#YOPRIMERO (#MEFIRST)


 

Hace unos seis meses, tuve que romper con una relación muy cómoda que tuve con mi azúcar en la sangre. Yo sabía que me merecía más, y mi abuelo me enseñó a no conformarme, por lo que seguí adelante. A pesar de que sabía que estaría mejor, dejar un compromiso de tanta flojera fue algo mucho más difícil de lograr de lo que esperaba. Yo me encontraba en una situación de “no preguntar, no contar”, “fuera de la vista, fuera de la mente”. Fue fácil. Y la cambié por un en un entrometido de etapa cinco que se aferra a mí, que afirma que “sólo quiere lo mejor para mí” y cree en el uso de los asistentes digitales personales agresivos. Dejando todas las analogías cursis de lado, cuando le di el “sí” al monitor continuo de glucosa de gran prestigio, estaba equipada para finalmente comprometerme a algo que me ayudara a agarrar mi azúcar en la sangre por las pelotas, y bajar mi A1c de una vez por todas.

Pero lo que yo no había previsto, fue el impacto emocional que la palabra “continuo” tendría.

Un CGM es una cosa increíble. Es un artilugio algo pequeño, bastante no invasivo que, como todo lo demás en mi séquito de diabetes, se inserta en la piel para esencialmente hacer de niñera para mis niveles de azúcar en la sangre. Cada tres minutos me hace una prueba, y mantiene un gráfico que se ejecuta en mi iPhone en una aplicación muy elegante y sencilla. Bastante bueno, ¿verdad? ¡Por supuesto! Pero hay una trampa …

El hecho de ser “continuo” lo hace INTENSO. Te pincha y te forza, y es algo de nunca parar, en tu cara, durante todo el día, mientras que de forma alarmante e intrusiva te da la notificación que dice: “¡¿Adivina qué?! TIENES DIABETES Y LA TIENES AHORA MISMO. Y AHORA. Y AÚN AHORA. ¿POR QUÉ NO ESTÁS PRESTANDO ATENCIÓN?” Cada pequeño punto en el gráfico se convierte en una obsesión. Es…mucho a lo que hay que acostumbrarse a al principio.

Y tan frustrante como es, mi inocente y pequeño Dexcom está exponiendo una realidad a la que he estado sólo alrededor del 60% al tanto en la última década. Con el CGM, no hay más secretos, no hay más trampas. Puedo correr de esta cosa… pero sin duda no me puedo ocultar.

Después de una pequeña y acalorada crisis en unas vacaciones recientes, me di cuenta de que estaba tomando cada pico de azúcar en la sangre de forma muy personal, y me sentía como un completo fracaso. Como si los 11 años de experiencia que tuve con esta enfermedad fue todo para nada. Como era de esperar, lloré, dije muchas malas palabras, arranqué mi equipo de infusión de la espalda, tiré una reserva completa de insulina en un tacho de basura público y me largué a zapateando. Había perdido por completo la calma, y necesitaba tranquilizarme.

Es muy fácil perderse cuando se tiene una pieza de tecnología o un número mirándote a la cara constantemente, burlándose y haciendo que te cuestiones cada decisión que tomas. Sólo una vez me gustaría que dijera: “Sé que lo estás intentando, lo siento por ser tan duro contigo todo el tiempo, prometo darte un descanso de mañana”.

Pero ahí está la cosa. Nunca va a pasar. Es un pedazo de plástico y una aplicación de teléfono móvil. La intención es hacer que la vida más fácil y más segura. No es para torturarme y humillarme. En mi blog predico un evangelio sin parar de que yo soy yo primero y de segundo soy diabética. Y con el ajuste al contacto constante con mi nuevo robot, ciertamente he perdido un poco de eso. Me obsesioné un poco demasiado con el servicio de los gráficos, datos y tablas para mantener mi propia concientización y felicidad. La comida era estresante. Hacer ejercicio era estresante. Lo revisaba todas las noches a las 3 a. m. Me hacía la vida miserable. Así que tracé una línea en la arena, y decidí darme un respiro

Me dije: No lo haré … REPITO, NO LO HARË, no dejaré que esto tome el control de mi vida. No voy a dejar que arruine la comida para mí. No voy a dejar que se convierta en el tema de todas las conversaciones en el hogar y en mi relación. No voy a dejar que me haga sentir como que estoy haciendo un mal trabajo. Pero lo que sí VOY A HACER, es que voy a dejar que me ayude. Que me guíe. Que me empodere a tomar decisiones más inteligentes, y a entender cómo funciona mi cuerpo.

Yo soy yo primero. Y de segundo soy diabética. Y eso va para todos y cada uno de nosotros que estamos trabajando nuestros traseros a cada hora de cada día para averiguar dónde en nuestras ocupadas vidas encaja esta enfermedad. Así que encuentra una foto o un recuerdo tuyo donde te hayas sentido completamente libre de todo de esta locura. Una foto donde el temor de que tus interiores están en guerra con ellos mismos no esté en ninguna parte de tu expresión facial o en tus gestos. Y que no haya ninguna señal de que tienes una enfermedad real con un impacto real sobre tus experiencias del día a día. Ponla en Instagram. Pon los hashtags #YoPrimero #MeFirst en la leyenda de la fotografía. Y muéstrale al mundo que todavía eres, y siempre serás tu propio jefe(a), no tu diabetes.


Leer más del trabajo de Libby en su blog The Sugars (los azúcares)

ESCRITO POR LIBBY RUSSELL, PUBLICADO 05/03/16, UPDATED 09/10/18

Libby es redactora en Vaynermedia en Nueva York, una ciudad en la que nunca pensó que sería capaz de caminar lo suficientemente rápido como para vivir en ella. Sin embargo, parece que le va muy bien, ¡e incluso pasa a la gente en las aceras en estos días! Libby ha tenido una relación importante con la DM1 por los últimos 11 años, y fue diagnosticada en su tercer año de preparatoria. En la universidad, sentía un gran vacío en los recursos para diabéticos de su edad que fueran emocionantes, divertidos o remotamente realistas. Así que, después de graduarse, decidió hacer algo para romper la frustrante barrera del idioma entre la diabetes y los años veintitantos con el lanzamiento de su blog, “Tengo azúcar” (I Have The Sugars). Libby ahora vive en Brooklyn con su caballero de brillante armadura y barba, y se puede encontrar haciendo lo que mejor sabe hacer: no quedarse quieta, y tomarse selfies de los incómodos sitios de infusión para su Instagram, @ihavethesugars.