Anunciar mi Diabetes: Salir del Clóset


 

En España le decían “salir del armario”, acá en Latinoamérica del “closet”, el caso es que no me costó mucho salir del armario en lo referente a aceptar mi propia homosexualidad, porque desde que tenía una edad relativamente joven (18 años) me di cuenta que esa era quien era, reconocerme como “mí misma” me hizo sentir muy bien.

Pensaba, y pienso aún, que el amor no debe ser motivo de vergüenza ¡faltaba más!. El amor es quizá lo único que merece la pena en el mundo. Querer a alguien ¿existe acaso algo más bonito y puro?

Pero hay un armario del que no salí hasta tarde, muy tarde. El clóset de la diabetes. ¡Cuánto daño ocasionó no aceptarlo a tiempo! Por algún tiempo pensé en la diabetes tipo 1 como una traba, como un límite, un hándicap o una razón que tendrían los otros para discriminarme, hacerme sentir diferente.

Definitivamente yo no quería ser tratada distinto. Para mi era algo con lo que no quería tener nada que ver. Claramente esto está relacionado con mi historia personal: fui enviada a un centro de protección de menores poco tiempo después de mi diagnóstico puesto que para mi familia biológica esto era un obstáculo muy complicado, y estando al mismo tiempo lidiando con muchas dificultades a nivel de comunicación.

Usar un eufemismo

Como he dicho en más de una ocasión, algunos se toman unos meses o años tras el diagnóstico para aceptar que viven con una “condición de salud “, por usar un eufemismo. Personalmente, me gusta más “enfermedad crónica”. Me parece más realista.

Creo que me mantuve en la etapa de “voy a ignorar que esto existe y sobrevivir” durante más de 20 años. Creo. Porque estoy segura que si hubiera contado con el amor incondicional familiar todo hubiera sido más fácil. Una madre o un padre. En el caso de mi madre por padecer enfermedad mental limitante y en el caso de mi padre por motivos que hasta el día de hoy desconozco.

Pese a ello, conté durante toda mi infancia con el amor de mi abuela y de mi tía y madrina. También mientras estaba en un internado u orfanato costeado por el Estado para niños sin hogar o en palabras de la declaración administrativa del Principado de Asturias “en situación de desamparo de menor de edad” Sin embargo, siempre trabajé (de una forma u otra)  para mejorar mi salud y para  sentirme mejor.

En el año 1999 se me otorgó una beca para vivir en Gloucester, Inglaterra, durante un mes, con todos los gastos pagados, curso de inglés, gimnasio y actividades extracurriculares por ser una de las mejores estudiantes con las mejores calificaciones académicas del país.

El hecho de carecer de redes de apoyo en la infancia o seguro médico en Argentina  no ayudó, y tampoco lo hizo que, cuando por fin volví al sistema de salud, me tomara tanto tiempo aprenderlo todo. (Principalmente, lo que aprendí y me fue de ayuda ha sido de manera autodidacta).

Cuando debuté no contaba con una familia funcional que me pudiera ayudar en el tratamiento.

No olviden esto familias: Ustedes tienen que estar bien para poder ayudar a sus hijos, ellos los necesitan.

Por otro lado, recuerdo haber hecho preguntas del tipo ¿por qué son importantes los carbohidratos? Al tiempo de mi debut ¿para qué sirven las proteínas entonces?

El tenor de las preguntas (y eso que era una niña ) me hizo reflexionar sobre cómo el pilar del tratamiento se asentaba en tres pilares: La insulina, el tratamiento, y los carbohidratos. Hoy día procuro evitar estos últimos (excepto en verduras).

En la actualidad todo ha cambiado gracias a poder contar con salud mental  y la contención amorosa de una pareja sin igual, Lidia.

De “mayor” (treinta y muchos) pude aprender muchas cosas que antes no sabía. Pude aprender sobre el efecto de los carbohidratos en mi organismo y de cada alimento.

Gracias a las comunidades online de diabetes me empoderé para solicitar mi propia bomba de insulina (no se pierdan mi nota sobre Un ferrari para una persona que no sabe manejar), y mucho más. (Gracias comunidad en línea de diabetes, hacen más por vidas humanas de lo que se pueden imaginar).

Con un hogar seguro, un hogar que no pude tener en la infancia pero pude crear en mi adultez (y sí, con una persona de mi mismo sexo) pude tomar y reunir la fuerza para poder ESTAR BIEN.

Sentirme segura. Amada y tomar el control de las riendas de mi vida y de mi salud.

¡Viva el Amor!

Viva el Amor en todas sus formas que nos salva y nos da alegría de seguir viviendo, de tener salud y de convertirnos en  mejores seres humanos.

Pese a todo lo difícil que nos haya tocado atravesar.

Mi sincera apreciación es que cuando un niño pequeño es diagnosticado con diabetes, cómo lo va a llevar, cómo va a afrontar su diagnóstico  y la calidad de su vida futura va a estar directamente relacionado con la actitud de su entorno familiar.

Si la familia demoniza la condición, o si la minimiza, cualquiera de los extremos va a tener un efecto negativo. Aún así, el tema es complejo puesto que la situación tampoco es fácil para ellos.

Qué duro es ser diferente.

Por eso, que la familia adopte hábitos alimenticios y de estilo de vida saludable serán invaluables para que ese niño o niña no se sienta un bicho raro ni un “diabético” sino una “persona que vive con diabetes”.

Aún recuerdo mis enojos adolescentes por negarme a hablar de diabetes. En un contexto donde ya me inyectaba a diario. Aún recuerdo cómo no aceptaba mi enfermedad porque poco tiempo después de mi diagnóstico  fui enviada a un centro de protección de menores.

Aún recuerdo cómo pedí falsificar un examen de orina para un trabajo para que no “detectaran que tenía diabetes y me podrían rechazar”.

No me olvide cómo poco después de que a la que hoy es mi esposa le dije… “tengo diabetes”

“Te lo digo para que si quieres que ya nos veamos más, lo sepas desde ya”.

Y su actitud amorosa y divertida me hizo olvidar esa preocupación, y agradecer haber sacado de dentro de mí esa preocupación banal  de que quizá, por tener diabetes, ya no iba a ser digna de ser amada.

Ella me demostró amor más allá de la diabetes, me demostró que me amaba a mí. Y vivir con diabetes además, no era algo que yo había elegido.

De hecho, no elegimos las circunstancias más desafiantes con las que nos toca vivir. Pero el o la que nos ama lo hace más allá de todo eso. Realmente #BeyondType1

Vivir con miedo, no ayuda. Con miedo al rechazo y al prejuicio. Pero ya tenemos bastante con lo que nos ha “tocado”, y llegado cierto momento en la vida (cuando uno puede pagarse los recibos gracias a un trabajo y tiene un Cariño al lado, un buen amor), al que no le guste, que no mire.

De aquí en adelante, me acepto sin condiciones. Y al que no haga lo mismo, ¡hasta luego!

 

(Postdata: Sirve para la DBT, la homosexualidad, y la vida, en general).

ESCRITO POR LUCÍA FEITO ALLONCA DE AMATO, PUBLICADO 02/22/18, UPDATED 06/07/21

Lucy es abogada y profesora de Inglés, con doble nacionalidad argentina y española. Ella tiene 35 años y ha vivido con diabetes tipo 1 desde los 10 años. Le encanta viajar, conocer nuevos lugares y en la rutina diaria mis alumnos siempre me sacan una sonrisa. Puedes leer más sobre Lucy en su blog Azúcar Fairy https://azucarfairy.blogspot.mx/