EL CONSUMO DE ALCOHOL Y LA DIABETES: LECCIONES QUE APRENDÍ EN LA UNIVERSIDAD

5/12/16
ESCRITO POR: MOLLY JOHANNES

 

La siguiente publicación fue escrita por una estudiante de la College Diabetes Network (red de diabetes universitaria), o CDN, que está involucrada en el Comité de Asesoría Estudiantil (SAC, por sus siglas en inglés) de CDN. La College Diabetes Network ofrece programas para adultos jóvenes con diabetes con el propósito de ayudarlos a que su experiencia en la universidad sea más segura y exitosa.

En septiembre de 2011, empecé a estudiar en la Universidad de Massachusetts Amherst. Nunca olvidaré el rango de emociones que sentí cuando mis papás me fueron a dejar: estaba ansiosa, emocionada, ansiosa, asustada, ansiosa, curiosa… ¿ya mencioné ansiosa?

Una razón por la que estaba tan nerviosa era porque ir a la Universidad representaba la primera vez que probaba realmente la independencia. Estaría a 90 largos minutos lejos de mis padres, quienes han sido mis compañeros de equipo en el cuidado y manejo de la diabetes en el transcurso de los años. Lo cierto es que no estaba empezando esta hazaña académica y social con un diagnóstico reciente; después de todo, he tenido diabetes desde los 4 años de edad. Crecer con la enfermedad me hizo aceptarla como mi realidad desde muy temprano en la vida, y la verdad es que nunca me importó. Sin embargo, sí empezó a preocuparme cuando me di cuenta de que tenía que sumergirme en un ambiente desconocido, lejos de mis padres y del equipo para el cuidado de la salud que mejor me conocía a mí y a la enfermedad. Me preguntaba “¿Puedo hacerlo?”

 

Afortunadamente, llegué a tener un horario tan ocupado tan rápido, que apenas tenía tiempo para pensar en mis preocupaciones. Asistía a clases, pasaba tiempo con mi compañera de habitación, establecía un grupo diverso de amigos, experimentaba las ofertas culinarias de las cafeterías, me estresaba por las tareas y probaba clases grupales de salud en el gimnasio, entre otras cosas. Lo mejor de todo es que a mis nuevos amigos no parecía importarles el hecho de que tuviera diabetes. Me hacían incontables preguntas y no prestaban atención al momento en el que sacaba mi pluma de insulina para administrarme el bolo a la hora de comer. Establecer una rutina me ayudó en el manejo de la diabetes y en poco tiempo empecé a sentirme más cómoda con todo el asunto de la universidad… menos con un aspecto de la misma.

El alcohol: es un concepto tabú en el mundo de la diabetes, pero ciertamente no es así en los campus universitarios. Antes de empezar la universidad, mis padres y yo sí hablamos sobre beber alcohol y las presiones sociales, pero no tuvimos una plática profunda sobre la diabetes y el consumo de alcohol. La lección principal fue un entendimiento tácito de que la seguridad siempre debe ser mi prioridad número uno.

 

Voy a admitir que entre las distintas actividades en las que participé durante el primer año, la fiesta ocasional en la que había alcohol fue parte del espectro. Una fiesta en particular me viene a la mente porque me enseñó, más de lo que las palabras de mis padres o endocrinólogo hubieran podido hacerlo, lo importante que es la seguridad cuando se trata del consumo de alcohol y la diabetes.

Me aventuré a una fiesta fuera del campus con un grupo de amigos un sábado por la noche. Se trataba de una típica fiesta universitaria: música a todo volumen, una gran cantidad de personas y largas filas para usar el baño de la casa. Durante las primeras horas, la estábamos pasando muy bien conociendo a otras personas y bebiendo un poco. Mientras le daba sorbos a mi bebida, comí algunos nachos, el aperitivo comunal puesto a disposición de los asistentes (¡evidentemente no escatimaron gastos para esta reunión!)

