Imagínate un viaje, el mejor de los viajes.


 

Imagínate hacer un viaje con tus amigas al extranjero. Solas. Sin padres, sin normas, pensando solo en disfrutar y en vivir mil aventuras. Imagínate los nervios, la ilusión, los preparativos,…todo.

Imagínate estar la noche de antes sin dormir pero no por nervios sino porque tu diabetes, tu compañera inseparable, ha decidido por sí misma que la aventura va a comenzar antes del viaje y te da un bajón de azúcar, porque sí, porque aún habiendo calculado todo al milímetro para poder descansar la noche de antes, algo ha fallado y te encuentras entrando en pánico en tu cama, mirando al techo, con la boca sabiéndote a zumo, esperando a que se pase.

Y es ahí cuando te das cuenta de todo lo que puede salir mal en el viaje. Tus preocupaciones abarcan distintas posibilidades, porque crees que contigo la ley de Murphy se personifica, porque de repente te olvidas de todos los diabéticos que viajan a diario. Tu mente se centra en imaginar los inconvenientes que te puedan poner en el aeropuerto por llevar agujas y líquidos. Tus inseguridades salen a la luz: temes que la gente con la que vas te diga (como una vez alguien en el pasado tuvo el poco tacto de decirte) “tus bajones siempre nos arruinan los viajes”. Porque temes realmente arruinar el viaje. Y de repente desearías no ir  y quedarte en casa, tranquila, segura, a salvo.

Imagínate que al rato, tu bajón de azúcar ha pasado y por billonésima vez haces otro recuento mental de la cantidad de agujas que llevas, de las cajas de tiras, de los botes de insulina, de las lancetas (que hace semanas que no cambias pero ya te arrepientes de no haber metido en la maleta esa cajita de 20 unidades para los “por si acaso” porque claro, tiene toda la pinta de que en tu viaje de cinco días vas a gastar veinte lancetas, ¿no?). Y te duermes pensando que toda precaución es poca. Y cuando vuelve a sonar el despertador descubres que en toda la noche solo has dormido dos horas por culpa de la bajada, de tus preocupaciones y de los recuentos que has hecho mentalmente. Pero te das cuenta de que quieres disfrutar igual que el resto de tus amigas, así que guardas esos miedos en lo más profundo de tu mente, tomas aire y te preparas para vivir una gran aventura.

Porque sí, vives con diabetes, pero antes eres persona y tienes el mismo derecho y la misma obligación que el resto de personas  de disfrutar de la vida, de dejar de entrar en pánico imaginando las situaciones más rocambolescas posibles (que ríete de la mente de Frank Kafka comparada con la tuya y las mil cosas que imagina que pueden salir mal en el viaje por culpa de tu inseparable compañera).

Y pasas el control de seguridad y ves cómo la gente que trabaja allí están para ayudarte, para que no te sientas diferente al resto de personas que viajan. Y llegas a tu destino. Y pasa un día. Y otro. Y otro. Y otro. Y en ninguno de esos días tus amigas te han dicho algo malo, al contrario,  se han parado contigo cuando te ha dado un bajón de azúcar, te han comprado zumos, se han adaptado a ti, incluso han estado más pendiente de los horarios que tú misma. Y de repente te das cuenta de que la diabetes te aporta cosas buenas. Gracias a ella descubres quiénes son tus amigos de verdad, descubres que puedes superarte a ti misma, descubres lo valiente que puedes llegar a ser.

Imagínate que cuando llegas a casa después del viaje haces otro recuento mental, pero este no engloba ni tiras, ni lancetas, ni agujas, este se centra en ver que no te has perdido nada a pesar de tener a tu compañera inseparable. Ahora recuentas las risas que has tenido, los sitios que has visto, las cosas que has hecho y te olvidas de miedos y preocupaciones . Ya sabes que formas parte de esa estadística popular que dice que “millones de personas con diabetes viajan y no les pasa nada”. Porque es cierto. No nos pasa nada.

Tu compañera inseparable ha estado ahí contigo, siempre va a estar, pero la aceptas. Aceptas que viaje contigo, aceptas que sea parte de todas y cada una de las aventuras que vives porque ya que nos ponemos a imaginar, imaginemos, pero imaginemos que vamos a pasarlo en grande e imaginemos que no tenemos miedo a vivir.


Lee nuestra sección DE VIAJE y diabetes tipo 1 para preparar tus futuras aventuras.

ESCRITO POR Fátima Aguilar, PUBLICADO 01/02/18, UPDATED 03/18/19

Fátima estudia Comunicación Audiovisual en Málaga, España. Cuando tenía 16 meses su -como le gusta llamarla- "compañera inseparable" apareció en su vida y desde entonces cada día es una aventura distinta. Enamorada del cine, el teatro y la literatura, sueña con concienciar a la gente de que hay que vivir una vida plena a pesar de todo. Podéis encontrarla en twitter como @fatiagui12 y en Instagram como @fatiagui