EL TERREMOTO MORTAL DE NEPAL Y CÓMO ESTA PERSONA CON DT1 SOBREVIVIÓ AL EVEREST

 

Antes del mediodía del 25 de abril de 2015, en la montaña más alta del mundo, estaba tranquilo y nublado, una capa de nieve sobre las heladas cordilleras. El clima había detenido todas las subidas, la nevada oscurecía el paso. Aparte de un par de escaladores con mal de altura que se habían detenido en el campamento base la noche anterior, que luego descendieron a pie, había poco movimiento en la montaña. Solamente un año antes, casi en la misma fecha, una avalancha mató a 16 escaladores en el Everest, había sido el incidente más mortífero en la historia de la montaña. Lo que pasaría en cuestión de minutos sería el peor desastre del Everest.

La periodista del Quartz, Svati Narula, quien también había sido diagnosticada con diabetes Tipo 1, estaba en el campamento base ese día terminando correos electrónicos y pensando en qué almorzar. Ella había venido a la montaña, no como una escaladora, sino contratada para documentar comunicaciones y ejecutar el alcance de las redes sociales del experimentado escalador y cineasta David Breashears. Aunque ella había tenido miedo de ascender a su nueva oficina en el campamento base, las cosas habían salido bastante bien, para las pocas semanas que ella había estado allí. A la edad de 23, ella estaba en forma y había empacado suficientes suplementos para la diabetes.

Svati había leído extensivamente acerca de los Himalayas y estaba atraída a cubrir deportes al aire libre; sin embargo, ella nunca había imaginado estar en los pies del Everest, a 17,500 pies (5,300 metros) sobre el nivel del mar, en donde un respiro solamente te da la mitad del oxígeno que tu cuerpo está acostumbrado a tener. Su endocrinólogo simplemente dijo que ella no debería ir. No serás capaz de controlar tus niveles de azúcar en la sangre, fue advertida Svati. Además, un CGM (medidor continuo de glucosa, por sus siglas en inglés) solamente está aprobado para 10,000 pies, y el campamento base, su nueva oficina por las siguientes 6 a 8 semanas, estaba casi al doble de esa altura. Ella no había tratado de convencer a su endocrinólogo, ella iría a pesar de las advertencias, no quería perder la oportunidad de su vida de cubrir el trabajo del famoso documentalista. Lo que fue más difícil fue convencer a su madre.

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Aunque su jefe estaba consciente de su condición, él no pensó que esta le impedía hacer su trabajo, tampoco le concedió ningún tratamiento especial. Ella estaba a cargo del control de su diabetes. “Él (Breashears) no puede ser responsable por mi diabetes, le dije a mi mamá”, dice Svati. “Ella seguía queriendo que le dijera todo acerca del control de la diabetes Tipo 1. En lo que a mi respecta, por supuesto que él necesitaba saber que yo la tenía, pero no podía esperar que él me cuidara. Yo ya me sentía como una carga por no ser escaladora, sin mencionar que nunca había estado en ese país”.

Con un poco más de un mes para prepararse, Svati se ejercitó regularmente para estar lo suficientemente fuerte para los 9 rigurosos días de caminata hacia el campamento base. Ella encontró un subarrendamiento para su apartamento en la ciudad de Nueva York y convenció (con dificultad) a su compañía de seguro para que le enviara el suplemento de 3 meses de suministros para la diabetes. Al final, para lo que estaba destinado a ser una estadía de 2 meses en Nepal, ella arregló lo que serían 6 meses de suministros. “Necesitaba tomar 2 o 3 veces más de los suministros que normalmente tomo, 2 Dexcoms (CGM) y una bomba de insulina de repuesto. Si la bomba no funcionaba, necesitaba suficientes jeringas y suficiente insulina de acción prolongada para mantener mi diabetes. Tuve que prepararme por si los botes de insulina se rompían o se congelaban en el camino, tuve que prepararme para todo”, ella explica.

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A escondidas, ella había conocido a dos ávidos escaladores con diabetes Tipo 1 en una conferencia de Friends for Life varios años antes. Ella los llamó en marzo, pidiéndoles consejos sobre la diabetes Tipo 1 que le pudieran dar a alguien que no había escalado el edificio del Empire State mucho menos la montaña más alta del mundo. Sebastian Sasseville y Will Cross, la motivaron a tomar el trabajo y la llenaron de más confianza que cualquiera; sin embargo, los dos escaladores le dieron diferentes recomendaciones de dosis. Al final, ella sabía que tenía que escuchar a su cuerpo y hacer lo que le funcionaba a ella individualmente. “Mis mayores preocupaciones eran la cantidad de tiempo en la montaña,”, dice ella, “cómo reaccionaría mi cuerpo y qué tan seguros estarían mis suministros”. Pero lo que pasaría en el tranquilo sábado de abril no sería como nada que ella pudiera haber imaginado o para lo que pudiera haber estado preparada.

