ANSIEDAD POR MI VISITA AL ENDO Y LA VISITA QUE CAMBIÓ MI FORMA DE PENSAR

8/22/17
ESCRITO POR: Dan Browne

Es martes y estoy en mi oficina. Me siento ansioso y con falta de concentración porque por la tarde tengo una cita con mi endocrinólogo.

Se, racionalmente, que esto no debería afectarme tanto como lo hace pero simplemente no puedo evitarlo. Esta es mi primera relación estable con un endocrinólogo desde que salí de la preparatoria cuando mi endocrinólogo pediatra terminó nuestra relación (me dijo que ya no estoy en edad de consultarle). Desde mi graduación, hace dos años, me mudé a una ciudad grande y casi de inmediato a otra prácticamente cuando ya me sentía cómodo en la primera. Encontrar un endocrinólogo de adultos, especialmente uno con el que hiciera click no parecía tan importante en mi lista de prioridades, sobre todo aquellas que me tenían bajo mucha presión como: encontrar una casa, hacer amigos, lavar mi ropa, actualizarme. Finalmente en un trabajo de tiempo completo y con seguro de gastos médicos he encontrado una clínica de endocrinología fantástica muy cerca del lugar donde trabajo y, aunque esto alegra mucho a mi madre no hace que me parezca menos odioso ir al doctor.

Me siento nervioso porque me da miedo de lo que pueda decirme la endocrinóloga cuando se de cuenta de que he estado manejando pésimo mi diabetes. He sido flojo todo el invierno y mis hábitos alimentarios han tomado el rumbo de alimentos rápidos “para llevar”. No he usado mi medidor continuo de glucosa en meses porque después de 12 años con diabetes todavía me dan miedo las agujas y básicamente dejó de importarme lo que el MCG pudiera decirme. Tomando en cuenta los resultados de mi automonitoreo veo que lo he hecho fatal y estoy seguro de que mi A1C ha subido. ¿Cuál es el punto de ir a ver a un doctor si ya se todo lo que estoy haciendo mal?

Luego, esa misma tarde, en el escritorio de la recepcionista, repaso mentalmente mi Plan de Éxito para Visita con el Endocrinólogo. La única forma que tengo de evadir esta derrota es ganar a la endocrinóloga en su propio juego. Tengo que admitir abiertamente lo horrible que me he portado y entonces seré inmune a la crítica y los insultos a mi ego. Debo presentar mis fallas abiertamente, admitirlas sin pena y con culpa y entonces quizá reciba piedad en lugar de vergüenza. Esta es la única forma en la que me sentiré seguro.

A medida que la recepcionista toma datos sobre mi seguro, mi endocrinóloga se asoma y exclama ¡Dan! Como si estuviera contenta de verme y entonces me quedo petrificado de miedo. Su voz es amable y parece darme la bienvenida. Suena como si tuviera mucha experiencia, bueno, se que tiene mucha experiencia pero es muy distinto al tono que esperaba “no pudo esperar a que conozcas a mi nuevo residente” dice. Parpadea mientras se dirige a su consultorio. Miro perplejo a la recepcionista.

“Te va a caer bien el nuevo residente” afirma la recepcionista con una sonrisa.

Sigo a mi endocrinóloga a su consultorio. Veo que junto a su escritorio hay una cama para un perro pequeño que inmediatamente sale por debajo del escritorio y hace un intento desesperado por escapar. Cierro la puerta rápidamente y mi endocrinóloga carga al perro y me lo presenta “su nombre es Pushkin. Es nuestro nuevo perro de terapia” dice con un brillo en sus ojos. De pronto, me encuentro cargando a este perro entre mis brazos y nos miramos el uno al otro. “Es un bichon frise” me explica y luego procede a darme una explicación sobre la raza mientras me siento en la silla. Mis pensamientos por supuesto son totalmente acaparados por esta criatura que rápidamente se duerme en mis piernas.

“Así que” ella inicia “diabetes. ¿cómo vas?”

