De las Anécdotas de Mi vida Adulta 

2/13/20

 

Nota del editor: Por solicitud del autor de esta publicación se eligió no publicar los datos de autoría.


Soy originaria de la Ciudad de México y siempre fui muy activa en todo: amiguera y muy, muy platicadora. También siempre fui muy flaquita… Y aunque todos podían notar que podía comerme una lavadora llena de comida nunca subía de peso quizá por ser tan activa. Cuando cumplí 16 años yo ya tenía novio y me reconocía muy enamorada y feliz. 

De mi diagnóstico

Mi familia sobre todo mi mamá notaba que no paraba de comer y que siempre estaba sedienta. Me di cuenta de que siempre sin importar las ganas de hacer las cosas me sentía muy cansada. Se me había acabado la energía que siempre tenía. Me sentía somnolienta y pesada e incluso llegué a pensar que podría tener depresión. Yo tenía cariño apoyo y todo lo que no se puede comprar por qué para comprar cosas no nos alcanzaba el dinero. Mi mamá acababa de perder el trabajo en dónde había pasado toda su vida.  Sin energía y sin ganas acompañé a mi mamá al doctor tras tanta insistencia. Yo era derechohabiente del Seguro social así que asistí a mí clínica regional. Me atendió una doctora muy linda pero muy joven. De inmediato, antes de tomar una muestra de glucosa me dijo que seguramente se trataba de diabetes. “¿Diabetes?” dijo mi mamá “pero si ella no tiene sobrepeso, además no hay nadie con diabetes en nuestra familia”.

Pues bueno yo era la primera persona con diabetes en mi familia. Ese día nadie me explicó mucho y menos sobre diabetes Tipo 1 y las diferencias con diabetes Tipo 2.  Nada más se me explicó que no podía comer en forma de una lista gigante.  

Fue así que me fueron prescritos medicamentos orales, dos pastillas al día y luego cuatro. Aún tenía mucha hambre y sed, sin mencionar que el rato en el que no estaba en la cama estaba en el baño orinando. Así pasé un par de meses.  Una vez llegué ya casi desfalleciente a la consulta que en esos días era cada mes. Y la doctora dijo que pensaba que necesitaría insulina por lo que me dió 10 unidades en la mañana y dos en la noche. Ahora me doy cuenta de que seguro la pobre joven doctora estaba más asustada conmigo que yo misma.  Al menos yo sabía que ahí no podía quedarme. 

Así pasó un tiempo con diez unidades y día en la noche. Mi mamá que me amaba tanto me llevó con una señora que vendía jugos sanadores y con un señor que vendía pastillas milagrosas para curar la diabetes. También me llevó a probar unos tratamientos de desintoxicación y de medicina homeopática y la lista de intentos por curarme o al menos ayudarme a vivir mejor. 

Cetoacidosis diabética

Ya casi muriendo con 560 de nivel de glucosa mi doctora me entregó una nota que leía “ Paciente diabético de 16 años de edad posible cetoacidosis diabética. Mi nombre y datos generales” . Y me mandó a buscar ayuda al centro médico La Raza con el Dr. Alejandro Estrada. El doctor tomó mi carnet de afiliación y se lo dio a un señor. Ahí sin más me dijo. Estoy feliz de que estés aquí. Yo no voy a hacer nada por ti. Pero tengo a quién si puede ayudarte, llamo ahí a una doctora chaparrita de pelo redondo y rasgos orientales. Ella era la Doctora María Alicia Ibarra Olmos a quien debo mi vida y toda la educación y tratamiento oportuno que recibí. Me ingresó al hospital 1 mes entero.

 Me puso de inicio 30 unidades de insulina HPN en la mañana y 20 en la noche …me daban de comer como si estuviera de vacaciones. Así pues, fue como conocí a mi doctora de toda la juventud, ella me invitaba a conferencias entonces en la Diabetes Global Care una organización Mexicana.

De las anécdotas de mi vida adulta 

Una vez siendo cajera en una Tienda de autoservicio pedí permiso de ir al baño y claro como mis permisos al baño eran muy frecuentes me lo negaron. Tristemente no pude aguantar las ganas. Llamé a mi esposo para que fuera por mí y me fui del trabajo. Me sentí observada y discriminada. El gerente al día siguiente me llamó a la oficina y me despidió.  Me dijo que me atendiera que así no podía tenerme ahí. Fue muy frustrante. Llamé a mi médico y me ayudó a formular un horario para no saltar mis inyecciones ni mis comidas…y es el que sigo hasta ahora. 

Cambié de trabajo y llegué a Office Depot donde los gerentes y compañeros de trabajo me ayudaron muchísimo. Trabajé ahí dos años y de cajera logré subir hasta supervisora de cajas y más tarde logré trabajar directamente en las oficinas centrales de la empresa. Una vez, corriendo de una caja a otra creo que me puse medio rara y un compañero de trabajo me dijo “Siéntate en la bodega a comer un cóctel de frutas que te traje en mi descanso creo que lo necesitas”. Fue muy agradable para mi que toda la gente aprendiera sobre mi condición y estuviera dispuesta a ayudarme cuando lo necesitara. 

Convertirme en mamá.

Mi deseo por tener un bebé despertaba y temerosa decidí esperar tres años luego de casarme.  Mi embarazo transcurrió sin mayores problemas y a las 38 semanas nació mi bebé. Así que estaba, casada, embarazada y tenía un trabajo demandante en Office Depot. 

Que me dijeran tras mi diagnóstico que no podría hacerlo no me detuvo. Requirió mucha dedicación y trabajo en equipo con mis médicos pero ¡lo había logrado! 


Lee la segunda parte de esta historia.