Según mi mamá, comencé a comer, y beber demasiado, pedía agua cada 5 minutos, obviamente mojaba muchos más pañales que de costumbre, tenía mal genio, (¿Yooooo mal genio?) comencé a adelgazar, dormía como si no hubiera un mañana, y aunque me llevaron a varios doctores, ninguno dio con el diagnóstico correcto.

Un día me puse muy mal, perdí el conocimiento y me llevaron de urgencia al hospital, ahí me quedé internada unas cinco semanas, ¿el diagnóstico? diabetes Tipo 1

Claro que de todo eso yo no recuerdo nada, lo sé porque mis papás me lo han contado a mí, o cuando le cuentan mi historia a alguien más. En mi familia nadie sabía nada sobre la diabetes, mis papás no sabían que yo tenía un páncreas, hasta que me diagnosticaron Tipo 1. Afortunadamente, mis papás se comenzaron a informar y a investigar todo lo que pudieron sobre mi nueva condición.

Mis primeros recuerdos

Mis primeros recuerdos son de mi mamá o alguien más inyectándome insulina, no recuerdo llorar por la inyección. Mi mamá dice que dejé de hacerlo cerca de los 2 años. Aprendí a escribir mi nombre, a sumar y restar, junto con todo sobre la diabetes Tipo 1. Mi papá me dijo que mientras más supiera sobre mi condición menos me engañarían, pues al investigar sobre mi condición se encontraron con personas mal intencionadas o mal informadas que les recomendaban, vendían, y aconsejaban cosas que lejos de ayudarme me ponían mal.

Cuando comencé a asistir al jardín de niños, y al ser una condición para toda la vida, mis papás decidieron que no me convertirían en una niña dependiente, sino que me harían autosuficiente, y a los 4 años ya sabía brevemente lo que era la insulina, ya sabía usar el glucómetro y poco a poco fui aprendiendo sobre carbohidratos, calorías, unidades. Algunas veces me lastimaban las maestras o las enfermeras cuando me inyectaban, por lo que, cerca de los 6 años  aprendí a inyectarme yo sola y desde entonces lo hago siempre.

Mi vida es ¡muy normal!

Mi vida es muy normal, voy al colegio, hago tareas, juego, veo dibujos animados, practico danza, toco el violín y cada año voy a un campamento toda una semana (lejos de papá y mamá). Jamás me he sentido avergonzada y nadie se da cuenta que vivo con diabetes, hasta que me ven usando el glucómetro o inyectándome insulina. Me dicen, no se te nota! Y yo pensando sonriente… (ni que fuera buñuelo!)

En el colegio me tratan como a cualquier otra niña, excepto que a mí me permiten comer en clases, me mantienen cerca del escritorio del profesor, pero no por la diabetes, sino porque platico mucho en clase, mi papá suele decirme que busque un trabajo donde me paguen por hablar, ¡que me haré millonaria! Y mi mamá dice que si no me canso de hablar. Lo reconozco, a veces debo fastidiarlos con tanta charla.  Me gusta platicar, me gusta sonreír, suelen decirme que mi sonrisa la contagia de alegría.

Las amistades son como las plantas…

La diabetes,  lejos de volverme una niña solitaria, me ha servido para tener muchos amigos, tengo amigos en el colegio, incluso niños de otros grados, mis vecinos, niños que conocí en los campamentos, otros que conocí en el hospital cuando voy a realizarme mis estudios, y niños con diabetes Tipo 1 de varios países, yo procuro mantener comunicación con todos. Mi papá dice que las amistades son como las plantas, si no las riegas, se mueren.

Pero, como siempre, hay un pero…

Hay cosas que no me gustan sobre mi condición, no me gusta que me digan “Tu eres diabética” ¡No, yo no soy diabética! ¡Vivo con diabetes! Que es lo mismo, pero no es igual! Tampoco me gusta llamarla enfermedad (aunque si es una enfermedad) prefiero llamarla “Condición”

Detesto a las personas que viven quejándose de su condición, que sienten que se les acabo la vida, que morirán mañana, solo porque no pueden beber más Coca Cola ¡Odio, que me traten con lástima!

