Después de 14 Días

4/9/20
ESCRITO POR: Eugenia Araiza

 

 

Desde que inició el estado de alerta en México y en América mi familia y yo comenzamos a tomar acciones. Una parte de mi familia extendida seguía en sus actividades normales especialmente porque no podían dejar de trabajar.

México, protegiendo a mi familia

El día 13 de marzo en México los niños dejaron de ir a la escuela por la reunión mensual que tienen los docentes, ese fin de semana hubo varias actividades en nuestra ciudad y país que llamaban la atención en otros países. El mundo se estaba cerrando y en México continuábamos haciendo festivales y eventos deportivos.

Ese mismo fin de semana todo comenzó a cambiar. Llegaban más y más noticias sobre la situación derivada de la pandemia por COVID-19 en Europa y el inicio de las acciones tomadas en Estados Unidos. Ese fin de semana decidimos ya no enviar a nuestro hijo a la escuela ya que las escuelas podrían ser focos de contaminación. Mi marido se comunicó a su trabajo y pudo trabajar desde casa, si, tuvo que sacar esa carta que no nos gusta sacar sobre nuestra condición médica, cosa que prácticamente nunca usamos porque no nos gusta sentirnos menos o tener consideraciones especiales por vivir con diabetes pero esta vez lo hicimos.

Por mi parte cancelé las consultas presenciales moviendo a mis pacientes a consultas virtuales o bien, reagendándoles para finales de abril. Lo teníamos claro, seguramente había mucha gente a nuestro alrededor que podrían ser portadoras del virus sin tener síntomas y no nos pensábamos arriesgar. Yo salí dos días de la siguiente semana porque tenía que dejar arregladas algunas cosas en los consultorios, hacer pagos y algunos tramites necesarios.

Preparándonos rápidamente

Los siguientes días vinieron como avalancha, la aparición de casos de infecciones por COVID-19, cosa que ya sabíamos porque amigos médicos nos los habían comentado pero no se habían hecho públicos. El insistir a la familia y amigos que se quedaran en casa, aún había mucha incredulidad al respecto y nos ocasionó algunos desencuentros. Sí, lo acepto, entre en una paranoia impresionante. Mis amigos en España y en Estados Unidos me hacían llegar una realidad que no salía en las noticias ni en los informes de gobierno, todo iba muy rápido.

En casa nos preparamos rápidamente ya teníamos gel, cubrebocas, guantes, tiras reactivas, insulina e insumos necesarios para la diabetes. Mi marido justo comenzaría a usar una microinfusora de insulina por lo que necesitábamos comprar otro tipo de insulina la cual no encontrábamos en ninguna farmacia.

Localicé un supermercado al que llamaba todos los días, si, todos los días para preguntar si había llegado ese tipo de insulina hasta que una noche nos dijeron que había llegado, justo lo necesario para dos o tres meses de tratamiento que era lo que las autoridades y mis médicos me habían sugerido que tuviéramos.

No habría desabasto de medicamento pero probablemente habría problemas en la distribución debido a la demanda que vendría en las siguientes semanas, tal como había pasado en España donde comenzaron a racionar los insumos para el cuidado de la diabetes.

Prepararte más allá de alimentos

Sí, cuando vives con diabetes el prepararte para no salir, especialmente en una situación como COVID-19 va más allá de la compra de alimentos, es FUNDAMENTAL tener los suficientes insumos y un poco más para poder estar encerrado y no salir. No, el problema cuando tienes diabetes no es que te puedas contagiar más rápido o con mayor facilidad del virus, el problema es que una infección cualquiera tiene efectos en los niveles de glucosa y una infección tan fuerte y sin tratamiento como lo es el COVID-19 no se sabe cómo va a reaccionar nuestro organismo.

Y para ejemplo el de mi marido, él vive con diabetes LADA desde hace 9 años, bien manejada y con niveles en rango bastantes buenos. Él tuvo influenza estacional a inicios del año, manejaba la diabetes con medicamentos orales y un poco de insulina basal, durante la influenza sus niveles fueron bastante aceptables para tener una infección pero no fue sino hasta semana y media después en que sus cifras de glucosa comenzaron a elevarse sin poderla controlar con la alimentación y medicamento que tenía así que al ir con el doctor nos confirmó lo que sospechábamos: la infección por influenza había terminado por destruir todas sus reservas de insulina por lo que los medicamentos orales no le servían ya y necesitaría un esquema de inyecciones múltiples para poder regresar las cifras a un rango adecuado. El terminó inyectándose 6 veces al día para lograr ese manejo que tenía anteriormente. Por esta experiencia sabemos lo que una infección, aun sencilla y con tratamiento médico puede afectar en un organismo.

