Temor a la bomba de insulina: desde la perspectiva de los padres

7/29/16
ESCRITO POR: Jenn Tacher

“Nunca sabrás como es hasta que lo pruebes”. Debo haberme repetido esas palabras miles de veces en los últimos cinco años, mientras me preguntaba si era sensato o no  cambiar la bomba de insulina de mi hijo.

Sí, en realidad he tenido ese tipo de conversaciones conmigo misma sobre si vale la pena colocarle a mi hijo la bomba de insulina, porque me he aferrado a tantas dudas y miedos sobre fijar a mi hijo de 7 años una máquina de $8000. Una voz pequeña dentro de mi cabeza me decía “El entubado puede romperse”. “La voluminosidad del dispositivo lo restringirá en los deportes y otras actividades” la voz pequeña nuevamente habló. Durante cuatro años, escuché esa voz tan poderosa y tenaz que creció complacientemente dentro de mi zona de confort. Hasta que vi que  los demás vivían más allá de sus limitaciones.

Ya sea por haber presenciado cómo una chica con diabetes tipo 1  tenía el mejor tiempo en el equipo de natación de la escuela de mi hijo, en los 200 metros en estilo libre o al amigo superestrella California de mi hijo que practica surf de remo y ha ganado numerosas competencias SUP (competencias de surf de remo, por sus siglas en inglés), no sé qué o quién me convenció finalmente que valía la pena explorar la idea de usar  la bomba de insulina. Lo único que puedo decir es que al ver que las demás personas no sólo vivían con diabetes tipo 1 sino que sobresalían con esta enfermedad hizo que me diera cuenta que no hay límites, solo los que nosotros mismos colocamos. Había puesto limitaciones en mi perspectiva sobre mi hijo viviendo su vida con diabetes tipo 1 con una bomba de insulina. Me había convencido a mi misma que eso (usar la bomba de insulina) restringiría a mi hijo, que sería una experiencia negativa y que nada bueno saldría de eso. Gracias al cielo, cambié de opinión y decidimos aventurarnos saliendo más allá de mi zona de confort.  

Estaba ansiosa cuando asistí con mi hijo a la primera clase de entrenamiento de la bomba de insulina. “¿Qué tal si falla?, ¿qué pasa si no puedo cambiar el lugar de inserción?” eran los pensamientos que corrían por mi cabeza. Pero estos pensamientos no se igualaban a la expresión del rostro de mi hijo. Mientras me volteaba a traer los artículos (es decir, la bomba de insulina, lugar de inserción, el manual, la insulina) de la bolsa, di un vistazo a la expresión de emoción que tenía en su rostro. Sus ojos estaban mirando detenidamente a la enfermera, estaba inmerso en todo lo que ella decía. Tomó la bomba de insulina y la exploró por completo como lo haría un ingeniero experto con su más reciente invención. Él estaba listo, ¿y quién era yo para detenerlo?

Jace41Sólo el tiempo diría si él aún podría jugar fútbol de banderines, bailar break dance, correr cuesta abajo en un campo de fútbol.
Aún tenía mis reservas pero luego de algunos baches en el camino y un arduo proceso de aprendizaje, mi hijo me probó que todas mis preocupaciones no eran más que miedos injustificados.

Él, como la chica que pronto sería la nadadora olímpica de su escuela y su amigo californiano superestrella que practica surf de remo (ambos usan la bomba de insulina) estaban viviendo su vida más allá de la diabetes tipo 1. Y tal como ellos, él lo hace con su bomba de insulina. Saltó sobre las olas del océano por tres horas, realizó clavados de bola de cañón repetidamente en la piscina, cantó canciones de Nick Jonas en la ducha, rebotó por todos lados en Mokey Joe’s (centro infantil con juegos inflables) y mostró orgullosamente su bomba de insulina al agente de TSA (Administración de Seguridad en el Transporte, por sus siglas en inglés) del aeropuerto que también utilizaba una bomba de insulina. Él estaba orgulloso, estaba activo, era nada más que él mismo y estaba haciendo cosas que jamás imaginé que haría.

Jace ha utilizado su bomba de insulina por poco más de un mes y aunque no tuvimos contratiempos (la mayoría de las veces), ha habido algunos retos que hemos tenido que superar. Al principio él tenía algunas protuberancias y hematomas en la piel alrededor del lugar de inserción así como sondas obstruidas. También nos enfrentamos al problema de tener altos niveles de azúcar en su sangre luego de haber insertado la bomba de insulina por tres días. Aunque nuestro mayor reto fue calcular la cantidad correcta de insulina. Una noche accidentalmente le inyectamos a Jace 10 veces la cantidad de insulina que necesitaba, lo que dio como resultado un viaje a la sala de emergencias. Fue una noche aterradora. Sin embargo, todos  nos sentimos agradecidos de que estaba bien. Fuera de estos contratiempos nada ha cambiado, ni siquiera el optimismo y el entusiasmo infeccioso que Jace tiene por la vida.

Él no es un chico diferente, simplemente es un chico con una bomba de insulina

Él no es diferente debido a su enfermedad, las inyecciones o el dispositivo que bombea insulina a todo su cuerpo. Él es un niño normal de siete años y muy poderoso, que ama la música así como el break-dancing, jugar fútbol, hacer bromas, jugar guerras con pistolas Nerf y me demuestra diariamente que todo lo que tenemos que hacer es ser nosotros mismos. Él me enseñó a ver más allá de la diabetes tipo 1.

Jenn Tacher

El hijo de Jenn, Jace fue diagnosticado con diabetes tipo 1 en el 2010 a la edad de siete años. Ella es maestra de inglés de octavo grado y su lugar favorito para visitar es Alaska. Jenn apoya activamente al Diabetes Research Institute, en Florida y participa en su caminata anual, la cual se inició hace 5 años. Con la ayuda de la familia y la comunidad, Jenn y su familia han sido afortunados al recaudar $30,000 para la DRI. Ella cree que es importante demostrarle a su hijo que su madre no parará hasta que se encuentre una cura. ¡Este probablemente sea el mayor propósito en su vida!