A las 11:56 a. m. (zona horaria NST) un terremoto de una magnitud de 7.8 irrumpió Nepal, su epicentro al este del Distrito de Lamjung en Barpak, Gorkha. Svati dejó de escribir en su computadora y salió de la tienda de su empleador. Breashears estaba en algún lugar arriba de la montaña en el campamento I o en el II. El terremoto duró casi un minuto y cuando terminó, había matado cerca de 9,000 personas. En el momento, la amenaza de una avalancha estaba lejos de la mente de la periodista. Afuera de la tienda, ella se volvió hacia dos hombres que estaban cerca, “¿Terremoto?”, les preguntó.

Lo que Svati vió después, ella lo describe como un tsunami derribando el lado de la montaña. Los dos hombres empezaron a correr y ella hizo lo mismo. Luego, momentos después, un viento de nieve mortal, la avalancha que cobraría la vida de 21 escaladores antes del final del día. Ella describe que pensó en National Geographic y recordó sus consejos de permanecer derecha, mantener sus brazos fuera y sus manos en forma ahuecada alrededor de su cara para tener una mejor respiración después de quedar atrapada en la deriva. Cuando paró y la nieve se asentó, ella se dió cuenta de que no estaba sumergida sino que era capaz de ponerse de pie.

El campamento base había sido destruido, excepto la pequeña tienda blanca de emergencias del Everest con su cruz roja. Las siguientes 12 horas, antes de que ella y un puñado de otras personas fueran rescatados por un helicóptero, se pasaron en una confusión de triaje y miedo de que sucedieran más avalanchas debido a las réplicas del terremoto. Al final, su empleador, Breashears, sobrevivió pero varios conocidos y amigos que ella conoció a lo largo del camino, murieron. Cuando le pregunté a Svati qué era lo que más le había preocupado en términos del cuidado de su diabetes, ella dice: “Yo no estaba preocupada por mi diabetes; estaba preocupada por morir en una avalancha”.

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Ella continúa y dice que también pudo haber sido porque ella tenía un buen lugar, una bomba de insulina y suficiente insulina para las siguientes 24 horas. “Mi tienda estaba destruida, enterrada debajo de hielo y nieve, pero afortunadamente casi todos mis suministros sobrevivieron en su empaque”. Ella explica: “Mantuve mis suministros en un montón de diferentes lugares. En mí o en otra parte. Así que si algo se caía o se perdía, tenía más. Un poco de insulina estaba guardada en termos sellados, diseñados para mantener temperaturas. Otro poco en mi chaqueta, dentro del bolsillo de mi pecho. El resto estaba en una lonchera en mi tienda, en mi saco de dormir.

“¿Qué hay de tus niveles de azúcar en la sangre?”, le pregunté. “¿Se dispararon con la adrenalina del trauma?”.

“En realidad no revisé mis niveles de azúcar en la sangre ese día porque tenía colocado el Dexcom (monitor continuo de glucosa) y estaba muy distraída, enfocada en otras cosas. No me sentía con un nivel bajo y además tenía colocada la bomba de insulina” dice ella. “Mi nivel de azúcar en la sangre estaba lo suficientemente bien”.

Ella aún está viendo a un terapeuta por un desorden de estrés post traumático que experimentó después de venir a casa, pero ella aún recuerda Nepal con nostalgia y regresaría si alguna vez tiene la oportunidad. “Creo que escribir acerca de esto también ayudó, ser capaz de contar esa historia y compartirla con otros”, dice Svati. “No sabía lo mucho que ayudaría. Fui capaz de cerrar un capítulo en mi vida y no pensar tanto en eso”.

“Si alguien más con diabetes Tipo 1 estuviera aventurándose a un viaje hacia el Everest, ¿Qué le dirías?” Le pregunté.

“La razón por la cual la diabetes no fue una gran crisis para mí cuando ocurrió esta catástrofe en el campamento base, fue porque me había preparado mucho y me había preocupado bastante con anticipación. Si no me hubiera preparado tan extensivamente, quizá habrían habido sorpresas que pusieran mi cuidado en peligro. Si te preparas adecuadamente, puedes sobrevivir cualquier cosa y hacer cualquier cosa con esta enfermedad”.

 

 


Lee la historia de Svati Narula Sobreviví el día más mortífero en la historia del Everest, y aún sigo sobreviviendo.

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Michelle cree que un simple testimonio individual tiene la habilidad de remodelar el mundo y cambiar tu vida. Tiene un licenciatura en literatura en inglés y español y un master en bellas artes en escritura de la Universidad de San Francisco. Como escritora, editora y gurú de contenidos, ha trabajado para revistas literarias y plataformas de comercio electrónico. Antes de unirse al equipo de Beyond Type 1, desarrolló artículos sobre conciencia saludable para Fitbit. Cuando no está escribiendo, la puedes encontrar bailando tap en la casa con su pequeño perro blanco o pintando con acrílicos (porque se secan más rápido).