UN CAMPAMENTO DE DIABETES TIPO 1 LE CAMBIA LA VIDA A UN JUGADOR DE LAS GRANDES LIGAS DE BEISBOL

1/19/16
ESCRITO POR: SAM FULD

Cuando le describo a otras personas cómo es tener diabetes Tipo 1, siempre se maravillan al ver cuántos pinchones tengo en mis dedos y cuántas inyecciones de insulina me doy (por supuesto, también se conmocionan de que realmente consumo alimentos como pastel de zanahoria y helado de chips de chocolate y menta, pero podría escribir todo un libro sobre ese tipo de comentarios). Como todos sabemos, los retos que se presentan por tener diabetes Tipo 1 se extienden más allá de las demandas físicas. Creo que la mayoría de nosotros que tenemos diabetes Tipo 1 duplicaríamos la cantidad de pinchones en los dedos e inyecciones o los cambios de lugares en donde nos debemos administrar a nosotros mismos, si eso significara que no deberíamos estresarnos sobre los niveles de glucosa en la sangre a lo largo de todos y cada uno de los días.

Aún con lo agotador emocional y mentalmente que la diabetes Tipo 1 puede ser, me he percatado de que rodearme con otras personas con diabetes Tipo 1 me da un gran confort y alivio. Cuando era joven, nunca tuve ni a un solo compañero de clase, compañero de equipo o miembro de mi familia que compartiera mi enfermedad. Tenía al gato de mi tío como confidente y eso era todo. Aún en la universidad, encontré únicamente a una persona con diabetes Tipo 1, un atleta en eso, pero él no parecía particularmente interesado en compartir sus experiencias conmigo. No fue sino hasta que inicié mi carrera de béisbol profesional que aprendí lo poderosa que puede ser la presencia de otra persona con diabetes Tipo 1.

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Mientras jugaba para la filial AA de los Cubs de Chicago en Knoxville, TN, me invitaron a ayudar a Camp Cure, un campamento de día para niños con diabetes Tipo 1. A pesar de lo sofocante del calor del verano en Tennessee y el caos de perseguir a docenas de preadolescentes, llegué a sentirme emocionado. Los niños, a la izquierda y derecha, me bombardearon con preguntas sobre mis propios métodos de tratar a la enfermedad. En cambio, descubrí que tenía mucho que aprender de los mismos niños. Recuerdo a un excursionista explicándome cómo llevó su bomba de insulina en la parte superior de la pierna que no utilizaba para deslizarse cuando jugaba béisbol. Mmm, pensé, tal vez sí pueda utilizar una bomba de insulina mientras continúe jugando (después intentaría usar una gracias al apoyo de él y de otras personas). Esta experiencia, con el tiempo, me llevó a iniciar mi propio campamento. Durante mi primera temporada con Tampa Bay Rays en el 2011, recibí una invitación de los compañeros del Centro para la Diabetes de la Universidad de Florida del Sur (USF, por sus siglas en inglés) para realizar un recorrido en su nuevo edificio. En ese momento, no podía ni imaginar en lo que ese simple correo podría convertirse más adelante. Después de sorprenderme con las instalaciones y el personal del centro, compartí con ellos mi idea de realizar un campamento de deportes para personas con diabetes. Sabía que había muchos campamentos sobre la diabetes en el mundo, pero quería uno que se enfocara en deportes para enfatizar lo beneficioso que puede ser la actividad física para controlar a la diabetes Tipo 1. Para mi alegría, les gustó la idea y sentí que sería mucho más que posible debido a los increíbles recursos de la escuela.

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Pocos meses después, organizamos nuestro primer campamento de deportes para personas con diabetes de la USF. ¡Vaya! No puedo pensar en varias experiencias que se comparen a aquel fin de semana en Tampa. Sí, sentimos alivio y orgullo abrumador de todo el gran esfuerzo que hicimos y del hecho de que mantuvimos a todos los 100 campistas fuera del hospital. Pero también me llegué a sentir animado por la cantidad tremenda de personas con diabetes Tipo 1. Mucho de eso fue realmente tangible. Conocer a todos nuestros maravillosos técnicos con diabetes y compartir historias de nuestro alto nivel de competencia mientras afrontábamos estrés impredecible y horarios de sueño es algo que siempre valoraré. El seminario que hicimos para los padres de los campistas llevó a la luz ciertos problemas muy reales y me recordó de algunos de los miedos que mi madre y mi padre tuvieron que enfrentar. Y ver a los campistas alegrarse con la compañía de cada uno, y saber que éramos responsables de eso, fue tan emocionante como aleccionador.

Más allá de eso, la simple presencia de todas esas personas con diabetes Tipo 1 en un lugar me dio capacidad. Tanto como todas las entradas a un estadio de béisbol vendidas o una concentración política o incluso un concierto, la capacidad de rodearte por personas con mentes parecidas (en nuestro caso, por personas con páncreas parecidos) puede ser muy palpable. Recuerdo ver a nuestros campistas de animación presentar una animación al final del fin de semana frente a todos los entrenadores, campistas y padres. Las porras fueron muy lindas, dándome tributo a mí y a todo el personal del campamento y, mientras miraba alrededor de las gradas llenas de niños y veía las sonrisas en los rostros de todos los animadores, sentí lágrimas en mis ojos. ¿Cómo era posible que una enfermedad tan frustrante, horrible, despiadada como la diabetes Tipo 1 me podía dar tal alegría y satisfacción?

Mientras me embarcaba en mi quinto campamento de deportes para personas con diabetes el pasado febrero, aquellos sentimientos positivos no habían mermado. Ciertamente no me he vuelto inmune a las frustraciones diarias que la diabetes Tipo 1 provoca, así que dependo de los fines de semana como mi campamento de fin de semana para ayudar a hacerles frente. Aunque es un evento de dos días únicamente, las memorias y las emociones duran mucho más que eso. Así que, aliento a todas las personas con diabetes Tipo 1 a encontrar aquella conectividad, ya sea a través de grupos de apoyo más pequeños en sus escuelas y ciudades, utilizando puntos de medios sociales o asistiendo o haciendo voluntariado en campamentos locales. Dicen que la miseria ama a la compañía, pero, en mi caso, yo diría que la compañía correcta cambia totalmente mi perspectiva, volviendo a mi más grande frustración en una fuente de orgullo y en un camino para el verdadero compañerismo.

 

 

SAM FULD

Sam Fuld fue diagnosticado con diabetes Tipo 1 a la edad de 10 años. Originario de New Hampshire, se graduó de la Universidad de Stanford en el 2004 y fue entonces reclutado por los Cubs de Chicago. Ha jugado en partes de ocho temporadas en las Grandes Ligas con cuatro diferentes equipos: Chicago Cubs, Tampa Bay Rays, Minnesota Twins y Oakland Athletics. Él y su esposa tienen tres hijos, Charlie, Jane y William y están esperando al cuarto, quien nacerá el próximo marzo.