Encontrar la calma más allá

8/2/17
ESCRITO POR: ALEX COX

Comenzó como una broma. Siempre he sido aficionada a los dulces, y nada cambió cuando estaba embarazada. Cada vez que abría un paquete de Skittles, me zambullía en una pinta (aproximadamente 2 litros) de helado (toda la pinta, por supuesto), o comía media sandía, lo atribuía a mis antojos por el embarazo.

En junio de 2015, fui a la cita de mis 24 semanas con el obstetra. Me estaba sintiendo genial. No había ganado mucho peso, y mi panza realmente se empezaba a ver. Recientemente habíamos descubierto que íbamos a tener un varón y yo estaba feliz. La enfermera mencionó en el chequeo que estaba derramando un poco de azúcar en mi orina, pero cuando le dije que había rellenado mi cara, una vez más, con media sandía ese mismo día, lo atribuyó a eso. Además, mi prueba de glucosa sería en unas pocas semanas.

25 semanas. Yo era una dama de honor en la boda de mi mejor amiga. Empecé a sentirme un poco más grande, y comencé a ver los frutos de mi trabajo: hinchazón de pies y nariz. En la recepción, me comí cinco platos de dulces, comí más sandía y bebí todo el ponche que pude. Mis amigos y mi familia comenzaron a notar cuántas veces entré en la línea de comida. Mirando hacia atrás, recuerdo haber pensado: “Vaya, algo anda realmente mal aquí”.¿Por qué mi sed no puede ser saciada?, y ¿por qué estoy antojando estos dulces?.

26 semanas. Mi familia y yo tomamos unas vacaciones en la playa. Mis antojos no se detenían, y bebí galones de agua esa semana. Mi mamá estaba preocupada; yo le dicía que estaba bien, y el bebé se movía como siempre. Cuando llegué a casa, los síntomas de diabetes gestacional comenzaron a asomar su fea cabeza. Me despertaba de seis a siete veces por noche para orinar. Bebía medio galón de leche en la noche. Mi vista se volvió borrosa.

27 semanas. Una semana antes de mi prueba de glucosa. De camino a una cita con un oculista por mi visión borrosa, me perdí en la ciudad en la que nací y crecí. Sabía que mi prima, que ha tenido diabetes tipo 1 durante varios años, estaba comiendo en un restaurante local. Paré y ella inmediatamente supo que algo estaba mal. Tenía dificultad para hablar, y estaba insaciablemente sedienta. Ella midió mi nivel de azúcar en la sangre en su medidor. Para su asombro, era demasiado alto para siquiera leerlo.

Mi esposo me llevó a la sala de emergencias para lo que serían los momentos más aterradores de mi vida. No recuerdo las siguientes horas. Mi nivel de azúcar en la sangre era de 604. Estaba al borde de una CAD (cetoacidosis diabética) y mi hijo no se movía. El diagnóstico: diabetes tipo 1. Yo lo negaba completamente. ¿Como me pudo pasar esto a mi? Entendía la diabetes gestacional. ¿Pero diabetes tipo 1? Mi A1c estaba en los dobles dígitos. El internista explicó que parecía que había tenido diabetes durante bastante tiempo. Mi estilo de vida activo posiblemente enmascaró los síntomas.

Estuve en la unidad de cuidados críticos durante al menos una semana. Perdí cinco libras en dos días. Empecé a administrarme inyecciones de insulina con la intención de poder irme a casa y hacerlo yo misma. Empecé a ver a un médico de alto riesgo y mi embarazo progresó fácilmente. No batallé demasiados niveles altos, pero tuve una buena cantidad de bajos, incluyendo deslizarme por el refrigerador mientras mi esposo me metía azúcar en la boca.

Mi hijo nació dos semanas antes por una cesárea programada. Estaba sano, y convertirme en madre era más de lo que podría haber imaginado. En el segundo que lo sostuve (tres horas después; lo que no me dijeron fue que las mamás con diabetes tipo 1 con frecuencia no pueden abrazar y acurrucar a sus bebés de inmediato debido a problemas de azúcar en la sangre con el bebé) todo por lo que había pasado en los últimos tres meses dejó de importar.

Tuve alrededor de un año de felicidad diabética, creyendo que finalmente tenía control sobre mi CUERPO. Pero mi trastorno autoinmune no se detuvo allí. Vengo de una larga lista de familiares que tienen enfermedades autoinmunes: angioedema tipo 3, vitíligo, diabetes tipo 1, la enfermedad celíaca, y en enero de 2017, me diagnosticaron un trastorno tiroideo de Hashimoto.

13 de julio de 2017. Mientras escribía esta historia para Beyond Type 1, noté una inflamación repentina y rápida de mi tiroides. Después de llamar a mi médico, me dirigí a la sala de emergencias. El pronóstico fue tiroiditis viral, algo con lo que probablemente lucharé toda mi vida junto con la Hashimoto.

Mi hijo tendrá 2 años en septiembre. Tengo un maravilloso equipo de personas para apoyarme y ayudarme en esta batalla. Mi endocrinólogo y mi enfermera partera son incomparables. Puedo compartir datos con ella todos los días (insertar los datos desvergonzados para Dexcom Clarity).

Mi identidad no es de una persona con diabetes tipo 1. Está más allá de eso. Soy madre y esposa. Soy profesora. Soy mentora. Soy lectora y jardinera. Esta lucha no ha sido fácil. He tenido días maravillosos de niveles perfectos de azúcar en la sangre. He tenido días en los que he tenido 295 o 45. He tenido días, como hoy, donde me acurruco en el sofá y lloro hasta que no puedo respirar, pero solo por un minuto. Tengo un propósito. Sé que hay esperanza: después de hacer el cambio de inyectarme a utilizar el OmniPod y el CGM (medidor continuo de glucosa, por sus siglas en inglés) de Dexcom , mi A1c ha estado en un constante 6.1. Sigo blogs diariamente que me animan a ser mi mejor versión a pesar de tener enfermedades crónicas. A veces me pregunto qué otras enfermedades autoinmunes pueden darme, pero busco la paz sabiendo que las voy a manejar, que voy a seguir adelante. Mientras continúo este viaje de ser lo mejor que puedo ser, espero inspirar e inspirarme. Espero encontrar la calma más allá de esta enfermedad.

 

ALEX COX

Alex Cox vive en Paris, Tennessee, con su esposo, Wesley, y su hijo pequeño, Ellet. Ella es maestra de Inglés y de Escritura Creativa del noveno grado. Su recorrido con diabetes tipo 1 comenzó en julio de 2015. Su esperanza es inspirar y ser inspirada por otras personas con enfermedades crónicas.