ASÍ LE MUESTRO A ELLA CÓMO SE HACE


 

Decirle a las personas que tengo diabetes se ha convertido en algo muy natural para mí, y aunque por supuesto que en ocasiones me preguntan “¿Entonces no puedes comer azúcar?”, en general parecen entender qué significa la enfermedad. Así que en cierta forma me pareció un tanto extraño darme cuenta de que mi sobrina de 2 años no entiende qué significa, pero aun así es mucho más curiosa que cualquier persona con la que he compartido esta parte de mi vida.

Fue cuando los visité durante un fin de semana para Navidad con la pequeña P y sus padres que su curiosidad sobre todas las cosas se hizo evidente para mí. Ella se estaba probando mis zapatos y registrando mi bolsa, cuando sacó mi “kit”. Todas las personas con diabetes tenemos uno, ya sea que usemos los estuches que vienen con nuestros medidores, o que consolidemos todo nuestro equipo en una colorida bolsa de maquillaje que en nada se parece a una bolsa de utensilios médicos, como lo hago yo. Evidentemente esta pequeña gema colorida era demasiado atractiva para la pequeña P. Entré en pánico al ver que alegremente sacaba el estuche multicolor de mi bolsa: ¿la podrán lastimar las puntas de las plumas? ¿Se habrá caído la aguja de la lanceta? Posiblemente también tuve el pensamiento egoísta de “Por favor no rompas mis plumas de insulina”. Inmediatamente le dije “Esa es la medicina de NeNe, ¿la guardo?”, y le quité el kit de enfrente mientras la pequeña P se entretenía con algo más.

Le tomé una foto a ese momento, pero casi no volví a pensar en eso hasta abril, cuando la pequeña P cumplió dos años. Este pequeño ángel es la dueña absoluta de mi corazón, y ¡quedo a su merced cada vez que la veo! El día antes de la fiesta, me llegó a visitar con Nanna para tomar café en el pequeño pueblo cerca del río donde vivo, y elegir globos. Cuando llegamos ahí, experimenté los familiares síntomas de una hipoglucemia inminente. Así que me senté y revisé mis niveles en la escala de altos a bajos que parece regir nuestras vidas. Luego tuve que “administrarme” dextrosa, así que envié a mamá a traer sus implementos, y la pequeña P eligió quedarse con su tía NeNe. Justo ahí, en ese momento, me di cuenta de que yo era responsable de este pequeño ángel mientras no estaba en mis cabales. No tendría que haberme preocupado: ¡la pequeña P iba a cuidar de mí! Cuidadosamente me daba dulces blancuzcos de sabor intenso y un tanto jugosos y se aseguraba de que me hubiera terminado uno antes de darme otro; así, esta niña que en sólo 24 horas iba a cumplir 2 años me estaba mostrando tanta compasión que me enamoré de ella aún más, ¡algo que creía imposible!

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Decidí que ya no iba a tener temor de que se lastimara con mis medicinas la próxima vez que tuviera curiosidad, no se las quitaría ni evitaría la oportunidad de empezar a llenarla de conocimiento acerca de esta enfermedad, la cual tendrá un impacto en su vida porque su tía NeNe la padece. No, todos los intentos futuros iban a tener la siguiente respuesta: “Oh, esa es la medicina de la tía NeNe, ¿te la muestro?” Mi plan era tomar el control y sentirme orgullosa y honrada de compartirlo con ella, particularmente porque nadie más en nuestra familia puede hacerlo. Espero que si ella ve a alguien más que revisa sus niveles de glucosa o se administra insulina, piense en mí y esté orgullosa de que me cuido y manejo la diabetes todos los días, pero también espero que tenga la certeza de que no soy la única persona en el mundo que lo hace. Ella puede ser uno de esos seres humanos exquisitos que muestran entendimiento, empatía y un deseo de compartir el conocimiento al respecto, incluso si ella no padece la enfermedad.

Uno de los nuevos “lemas” de la pequeña P es “que P lo haga”, y ella insiste bastante en que permitas que ella lo haga. A veces incluso inclina la cabeza para encontrarte la mirada, con pleno conocimiento de que su sonrisa es difícil de resistir. Así que saco el kit y en el nanosegundo en el que pongo mis dedos sobre el cierre, coloca su pequeña mano sobre mis dedos y por consecuencia, sobre el cierre: “Que P lo haga”, dice. Un momento de pánico, el cual ahora veo como una rápida evaluación de riesgo, y le permito que abra la bolsa.

Mete su manita en el interior. He decidido que todavía no quiero que piense que eso está bien, así que le pregunto “¿Quieres que la tía NeNe te enseñe cómo funciona?” Dice “sí” de manera empática, mientras asiente con la cabeza y muestra esa expresión deliciosamente emocionante antes de encontrarse con algo nuevo; incluso expresa un leve “ooh” luego de respirar profundo. Coloco la tira reactiva en el medidor y se hace evidente que aquí es cuando la pequeña P quiere tomar el control. Una vez aprende cómo funciona, su coordinación es un poco más firme. La dejo que sostenga el medidor mientras me pincho el dedo, y luego ella puede recolectar la sangre. Pero ¿cómo empiezo a enseñarle el proceso?

Mientras la pequeña P repetía “que P lo haga, que P lo haga. Tía NeNe, deja que P lo haga”, opté por seguirme haciendo las pruebas y le pedí que observara lo que hacía, porque después se lo iba a hacer a ella… ella observó y esperó (aunque se movía nerviosamente como lo hace un niño de 2 años), y luego fue su turno. Le coloqué la lanceta sobre el dedo y en lugar de pinchárselo, hice el sonido “bing”. “Ooh”, dice P. Luego, le pedí que colocara su dedo sobre la apertura donde inserto las tiras reactivas. Esperé y luego hice el sonido “beeboopdop” y vi el medidor. Le informé a la pequeña P que decía que “prácticamente era perfecta en todo sentido” (Gracias, Mary Poppins). La pequeña P sonrió, le dio un vistazo breve a mi kit y luego se fue a buscar burbujas.

Lee: Precaución al hablar sobre los niveles malos de azúcar en sangre con los niños con diabetes por Tom Karlya.

 

 

ESCRITO POR NIKI BRESLIN, PUBLICADO 07/11/16, UPDATED 05/21/18

Niki Breslin es una animadora apasionada del apoyo entre pares dentro de las #DOC. Su sueño es encontrar una forma de asegurar mejores experiencias de diagnóstico que sean consistentes y un apoyo emocional vital desde el inicio para todos los que padecen de diabetes Tipo 1 luego de su propio diagnóstico erróneo en 2001. Niki vive al lado del Támesis cerca de Oxford donde se mantiene ocupada sacando a pasear a su perro, practicando Reiki y escribiendo en su blog, hasta la siguiente visita de la pequeña P. Puedes encontrarla en Twitter como @Discom