Un Ferrari, ¿Para Alguien que no Sabe Manejar?

4/1/19
ESCRITO POR: LUCÍA FEITO ALLONCA DE AMATO

Quizá en Argentina sea relativamente nuevo el uso de estas tecnologías, pero en España ya llevan unos años usándola. Recuerdo en mi niñez que, al oír hablar sobre esa tecnología, le dije a mi entonces endocrina, (o endocrinóloga, como le dicen acá) que estaba interesada en usarla.

– No eres candidata a bomba de insulina -me dijo la doctora, y no sé si tendría diez, doce o quince años, pero la respuesta la recuerdo perfectamente- porque tu diabetes es muy lábil.

La diabetes lábil

Para los que no lo sepan, una “diabetes lábil” es una diabetes “inestable” lo que quiere decir que la variabilidad glucémica es muy importante y acentuada, puedes tener en un mismo día glucemias de 300, 200, 100, ¡80!… por supuesto que sí. A lo que llaman diabetes lábil o “brittle diabetes” en el mundo anglosajón yo lo llamo, hoy, adulta, crítica, inteligente, bien informada simplemente Diabetes Tipo 1.

Todas las diabetes tipo 1, si me preguntan a mi,  van a ser lábiles por definición, por el simple motivo de que la insulina ha de ser inyectada de forma externa o exógena y no existe función pancreática alguna en relación a la producción de esta hormona. Hay que acertar de pleno en la dosis basal, así como en las correcciones con insulina rápida -múltiples al día- como tener altos conocimientos en nutrición para que lo “lábil” desaparezca. Ajá. Pero entonces era sólo una niña.

Mi diabetes sin control

Cuando los médicos volvieron a ser parte de mi agenda, cerca del año 2014 cuando me mudé a Paraná, Entre Ríos, aún pasó tiempo hasta que pude encontrar profesionales que me ayudaran. Es decir, aunque acudía a consultas médicas, mi diabetes seguía inestable y sin control y yo no sabía por qué. La respuesta era la falta de educación: falta de conocimientos sobre nutrición y tratamiento integrado e integral de la enfermedad. También conocimiento de mi condición del entorno y apoyo emocional -mi pilar ha sido mi esposa-.

Besar sapos para encontrar a aquél que es perfecto

Mucha gente mejora de su diabetes tras encontrar un endocrinólogo acorde a sus necesidades. Yo lo encontré y su nombre es Dr. Fabián Tedesco. Es un genio en lo que hace, un hombre educado, humano y comprometido con su labor. No me cabe ninguna duda de que se dedica a la endocrinología por vocación. Le preocupan los pacientes y las PERSONAS. Hoy día, esto es muy bonito. Puedes robarle un poco de tiempo para pedirle una receta, no le importa y siempre es lo más servicial que puede. ¿Qué más se puede pedir? A él llegué. Pero ¿cómo llegué a él? Bueno, al igual que dicen con las princesas besando sapos, primero me tocó besar a un sapo. A este sapo le vamos a llamar el “Dr. C.”

Cuando no sabía como controlar mi diabetes y ésta se apoderaba de mi vida, en una ocasión, acudí al hospital público, enferma, mi glucemia estaría en 600. No sabía, porque no tenía tiras ni obra social, y en el hospital no había insumos. “No llegaban”. Y yo allá, esperaba. Mi esposa me acompañaba, había pedido unas horas en el trabajo para acompañarme. Llegué a las 6.30 de la mañana para tomarme peso y talla, eran casi las 13 de la tarde y nadie me atendía. Mi glucemia escalaba y escalaba y yo ni siquiera caía en que me tenía que corregir con una inyección de rápida. Como decía, no disponía de tiras y mi última educación diabetológica había sido impartida cuando debuté con 9 o 10 años edad.

Había vivido pensando que la enfermedad era así, que no podía controlarla de ningún modo, estaba tan desesperada. Me sentía tan mal. Pasaba el tiempo y no me atendían, mi esposa entró para decirle al doctor C. que me sentía muy mal, si me podía ver en un ratito.

“Que espere, como todos”-respondió tajante el Dr C.

Una chica entró con su novio quien vivía con tipo 2. Me había visto muy mal en la sala de espera y aparentemente le había dicho en privado al doctor si podía ver a la chica de afuera, porque se veía realmente mal.

Me hizo entrar.

Entramos en el consultorio y empezamos a hablar de mi situación. Mi esposa le contaba todo a la vez, ” y le pasa esto ” ” y esto otro ” “y esto otro…” Yo no pensaba con mucha claridad por tremenda hiperglucemia . El caso es que mis problema de salud eran una mezcla de cifras altas de glucemia, procesos infecciosos y procesos emocionales. Todo a la vez.

Rompí a llorar.

“No puedo más”. “No puedo más la diabetes me jode la vida no puedo tener vida no lo soporto más”.

De mi salud emocional

“Esta chica está muy mal”- dijo el Doctor. Vete a ver al psicólogo.

Y fui a ver al psicólogo unos días después, éste resultó ser una chica muy amable que, como yo, tenía diabetes tipo  1 desde los 17 años. Me vio perfectamente -mi azúcar estaba bien ese día- y tras comprobar que me desenvolvía bien en sociedad -ya estaba dando clases de inglés y bien establecida con la contención de mi amadísima esposa- me dijo que estaba disponible para que fuera a charlar cuando lo necesitara. Que pese a mi retinopatía, aún era muy joven y había mucho que cuidarse.