 

Fui tonta y no controlé cuántos nachos me comía o cuánto bebía. Mi instinto me llevó a medir mi nivel de azúcar y descubrí que la tenía alta, mucho más de lo que creía. Empecé a buscar mi pluma Humalog en la bolsa cuando me di cuenta de que nunca la había metido.

 

Esta historia podría haber tenido un final muy distinto, pero me alegra decir que todo terminó bien. Les dije a mis amigos lo que estaba pasando. En lugar de decepcionarse por tener que irse de la fiesta, fueron muy comprensivos e insistieron en acompañarme a casa para que me pudiera tomar mi medicina. Poco tiempo después, estaba en casa administrándome insulina. Una vez que los niveles empezaron a bajar, me acosté y a la mañana siguiente ya tenía los niveles normales.

 

¿Qué fue exactamente lo que aprendí sobre el consumo de alcohol y la diabetes esa noche? Algunas lecciones importantes:

  • Siempre tener a mano todos mis suministros cuando voy a salir y beber uno o dos tragos. Eso significa que a partir de ahí, revisaría tres veces para asegurarme de tener el medidor, la insulina, las tiras reactivas, las tabletas de glucosa y todo lo demás que podría necesitar.
  • Revisar mis niveles de azúcar antes, durante y después de beber para mantener niveles saludables.
  • Poner una alarma o dos antes de acostarme, para despertarme a revisar mis niveles de azúcar.
  • Salir con un grupo de amigos que brinde apoyo. Aunque esa noche entré en pánico por mis niveles de azúcar hiperglucémicos, me consoló la presencia y el apoyo de mis amigos.
  • Rechazar bebidas si no las quiero. Nunca me he sentido presionada para beber, incluso cuando todas las personas que me rodean lo están haciendo. Siempre que me esté divirtiendo, no importa que elija no beber.
  • Investigar el contenido de carbohidratos del alcohol para que sepa cómo representar distintas bebidas. También he hecho mi tarea, así que sé que distintas bebidas alcohólicas afectan mi nivel de azúcar en distinta medida, si es que lo afectan.
  • Evitar las bebidas azucaradas. A menudo no valen la pena, y fácilmente puedo sustituir ciertas opciones por bebidas de dieta o sin azúcar.

 

Aprendí una lección importante esa noche. Desde entonces, beber se ha convertido en una actividad social ocasional para mí a la que ya no le tengo miedo debido a mi preparación y franqueza sobre el tema. Entiendo que el consumo de alcohol y la diabetes parece ser algo aterrador y prohibido, pero esta es la razón por la que es importante hablar al respecto. Hablar el tema con familiares, amigos y con tu equipo de cuidado de la salud puede hacer que te sientas seguro sobre cómo puedes manejar la situación. Ahora puedo brindar con una copa de vino blanco o rojo (mis favoritos) con confianza, sabiendo que es posible disfrutar de manera segura de una bebida alcohólica a pesar de que tengo diabetes.


Revisa la Guía del alcohol y la Tabla del consumo de bebidas alcohólicas y la diabetes de Beyond Type 1 (en inglés).

 

 

 

MOLLY JOHANNES

Molly fue diagnosticada con diabetes tipo 1 en 1997 a los 4 años de edad. En el transcurso de los años, ha usado una combinación de monitor continuo de glucosa Dexacom, pluma de insulina y una rutina diaria de ejercicios para manejar la diabetes. Se graduó con honores en la Universidad de Massachusetts Amherst con un título en inglés en diciembre de 2014. En la universidad, fue presidenta de la división UMass Amherst de la College Diabetes Network (CDN) y sigue involucrada con la CDN nacional como exalumna. Actualmente, trabaja tiempo completo como editora adjunta. En su tiempo libre, Molly disfruta de actividades que involucran leer, ver películas, Harry Potter, el chocolate, el vino, Disney, la cultura general y sus familiares y amigos. Sigue a Molly en Twitter @mj_asweetlife o lee su blog: http://asweetlife.org/author/molly/