CAUSANDO UNA IMPRESIÓN DURADERA: LA HISTORIA DE UNA ENFERMERA CON DIABETES TIPO 1

11/21/16
ESCRITO POR: CHANDA COPPLE, RN, CDE

Nunca olvidaré la expresión en la cara de la enfermera que me había pinchado el dedo para probar mi nivel de azúcar en la sangre cuando el resultado apareció en el aparato con el que me familiarizaría a partir de ese día. Con los ojos bien abiertos, le entregó el medidor al médico y se tapó la boca con las manos. En ese momento, el doctor, algo aturdido porque acababa de congelar una verruga del dedo pequeño de mi pie, dijo que creía que yo tenía diabetes. Desde allí, pasé a la sala de emergencias, seguido de varios intentos fallidos de colocar una intravenosa, la admisión al hospital, muchas lágrimas y un temor abrumador de que no podría tener hijos debido a la película Magnolias de acero. Yo tenía 15 años y eso ocurrió en algún momento en mayo de 1991. En los dos meses anteriores a lo que ahora me refiero como mi, mes de “feliz A1c”, había bajado casi 20 libras, no podía saciar mi sed ni dejar de usar el baño y estaba exhausta. Mi hospitalización fue en un hospital de agudos principalmente para adultos. Dicho esto, fui visitada por un endocrinólogo y luego un nutricionista, y fue mi enfermera de cabecera quien me enseñó a inyectarme la insulina. Fui programada al momento del alta para ver a una educadora certificada en diabetes (CDE, por sus siglas en inglés) externa. En retrospectiva, es un agudo contraste con el enfoque educativo del Hospital de niños de Phoenix que tiene para las personas recién diagnosticadas con diabetes.

Habiendo salido del hospital, ya en casa, me sentí perdida y muy aislada. La apariencia “dura” que exhibí mientras estaba hospitalizada se convirtió en miedo a lo desconocido. Solo conocía a otra persona con diabetes Tipo 1 en el bachillerato. Mi abuela tenía diabetes tipo 2, pero ese era un mundo muy diferente comparado con el mundo en el que yo estaba intentando movilizarme. Entonces tuve la buena fortuna de conocer a Terry. Ella fue la primera educadora certificada en diabetes que conocí con el fin de aprender a vivir bien teniendo diabetes. Terry también tenía diabetes Tipo 1 y de inmediato sentí una conexión con ella. Ella compartió la historia de su diagnóstico y sus experiencias viviendo con diabetes Tipo 1 y en ese momento supe que no estaba sola. Gracias a su sabiduría práctica, me di cuenta de que no dejaría que la diabetes me manejara, sino que yo la iba a manejar. Fue Terry quien me inspiró a seguir una carrera de enfermería con un enfoque en la diabetes.  Recibí mi licenciatura en ciencias en enfermería de la Universidad Estatal de Arizona en 2001, y obtuve mi Certificado de educadora en diabetes dos años más tarde mientras trabajaba en el Hospital de niños de Phoenix.

alexi-endoEn el transcurso de mi carrera, tuve la suerte de conocer a muchas personas maravillosas irónicamente debido a la desgracia del diagnóstico de la diabetes. Muchas han tocado mi corazón, pero había algo muy especial en Alexi.

Recuerdo haber entrado en la habitación de Alexi en el hospital y al instante, me sorprendió lo similares que eran nuestras historias. Ambas teníamos 15 años cuando nos enfrentamos con la devastadora noticia de que la vida hacia adelante cambiaría para siempre, la vida con diabetes Tipo 1. Ambas también estábamos decididas a controlar la diabetes y no dejar que nos manejara. Como educadora en diabetes, tenía la esperanza de no solo educar a Alexi y su familia sobre los aspectos técnicos del manejo exitoso de la diabetes, sino más importante, comunicar que la diabetes no sería un obstáculo para la vida.

Ahora estábamos unidas en una especie de hermandad, éramos “almas gemelas con diabetes”. Compartí la historia de mi diagnóstico con Alexi y le mostré mi páncreas externo, mi bomba, lo que me brindó la oportunidad de disfrutar de un muffin de arándanos azules en el desayuno esa mañana (sin duda no es la opción más saludable pero es la “vida real”). Luché por que Alexi y su familia vieran que, a pesar del hecho de que la diabetes realmente fastidia, no obstaculizaría una vida fabulosa. De hecho, puede incluso resultar ser una carrera digna de alcanzarse y gratificante.

Vivir con diabetes Tipo 1 no ha sido una suave caminata y he cometido muchos errores en el camino. Son las duras lecciones aprendidas de estas experiencias las que considero más valiosas en mi rol de educadora.  A pesar de que este acercamiento no estaba en los libros de texto, me di cuenta de que el hecho de compartirlo alivió la mente de Alexi y le ofreció una sensación de empoderamiento para tomar las riendas de su diabetes.

A medida que pasaron los años, Alexi y yo seguimos compartiendo nuestras experiencias en el recorrido con la diabetes Tipo 1.  Derroté el miedo de Magnolias de acero al tener dos hijos sanos y demostré que la vida continúa a pesar de demasiado champagne en la víspera de Año Nuevo y azúcar en la sangre que no siempre está donde debiera.

Tener la oportunidad de presenciar a la exitosa y maravillosa joven en la que Alexi se ha convertido es algo que inspira y que enseña humildad. Estoy agradecida de haber podido transmitir lo que Terry me había enseñado a Alexi. El recorrido con la diabetes a veces ha sido menos que fabuloso, pero tener personas como Alexi en mi vida hace que valga la pena. Alexi a menudo se pregunta qué haría yo en ciertas situaciones y honestamente yo me pregunto qué haría Alexi.

CHANDA COPPLE, RN, CDE

Chanda es una enfermera registrada, educadora certificada en diabetes (CDE, por sus siglas en inglés), que ha vivido con diabetes Tipo 1 durante 27 años. Ella reside en Lincoln, Nebraska con su esposo Ben y dos niños, Mason (12) y Cameron (9). Chanda es educadora en diabetes para Novo Nordisk y tiene una pasión para ayudar a las personas con diabetes a llevar una vida sana.