Y peor aún, aquellos papás y mamás, que se quejan delante de sus hijos con Tipo 1. En una de mis visitas al hospital para mis estudios y mientras esperaba turno con mi papá, una señora le decía a otra más o menos así “No puedo soportarlo, esta maldita enfermedad acabó con la vida de mi hijo, qué va a ser de el cuándo quede ciego y le corten una pierna.” El niño escuchaba en silencio, mientras de sus ojos le escurrían lágrimas.

Informarse, antes de abrir la boca

Los niños no  tenemos idea de lo que es la diabetes Tipo 1. Los miedos, los traumas, los mitos, vienen de las personas que nos rodean, de esas personas mal informadas que llenan nuestras cabecitas de terror y cosas horribles. De personas con “buenas intenciones” tratándonos con lástima, llamándonos pobrecito niño, tiene diabetes va a comenzar a sufrir, dele un tecito, ¡el batido de naranjas con maracuyá y berenjenas del Himalaya cura la diabetes! ¡De verdad me molesta este tipo de gente!  Creo que deberían informarse antes de abrir la boca.

Mis papás tratan de mantenerme alejada de los grupos de Diabetes y realmente yo prefiero los sitios adonde puedes informarte de fuentes más profesionales como “Beyond Type 1” pues me doy cuenta que muchas personas que comentan en los grupos de diabetes, no tienen idea de lo que es la diabetes Tipo 1 y suelen confundirla, o piensan que se trata igual que la tipo 2, y leo comentarios ridículos… Que, ¡bueno… ya me enojé!

Lo que es realmente vivir con diabetes Tipo 1

Vivir con diabetes Tipo 1 no es evitar los dulces. No solo el azúcar hace daño, hay muchas cosas que son malas para cualquier persona. Afortunadamente, existen muchas opciones de dulces sin azúcar que podemos disfrutar, tu vida no se acabó, al contrario, ¡acaba de comenzar! Te darás cuenta que puedes hacer las mismas cosas que los demás niños y dentro de poco tu mamá también se dará cuenta que debe dejarte ser independiente, no te avergüences de vivir con diabetes. Generalmente somos los niños, los que nos acoplamos, aceptamos, y vivimos nuestra condición, por eso nos llaman, dulces guerreros, valientes, porque los adultos (algunos) no suelen aceptarlo.

Una vez le pregunte a mis papás, si algún día alguien inventaría la cura para la diabetes.  Vivir esperando una cura, sería vivir frustrada toda tu vida, y la frustración, traerá la amargura. No vivas esperanzada a una cura, disfruta la vida que te tocó, ser feliz depende de ti. Quiérete como eres, y dale gracias siempre a Dios por cada día de tu vida. Desde entonces sigo aprendiendo cada día, generalmente no tengo complicaciones, difícilmente tengo hiperglucemias, pero sí muchas hipoglucemias por la noche, y mis papás se encargan de checar mis niveles de glucosa cuando duermo.

En mi casa todos saben lo que es la diabetes Tipo1 y Tipo 2, todos saben qué es la insulina y cómo debe administrarse, qué es un glucómetro y para que sirve, qué es el Glucagón y como se mezcla, pues ya lo he recibido en dos ocasiones, una a los 7 años y otra a los 9.

Al igual que a mí, mis hermanos también recibieron la misma instrucción por parte de mis papás… La edad no es un impedimento para aprender. Con 6 y con 8 años, mi hermano Diego supo qué hacer y con eso quizás salvo mi vida, por eso amo a mis hermanos.

Vivir con diabetes Tipo 1 es tan fácil, o tan difícil como tú quieras, si te informas y aprendes sobre tu condición, verás que derribarás muchos mitos que te impiden hacer la mayoría de las cosas. Verás que las cosas no son como te dijo tu abuelita o la vecina de doña Cleta. Aprenderás que tipo 2 y tipo 1 no son lo mismo y no se tratan igual, y sobre todo, verás que puedes vivir una vida plena y ser feliz como yo…

Pd. Esta historia fue editada por mi mamá.

Abigail Ricci Collado

Mi nombre es Abigail Ricci Collado, tengo 10 años, estudio la primaria. Vivo con mi papá, el es italiano, de un lugar llamado San Clemente, en la provincia de Rímini, es muy cariñoso y divertido, con mi mamá que es mexicana, y tengo dos hermanos varones, Diego de 9 años (muy deportista) y David de 5 (una ternura de niño) los tres nacimos en México, y yo soy la mayor.