Fue la última vez que fui, y me fui cuidando todo lo bien que pude. Hacía mucho tiempo que trataba de cuidarme, y hacía lo posible por informarme. Me uní a muchas páginas de Internet, al primero que seguí fue a Ulises Caula de San Francisco con su página Viajeros Crónicos. Me llamó la atención por su cercanía geográfica y porque yo también amo viajar. Me llamaron la atención sus glucemias perfectas, me parecía un milagro lo que veía y era como un “héroe”. Alguien que había logrado lo que yo creía imposible de conseguir. Luego también seguí a Carolina Zárate de Colombia, con su blog Diabético Tipo I. Me recuerdo un día en mi bici revisando las publicaciones de Instagram. En una de ellas, Carolina decía “Exige tratamiento con bomba de insulina, es tu derecho”. En muchos otros sitios leí sobre la importancia de buscar buenos profesionales que estuvieran para nosotros y la importancia de los dispositivos y las nuevas tecnologías para una vida mejor.

Volvía a la consulta privada del Dr. C. En esa consulta, yo estaba controlada y le señalé que había logrado bajar mi hemoglobina de 11 a 7.7. Ya había vuelto de España y había aprendido incansablemente sobre diabetes, esforzándome día tras día. El Doctor no puso demasiado interés a lo que le decía. Me examinó rápidamente y me pesó. Estuve a punto de preguntarle cuánto pesaba pero no me animé, hacía las cosas tan desganado que preferí quedarme callada.

Sólo un comentario: “Te veo más tranquila, porque la otra vez cuando te vi parecías un poco loquita”. Y un gesto con la mano y el dedo que daba a entender algo como “chiflada”, o así lo interpreté, junto con una sonrisa socarrona de medio lado.

Lidia estaba allí. También lo vio. Nos callamos porque le habíamos pedido empezar el tratamiento con bomba de insulina y temíamos que si el Doctor encargado nos ponía trabas, nunca llegaríamos a poder tener la tan ansiada bomba que, según había leído, ayudaba a la gente a vivir mejor y facilitaba la vida de muchas personas aquejadas de mi misma dolencia.

Ferrari, para alguien que no sabe manejar

– Lo que pasa -me dijó el Dr. C. a este respecto, después de haberme flagrantemente faltado al respeto- es que darte una bomba a vos es como darle una Ferrari a una persona que no sabe manejar. ¿Entiendes?

Después de este “¿Entiendes?” se quedó mirándome como el que le está hablando a un infradotado. Yo no sabía que decir. Creo que me quedé en silencio, soy un ser muy sensible, pero eso no me hace estúpida.

Luego mi esposa me diría como no le dijiste que eres abogada, que tienes una carrera terciaria como él, miles de cursos, que te becaron en España por ser una de las mejores estudiantes del país.

Sí, pero y para qué. Yo pensaba que prácticamente eso no era una buena idea, si me peleaba con el Dr. C. ¡ADIOS BOMBA! Y como se dice vulgarmente, ¿quién se iba a joder entonces?

Finalmente me pasó un número de teléfono, era el número de teléfono de Martina Maroevich. Un hermoso ser humano, nutricionista, trabajadora y entrenadora de Medtronic Diabetes en Argentina. Qué placer conocer a esta joven dama tan educada y amable, un ser verdaderamente cálido. Ella me colocó el Ipro, que pude pagar (muy caro) para financiar el estudio preliminar de una semana para presentar a mi obra social y solicitar la bomba de insulina. Allí me preguntó quien era mi médico tratante, y manifesté que quería cambiarme y comenzar con el Dr. Tedesco, el otro médico que trabajaba con el tema de bomba de insulina. Estudió mis resultados en detalle, descargó los datos de mi glucómetro y pasó a recetármela de inmediato, más concretamente la Medtronic 640g, la microinfusora más avanzada que había entrado al país y que incluía el sistema de medición continua de glucosa.

Una de las mejores decisiones de mi vida.

Pocos meses después y desde Julio de 2017 estoy en tratamiento con bomba de insulina, que si bien y como decía el Dr. C. “No es una panacea” para mí sí lo ha sido, pero más PANACEA es haber encontrado profesionales de la salud bien formados, con valores, vocación y mucha calidad humana. No se si eso lo cura todo, pero en mi caso me ha mejorado la vida de forma indescriptible.

PS. Mi hemoglobica glucosilada ha bajado de niveles de 12 y 11 a 5.8

Gracias Doctor Tedesco. Gracias Martina. Gracias Personal de mi Obra Social, Natalia, Dra. Garbarino. Tanto agradecimiento…

Y querido Dr. C. que ironía ¿no? Me dieron la “Ferrari”. Y ¿sabe qué? Manejo mejor que nadie.

LUCÍA FEITO ALLONCA DE AMATO

Lucy es abogada y profesora de Inglés, con doble nacionalidad argentina y española. Ella tiene 35 años y ha vivido con diabetes tipo 1 desde los 10 años. Le encanta viajar, conocer nuevos lugares y en la rutina diaria mis alumnos siempre me sacan una sonrisa. Puedes leer más sobre Lucy en su blog Azúcar Fairy https://azucarfairy.blogspot.mx/