Salir por insulina

La salida por la insulina fue estresante, salimos a las 7am para evitar aglomeraciones y aún así veíamos a gente con niños sin ninguna medida de seguridad, nosotros íbamos con guantes, cubre bocas y habíamos dejado en casa un ritual para poder pasar a ella: agua con jabón preparada para dejar la ropa por si hubiera tenido algún tipo de contacto con alguna superficie así como cambio de zapatos y uso de gel de forma inmediata. Sí, aún en México suena un poco exagerado y aún así esos días que tuvimos que salir se volvieron muy pesados dentro de los primeros 14 días.

Nuestros primeros 14 días

Los primeros 14 días se vieron reflejados en nuestras glucosas a causa del estrés y el vaivén de emociones generadas por el encierro y la adaptación a este. Durante esos primeros 14 días en los que no sabes realmente si tomaste las medidas adecuadas de higiene y seguridad al salir y eres más consciente de cada cosa que sucede en tu cuerpo especialmente haciendo énfasis en los síntomas que día con día te repiten en las noticias.

Y así,  después de haber limpiado sientes una irritación en la garganta e inmediatamente piensas que podrías estar contagiado hasta que te distraes y después analizas que fue a causa de la generación de polvo o por las alergias propias de la temporada. O bien, comienza un dolor de cabeza y piensas nuevamente en los síntomas, después recuerdas que vives con diabetes, revisas tu glucosa y te das cuenta que es una hipoglucemia, si, has dejado de sentir los otros síntomas porque tu mente y cuerpo está enfocada en el COVID-19. Los primeros 14 días se vive y percibe el miedo, se vive en el futuro, en el “qué pasaría si” y ello va generando esas variaciones de humor que van desde la euforia, al llanto pasando claro, por el enojo y fastidio. Sí, todas ellas son parte del proceso de duelo que todos estamos viviendo pero ahora les puedo decir que algo que nos ha ayudado es… pasar esos 14 días.

Después de 14 días

Después de los 14 días, el saber que estas respirando bien, que no tienes ningún síntoma da una increíble sensación de tranquilidad que va acompañada de una maravillosa cascada de cosas buenas: comienzas a observar que tu estrés ha ido disminuyendo porque tus glucosas se comportan como lo solían hacer, te das cuenta que puedes dormir mejor sin apretar los dientes y si llegas a toser o si después de limpiar te arde la garganta no corres a ponerte el termómetro. 

Después de los 14 días sabes que todo sigue igual que los primeros 14 días. Sabes que debes seguir encerrado, que continuarás evitando salir, pidiendo víveres y medicamentos en lo posible a domicilio y que, al llegar tendrás que limpiar cada una de las cosas que entran a casa. Sabes que seguirás sin abrazar a tus papás, que no podrás ir a trabajar de forma personal y que harás la mayor parte de las cosas virtualmente.

Pero lo más importante es que tienes la seguridad de no tener el virus, que estas seguro y ganando tiempo para que los médicos, investigadores y quien tenga la posibilidad encuentre la cura o la vacuna que nos podrá proteger y ayudar a regresar a nuestras actividades cotidianas, a poder abrazar y besar a nuestros familiares y a poder vivir con una nueva forma de ver nuestra realidad.

¿Por qué escribo sobre la tranquilidad después de los 14 días?

Para invitarte a ti y a todos (los más que se pueda) a quedarse en casa, a vivir después de los 14 días y a experimentar la tranquilidad que te da el aislamiento y el estar seguros. Recuerda que mientras más seamos los que nos quedemos en casa y disfrutemos de esta tranquilidad más pronto podremos regresar a todo eso que nos encantaba hacer aunque ahora nos demos cuenta que, aunque nos encante hacerlo no lo necesitamos para vivir.

 

 

Eugenia Araiza

Eugenia es Licenciada en Nutrición especializada en Diabetes y Educadora en Diabetes. Ella fue diagnosticada con diabetes Tipo 1 hace 23 años, es creadora de Healthy Diabetes. Disfruta mucho estudiar y ayudar a otros en el manejo de sus diferentes tipos de diabetes. Ama el estudio y manejo de la diabetes Tipo 1 y la nutrición. Disfruta escribir especialmente sobre el impacto de la diabetes en su vida. Vive rodeada de amor en una familia compuesta por Luis Felipe, quien vive con diabetes tipo LADA y su hijo adolescente Índigo.