De pronto recuerdo mi plan y rápidamente respondo “La verdad es que no muy bien” ella mueve su cabeza como dándome pie a continuar con mi historia y entonces confieso mi letanía practicada de pecados.

Cuando termino me dice “¡Y además te maltratas bastante!“

“¡Si! ¡Eso también! ” Me emociono y estoy de acuerdo porque claro, había yo pensado decir esto en la lista inicial pero se me había olvidado.

Ella mueve su cabeza. “Lo estás haciendo muy bien” insiste. “Tu A1c está exactamente igual que la última vez que nos vimos”

“¿Siete punto ocho?

“Siete punto cinco.”

Estoy un poco sorprendido y en shock. Esto es bastante mejor que lo que yo esperaba. Mi A1c bajó unos cuantos puntos desde que entré a la escuela cuando tuve los resultados más elevados de mi vida pero todavía no están como a mi me gustaría. La última vez que visité la clínica el oftalmólogo me dijo que veía síntomas de retinopatía- baja tu A1c me dijo, y no fumes. Veo con desprecio y miedo los cigarros desde ese entonces pero mi A1C ha permanecido necia. Mi endocrinóloga toma su bloc de notas y escribe un nombre en su mejor letra de médico apresurado.

“Toma” dice mientras me entrega el papelito.  “Quiero que vayas a ver a este individuo, Es fantástico. Te ayudará a trabajar con todo esto”. Me doy cuenta rápidamente de que está intentando sugerir una terapia sin asustarme. La idea de ir a terapia ha estado dando vueltas en mi cabeza por algún tiempo ya. Se que sería algo bueno. El mensaje principal de grupos de abogacía y otros por los últimos años parece ser “la diabete no te impide hacer nada”. Sin duda es un mensaje grandioso y necesario pero viene acompañado de algunos puntos importantes – la determinación de sobresalir y no dejarse vencer puede convertirse en un sentido falso de invencibilidad individual. La diabetes cobra una tarifa alta en la mente y eso no puede ignorarse.

De pronto siento un dolor en la mano. El perro está mordiendo mi pulgar. Me quejo un poco y tomo su hocico entre mis dos dedos. Me mira fijamente.

“Es suficiente, Pushkin” dice mi endocrinóloga con voz firme de la misma forma que yo esperaba que me hablara a mi cuando entré a su consultorio “Te pido disculpas por el perro, está cambiando de dientes. Apenas tiene 12 semanas” toma al perro y lo coloca de vuelta en su cama. Me escribe un par de recetas, le agradezco y nos despedimos.

“Vivir con diabetes es difícil pero recorrer ese camino solo es aún más difícil” era mi mantra en la escuela justo cuando iniciaba con un capítulo de Diabetes Network, tratando de convencer a otros alumnos con diabetes de mi escuela a unirse a este club buscando apoyo entre pares. Salí de la escuela hace dos años y nada ha cambiado realmente. La diabetes siempre será difícil pero siempre habrá gente lista para ayudar.  Definitivamente irónico que lo recuerde ahora pero espero que no se me olvide otra vez.


College Diabetes Network (CDN por sus siglas en inglés) es una organización sin fines de lucro cuya misión es proveer programas entre pares para conectar y empoderar alumnos y profesionales jóvenes para mejorar su vida con diabetes. Para contactar con otros adultos jóvenes o leer más al respecto inscríbete  Aquí.


Lee más sobre  Cómo impacta la diabetes tu salud mental por el Dr. Mark Heyman.

Dan Browne

Dan Browne vive en Manhattan. Él fue diagnosticado con DM1 en 2002. Ganó su título de licenciatura en ciencias biológicas en la universidad de Mary Washington en Virginia, en donde inició un capítulo de la Red Universitaria de Diabetes. Actualmente trabaja en la Fundación de Células Madre en Nueva York, investigando sobre las terapias con células madre para la diabetes tipo 1. Puedes seguir a Daniel en Twitter @nakedsucrose y en Instagram @naked_sucrose.